Estilo

El estilo de Angela Merkel, una cuestión de Estado

En su último mensaje de año nuevo, la canciller alemana, Angela Merkel, instó a sus conciudadanos a ser osados. “Me atrevo” debería ser la frase que guiara a los germanos en 2014, según dijo la canciller. Esas palabras, viniendo de alguien con una brillante y festiva chaqueta de color dorado, parecían servir para aquello de predicar dando ejemplo, al menos en lo estilístico. Pese a que su mensaje se prestara a dicha interpretación, en realidad, la ropa para Merkel siempre ha sido sinónimo de sobriedad. Pero eso no la exime de haber cometido algún que otro desliz.

Angela Merkel tiene su propio uniforme. Se lo exige su imagen pública, que interesa tanto como sus posturas políticas, especialmente después de convertirse en la mujer “más poderosa del mundo”, según los términos de la revista estadounidense Forbes. Para esa publicación ya es tradición situar a la canciller alemana en lo más alto de su ranking de mujeres poderosas, como también resulta más que habitual en la vestimenta de la jefa del Gobierno germano la chaqueta de tres botones y los pantalones.

En su austeridad estilística, Merkel goza, en realidad, de cierto margen de maniobra a la hora de lucir sus dos prendas predilectas.

El armario de Merkel tiene aparentemente menos fondo que el de otras mujeres poderosas, como puede ser la francesa Christine Lagarde, directora gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI) y cuyo nombre ha figurado no hace mucho en la lista de personajes públicos mejor vestidos de la también publicación estadounidense Vanity Fair. Sin embargo, la seriedad que destila la exclusiva elegancia de Lagarde es también una cualidad que transmite el estilo sobrio de Merkel.

En su austeridad estilística, Merkel goza, en realidad, de cierto margen de maniobra a la hora de lucir sus dos prendas predilectas. No son infinitas las opciones que ofrece el armario de la canciller, pero al menos sólo ha repetido vistiendo la misma chaqueta muy de vez en cuando. A muchos ha llamado la atención que esto ocurra. Hay, de hecho, una broma típica germana sobre la cuestión: “¿Sabes que hace Angela Merkel con su ropa vieja? Se la pone”. Pero que Merkel repita vestimenta sólo invita a pensar que la jefa del Gobierno alemán tiene otras cosas más importantes con las que lidiar desde primera hora del día.

El ‘no’ de Lagerfeld

En gran medida es responsable del estilo de Merkel la diseñadora afincada en Hamburgo Bettina Schoenbach. De su sabiduría echó mano la otrora lideresa cristianodemócrata que Helmut Kohl apodara laniña antes de convertirse en canciller por primera vez 2005. “Encontrar algo ideal para llevar nunca es fácil”, pero “Merkel encontró su estilo con mi ayuda y estoy orgullosa de ello”, ha señalado Schoenbach, cuyo criterio para vestir a la canciller está lejos de generar unanimidad entre modistos. Prueba de ello es que su compatriota afincado en París, Karl Lagerfeld, se haya referido con un parco “OK” al estilo de la canciller.

Es más, el octogenario máximo responsable de los diseños de Chanel llegó a criticar uno de los modelos con los que Merkel se dejó fotografiar junto al presidente estadounidense Barack Obama el año pasado. “La señora Merkel debería vestir ropa hecha a medida”, comentó Lagerfeld a la revista germana Focus después de que el pasado mes de junio la canciller llevara unos pantalones notablemente anchos y largos durante un encuentro en Berlín con el jefe de Estado norteamericano. Para el diseñador germano, en aquella ocasión, “los pantalones eran demasiado largos”, mientras que el resto de la ropa guardaba, según él, “malas proporciones”.

Garantía de victoria

Aunque haya podido defraudar a Lagerfeld (y a expertos como los que se pronunciaban no hace mucho sobre la mejorable imagen de Merkel en la centenaria revista femenina especializada en moda Harper’s Bazaar), lo cierto es que la canciller está muy lejos de haber caído en desgracia para sus electores. En este contexto, los politólogos no dudan al afirmar que ella fue la principal responsable de la clara victoria de su partido, la Unión Cristiano Demócrata (CDU), en las pasadas elecciones generales de septiembre. Su imagen difícilmente puede ser mejor de cara a los votantes.

La propia canciller Merkel no se ha amilanado defendiendo su modo de vestir.

Además, cuando ha hecho falta, Merkel no se ha amilanado defendiendo su modo de vestir. Así ocurrió después de que la canciller enseñara lo que llamó con maldad el diario amarillista británico Daily Mail  sus “armas de distracción masiva”. Se refirió así ese diario al impresionante escote del vestido de noche que lució Merkel en la inauguración de la nueva Opera de Oslo en abril de 2008. Aquel canalillo fue en su momento de lo más comentado. La creadora Anna von Griesham, que diseñó la prenda, instó a Merkel a ser una “princesa” aquella noche, según explicó la modista. La canciller, por su parte, puso de relieve que no “habría habido tal debate con un hombre” al frente del Ejecutivo alemán. Thomas Steg, portavoz de la canciller por aquel entonces, hilo aún más fino: “¿Qué puede hacer uno cuando el mundo no tiene otra cosa más importante que hacer que hablar sobre un traje de noche?”.


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