Destinos

Atropellos en carretera: injustos sacrificios a la insaciable diosa comodidad

Algo duro que se mueve a gran velocidad se cruza en el camino de algo blando que lo hacía lentamente. Todos los atropellos consisten en este tipo de fatal intersección. A no confundir, por supuesto, con cualquiera de las modalidades de colisión entre objetos más o menos semejantes. Lo que apenas suscita duda es que demasiadas veces, tras el impacto lo lento y blando deja de serlo para siempre. De ahí la discordancia verbal que voluntariamente he incluido en el arranque de este primer párrafo. Es más, se puede afirmar que casi toda la leve lentitud de este mundo, con la decencia a la cabeza, ha sido atropellada.

Una agente de tráfico detiene la circulación para permitir el paso de un grupo de cerdos en una carretera estadounidense (Gtresonline).
Una agente de tráfico detiene la circulación para permitir el paso de un grupo de cerdos en una carretera estadounidense (Gtresonline).

Se trata de uno más de los daños colaterales y asesinos de la desigualdad. Lo muy rápido mata a lo que necesita o prefiere no inmolarse en el altar de la prisa. Éste en el que incesantemente se ofician sacrificios humanos y animales a la insaciable diosa comodidad.

Ya mencioné de pasada, en una anterior entrega vinculada a la caza, que no menos de ocho millones de vertebrados morían atropellados en nuestras carreteras todos los años. En realidad este dato se queda en bien poco si ampliamos la referencia territorial y sumamos los otros muchos vivos que caen por culpa de querer también desplazarse, como nosotros, de un lugar a otro del globo.

En fin, que lo que traslada a los seres humanos se lleva la vivacidad en demasiadas partes y casi sin pausa. En cualquier caso, justifico el tema que ahora mismo nos ocupa porque han pasado demasiado inadvertidas dos noticias recientes relacionadas con este tema. Me refiero a que se está estudiando -y seguramente saldrá adelante- la exención de cualquier responsabilidad a los propietarios o arrendatarios de cotos en el caso de que un animal sea atropellado y cause desperfectos -o cualquier otro daño- en vehículos o conductores de los mismos. No es cuestión fácil. Cierto es que poco o nada se puede hacer si no se valla un terreno, pero las vallas son también otro despropósito ambiental cuando no es necesario como modo de protección. Una vez más, estamos ante una de las imposiciones del lobby de los cazadores.

Igual de tremenda, en cualquier caso, es la otra noticia: la estimación de que unos 200 millones de personas morirán atropelladas en las carreteras del mundo a lo largo de los próximos decenios por causa del incremento de los automóviles y carreteras en los países emergentes. A sumar a los otros tantos atropellos que ya han acaecido desde el advenimiento del transporte en vehículos a motor.

Gracias y que la vida te atalante en lugar de atropellarte… pero concretemos en lo que sucede en nuestras vías de comunicación más utilizadas.


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