Gourmet

Yakitoro: Chicote da de comer a todos

El cocinero más polémico de la televisión defiende su terreno en los fogones, dando una lección de buen gusto y -sobre todo- de buena cocina. Chicote sabe lo que hace y esto queda demostrado en su restaurante de influencia nipona y española, Yakitoro. Situado en el barrio de Chueca, en pleno centro de un caluroso Madrid que en agosto nos permite descubrir nuevos placeres gastronómicos.

El barrio de Chueca es el emplazamiento idóneo para instalar un restaurante de éxito a un precio económico, ideado para todos los bolsillos. Eso es lo que ha decidido hacer el visionario Alberto Chicote con Yakitoro, situado en la Calle de la Reina. Este local se define por su impecable decoración, que viene de la mano del estudio Picado de Blas, del que ya hablamos anteriormente.

Las imponentes mesas de madera se organizan en torno a la visible cocina del centro del local y sus robustas aunque sorprendentemente cómodas sillas dan mucho de qué hablar. Un mobiliario diseñado especialmente para Yakitoro, donde destaca la originalidad del espacio central de la mesa, en el que se esconden unas estéticas cubiteras. La acústica del lugar también está perfectamente pensada y acondicionada: las placas del techo, que a priori pasan solamente por un elemento más de decoración, evitan cargar el establecimiento de barullo innecesario.

Un estilo muy personal

El local está repleto de pequeños guiños que reflejan la personalidad del chef. Por ejemplo, las numerosas macetas firmadas con buenas vibraciones o un Darth Vader que vigila atentamente desde la cristalera. Esto aporta el toque personal perfecto, alejándolo de los diseños sobrios y chics que se espera de los restaurantes de los cocineros más reconocidos. Todo está cuidado al detalle, y no se limita solamente a la decoración. La vestimenta de los camareros es una muestra de ello, no pasan desapercibidos. Con un total look de aviador, los camareros van ataviados con un mono color kaki diseñado por una atrevida modista.

Todo el staff ejerce una impecable labor, desde la encargada Ewa hasta los cocineros y camareros. Para los más novatos, van explicando paso por paso cómo funciona y las recomendaciones prometen no defraudar a nadie. Un curioso juego de olores y sabores que se suceden delante de nuestros ojos y papilas. No se puede negar que el atún rojo sobre pan con salmorejo y el pollo frito crujiente con salsa agridulce cañí fueron una sabia elección. Tampoco los dados de berenjenas en tempura con miso rojo y pimentón pasaron desapercibidos. Aunque las entrecostillas de buey wagyu lacadas a la brasa con las patatas fritas en tempura como acompañante resultaron las claras vencedoras de la noche, con una sabrosa carne que prácticamente se derretía en la boca. 


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