Gourmet

niMÚ bistró: una alegre sorpresa en Velázquez

No es la primera vez que defiendo a la calle Velázquez como nueva artería de referencia gastronómica en Madrid, y como la más neoyorquina de las zonas gourmet de la ciudad. La gente es guapa, se cuidan las formas y siempre encontramos alguna novedad agradable. Incluso esas prisas que solo tienen las mujeres, que cuando quieren algo, nos puede “traer” un almuerzo tan agradable, como inesperado.

-Vamos a comer, que tengo hambre…

-¿Dónde?

-Pues aquí mismo, que es muy mono…

Pensado, dicho y hecho… niMÚ bistró es el restaruante del hotel Adler, que bien puede presumir de tener una de las esquinas más “pintonas” de Madrid -Goya con Velazquez- y de demostrar que la calidad de un hotel no se mide ni por el número de habitaciones ni por la altura de la puerta de acceso. Aquí se hacen bien las cosas, con sentido común, y eso se nota.

En niMÚ es necesario ser atendido por Luis Méndez, porque su presencia ya aporta un porcentaje muy elevado del posible disfrute. Luis es uno de esos hombres que sabe estar bien encajado en su traje. Que aconseja, pero no agobia. Que sabe ubicar a cada cliente en su sitio y que hace tiempo que descubrió que la clase no se mide por los brillos, y eso ya vale mucho.

A la mesa, por supuesto que tiene que haber un guiño a los productos leoneses, que el inmueble tiene dueño, y su Morcilla de león con patatas paja y la Ensalada de pimientos del Bierzo son buenos rivales de una Tortilla cuajada con ketchup o su Cazuela de garbanzos con gambas. Ojo, que uno de esos platos puede ser suficiente… Pero si nos animamos con un principal, no estamos para tonterías. Los chipirones con arroz ofrecen la posibilidad de combinarlos con huevos fritos, como hacía aquella cocinera de Luarca que tantas alegrías dio en algunas de las familias bien del barrio cuando vivían en Serrano, o los tacos de atún macerados, que rezuman alegría primaveral.

¿Carne? Pues no se ría, que aquí el escalope es una bendición. Grande, de ternera de Ávila y con un suave rebozado, como mandan los cánones de ese capricho tan difícil de conseguir. Lástima que las prisas por el shopping sean más tentadoras que una siesta en el hotel. 


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