Estilo

¿El mundo de la moda se ha vuelto definitivamente loco?

John Galliano volvía ayer a la primera línea de la moda entre vítores y algarabías de sus incondicionales. Y lo hacía como nuevo director creativo de Maison Martin Margiela, posiblemente el único puesto que nunca hubiera imaginado el diseñador gibraltareño. Atrás quedaban sus adicciones, sus declaraciones antisemitas y sus polémicas judiciales. Pero, ¿qué podemos esperar de esta nueva etapa?

Todo con la marca, pero sin la marca. Esta parece ser la máxima que inspira el baile de sillas a que asistimos en el mundo de la moda. Mientras las cadenas low cost tratan de 'inspirarse' en las tendencias que se marcan desde las pasarelas, pero a precios mucho más asequibles, las grandes casas continúan con sus eternos dilemas a la hora de buscar una mente pensante capaz de reflotar el negocio. Poco importa si desaparecen las señas de identidad que han caracterizado a las marcas, o si sus nuevas propuestas parecen sacadas, directamente, de un imaginario baúl de los recuerdos, en un intento de 'volver al espíritu original', todo vale con tal de vender. ¿O es que a nadie le parece extraño que un símbolo de lujo y glamour acabe vendiendo vaqueros rotos a precio de oro? Pero no se preocupen. Las clientas compran, y lo hacen por ser Dior, Chanel o Saint Laurent. Compran la marca, el estatus que conlleva, y les importa poco el acabado final del producto. O eso quieren pensar desde los consejos directivos.

El último baile ha sido el protagonizado por John Galliano. El diseñador recuperaba su trono entre los grandes de la moda gracias al fichaje de Maison Martin Margiela, que lo convertía en su nuevo director creativo. Parece que Galliano ya ha pasado su penitencia. Durante los últimos cuatro años, el diseñador ha permanecido alejado de la moda y de la opinión pública, tratando de borrar aquellas declaraciones donde un Galliano visiblemente perjudicado que no escatimaba comentarios antisemitas a una pareja.

La polémica le hizo salir propulsado de Dior y de su propia marca, condenándolo a un ostracismo que no se atrevió a romper hasta hace poco tiempo -fue el encargado de confeccionar el vestido de novia de su íntima amiga, la modelo Kate Moss-. Pero, el ritmo de la sociedad actual, que olvida con mucha facilidad, ha dictaminado que ya era hora de volver. No a Dior, claro -con quien mantiene un largo y sustancioso litigio judicial-, pero sí a Margiela.

Galliano será la cara visible de Margiela

Cualquiera que conozca un poco el pasado de Maison Martin Margiela se dará cuenta de la locura que esto supone -y entendamos 'locura' como algo increíble pero no necesariamente malo-. De un diseñador que permanecía en un discreto segundo plano, evitando que se le fotografiara y no saliendo a saludar en sus desfiles, pasamos a otro al que no le puede gustar más una cámara. Dos conceptos de entender la moda, la creación y la industria contrapuestos y unidos, ahora, bajo un mismo nombre. ¿Es esto malo? No necesariamente. Mucho hemos visto ya como para llevarnos las manos a la cabeza por este movimiento. En Chanel, Dior y, sobre todo, Saint Laurent, no queda prácticamente nada de sus creadores. Sus directores creativos se encargan, de vez en cuando, de rescatar algunas de los símbolos clásicos de la casa -ya sea por voluntad propia o por imposición de los inversores-, pero nada que no haga revolverse en su tumba a los que fundadores de las marcas.

Los responsables del holding al que pertenece Maison Martin Margiela han conseguido lo que buscaban: que todos los medios se hagan eco de la noticia, que se vuelva a hablar de la marca y que se genere una gran expectativa de cara a la presentación de enero. El público tiene ganas de Galliano, sea donde sea, diseñe para quien diseñe.

¿Esto supondrá la desaparición de Margiela como tal? Posiblemente. ¿Es una consecuencia inevitable de los tiempos? También. ¿Debemos sentirnos tristes por eso? Desde luego que no. Si alguien quiere -y puede- costearse un Margiela, un Chanel o un Dior, que recurra a los coleccionistas y al vintage. Para todo lo demás, que permanezca atento a los desfiles de temporada. ¿O es que queda algo original en todo lo que vestimos?


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