Gourmet

El carajillo: al calor de una moda que vuelve

El carajillo es tan nuestro que ha dejado de ser un tópico para convertirse en una referente de nuestros bares. Un carajillo se puede disfrazar de bohemio, intelectual o moderno, pero al final, es lo que es, un compañero de las jornadas de viaje en los días de frio. Por eso se agradece tanto ese primer sorbo, cuando todavía quema un poquito los labios y los aromas del café y el brandy todavía aportan su personalidad por separado.

Técnicamente, el carajillo es un combinado de café con una bebida alcohólica. En general, la parte alcohólica era asumida por el orujo, el ron o el brandy, aunque algunos también han usado el whisky. Evidentemente, cada lugar tiene su propia receta. Una de las grandes diferencias se establece a la hora de flambear o no el brandy. La mayoría no son partidarios, pero lo cierto es que suelen resultar más suaves cuando se queman los excedentes de alcohol.

Las versiones son múltiples. Unos ponen un trozo de canela en rama, otros unos granos de café. Incluso unos trozos de piel de limón. La versión más melosa, posiblemente sea la de México DF, que lo mezcla con licor 43. Cada bar tiene su truco.

Con la última campaña de brandy Magno, parece que el producto se revitaliza. Siropes o especias: todo tiene un hueco en un producto de siempre. Ya no es sólo un momento de tertulia, capaz de unificar un grupo de taxista en su parada del Born, con el grupo más hipster de Malasaña. Ya no son las referencias a Buñuel, el Aviador Dro o Almodóvar. Se intenta algo más, para recuperar ese momento de charla y calor

Respecto al nombre existen varias teorías. La más reconocida se vincula a la época colonial española, cuando en Cuba, los soldados mezclaban en café con ron para estimular su arrojo antes del combate. De aquella bebida, a la que llamaban “corajillo”, se fue evolucionando hacia lo que luego sería el “carajillo”. Incluso algunos dicen que eran los ricos indianos los que pusieron de moda esta bebida en las colonias dando el combinado a sus esclavos para que estuvieran más alegres.

Otra versión vincula esta bebida a la estación de Francia, en Barcelona. Los trabajadores que pedían “un café y una copa” para mezclar decían, después de pedir la bebida, “que ara guillo” (“que me largo”), que daría nombre al apócope, “caraguillo”. Como en Mallorca y las islas Baleares se le conoce como un “rebentat”, desde el atentado de las Torres Gemelas también se le conocen como un “Bin Laden”. Guste o no, las modas pasan, lo auténtico pervive. El carajillo tiene raíces porque es de aquí.


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