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El buchón y el palomo de clase: los ‘top models’ de las palomas

El palomo de clase y los buchones son razas de paloma realmente especiales. Son los ‘megamachos’ palomos, razas irresistibles para las hembras que lo dejan todo de lado para abandonarse en las alas de estos tremendos guaperas. Son los galanes de las palomas.

Especímenes del palomar de José Carreño.
Especímenes del palomar de José Carreño.

El palomo doméstico, hoy tan odiado y conocido como la “rata del aire”, disfrutó durante muchos siglos de mucha mejor fama y consideración. Hasta la utilización masiva de fertilizantes químicos en el siglo XX, los palomares eran un recurso fundamental para la fertilización de los campos y el consumo de su carne era tan habitual como lo es hoy el pollo de granja.

Existen en el mundo cientos de razas de paloma, que ahora se utilizan casi exclusivamente como animales de exhibición y compañía. Ya ni siquiera existe en España el palomar del Ejército, que confiaría a este animalito las comunicaciones militares en caso de apagón tecnológico.

Dentro del maremágnum de razas de palomas, existe un grupo de algo más de una docena que está especializado en el noble arte del galanteo. Los buchones y palomos de clase son unas razas tan deseables para los ojos de las palomas, están tan buenas, que son capaces de conquistar a otras palomitas para que abandonen su hogar y sigan al galán hasta su palomar.

Muy calientes y muy duros

Esta habilidad, que más de uno desearía poseer, se basa en dos características del palomo: debe ser muy caliente y me refiero a lo que están pensando y también tiene que ser muy duro, esto es que tenga mucha querencia a su palomar. Vamos, macho total.

Estos palomos, mal llamados también ladinos y ladrones, son capaces de conquistar a sus palomitas tanto en vuelo como en el suelo, exhibiendo su imponente estructura y convenciendo con arrullos, bailes y restregones a las chicas para que vengan a casa, a tomar “la última”.

Y digo mal llamados ladinos y ladrones, pues esta habilidad que hasta ahora parecía inocente y divertida, era aprovechada por los palomeros, los que si eran ladinos y ladrones, para obtener así de manera ilícita algo de proteína para la cazuela. En plata: la bobina que traía el supermachote iba directamente a la cazuela y no al catre.

Adiestramiento y viudedad

La técnica para “adiestrar” a los palomos es también bastante curiosa. Para trabajar la dureza del palomo, esto es, la querencia del machote a volver a casa, se le deja criar con una paloma durante al menos una puesta en nuestro palomar. Después, se le enviuda y el palomo, que es muy caliente, enseguida quiere buscar una paloma para que le caliente el nido. Lo que no sabe es que el palomero se va a comer todas las palomitas que vengan a fundar una familia. Típica conducta de psicópata asesino de cualquier serie televisiva.

Aunque es más difícil, también las hembras son capaces de traer incautos palomos al palomar, a lo que se llama hembreo, aunque es también muy fácil que nos salga el tiro por la culata y la que no vuelva sea ella, pues las hembras son mas “blandas”.

Los palomos buchones tienen unas características morfológicas muy llamativas y es que independientemente de su color o capa, su buche está hiperdesarrollado, lo que le permite un canto más grave y poderoso que conquista a las muchachas. Los palomos de clase, en cambio, basan su seducción en un vuelo rápido y elegante, careciendo del buche engrosado.

Andaluces universales

La mayoría de las razas de buchones y palomos de clase son andaluzas, como el buchón jienense, buchón granadino, laudino sevillano, marchenero, colitejo… Hoy en día esta es una especial afición dentro de la colombofilia que ha sido exportada fuera de nuestras fronteras, hasta Cuba, Miami, Francia, Canadá y Marruecos. Las malas lenguas apuntan a que hay líneas muy cotizadas que han llegado a venderse por hasta 4.000 euros, aunque un precio “asequible” podría estar entre 200 y 400 euros.

Hay varias teorías que sugieren que estas razas de palomos fueron inventadas por algunos monjes franciscanos. No se puede afirmar con total seguridad, aunque lo que sí que es cierto es que sus orígenes estuvieron en los palomares más humildes, donde había falta de alimento, por lo que llegaron a estar prohibidos en las normas de la ciudad de Sevilla a comienzos del siglo XII. Y es que robar, aunque sea palomas, está muy mal visto.


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