Cultura

The Excitements: raíz catalana, alma negra

Amar una música por encima de todo, independientemente del grado de actualidad que disfrute, lanzarse a ella a tumba abierta y recorrer media Europa en festivales y salas de Francia, Bélgica, Holanda, Italia, Suiza, Alemania y el Reino Unido es un sueño casi inalcanzable. Pero no para gente que cree en ello, como los barceloneses The Excitements.

La banda de Barcelona ha publicado recientemente su segundo disco, Sometimes too much ain’t enough, y ha vuelto a recibir un aluvión de excelentes críticas, no solo en nuestro país, sino en revistas especializadas extranjeras. Porque es fuera de nuestras fronteras donde hasta el momento más veces han paseado esas canciones de pura raíz asentada en el rhythm & blues con sentido orquestal y con puro sonido soul. De nuevo producido por el músico y productor Mike Mariconda, antiguo miembro de bandas como The Raunch Hands o The Devil Dogs, cabeza visible de muchos trabajos del mítico sello Crypt y hoy asentado en Gijón, que consigue una vez más un sonido directo, orgánico, lleno de vida y a la vez nostalgia por un pasado que ya fue pero que hoy está más vivo que nunca.

Una banda de carretera

The Excitements nacieron en 2010 y desde entonces no han parado de actuar allá donde han podido y de incrementar su fama de grupo caluroso y sudoroso. Dirigido por el guitarrista Adriá Gual y el bajista Daniel Segura, es hoy una maquinaria perfectamente engrasada que, eternamente embitudos en elegantes trajes de corte retro, incluye al guitarrista Lalo López, al batería Marc Benaiges y a los saxofonistas Marc Lloret y Nicolás RodríguezJaúregi. Y destacando al frente de las voces y del baile escénico, la arrebatadora Koko-Jean Davis, nacida en Mozambique, residente en Barcelona y una auténtica leona de corazón negro que pareciera un cruce emocional entre Tina Tuner y Sharon Jones. Ella sola es capaz de agitar a las masas y convertir las plateas frente a las que actúan en imparables pistas de baile.

Con una propuesta de canciones originales, frente a las versiones de su anterior trabajo, el disco exuda r&b, soul, gospel, blues y todos aquellos sonidos que puedan remitir a la eterna discográfica Stax, a Aretha Franklin, James Brown, Etta James o Rufus Thomas. Una banda que parece directamente sacada de los clubes y garitos donde a finales de los 50 y principios de los 60 se ponían los fundamentos del baile basado en el corazón.

Una nueva alegría que certifica el excelente momento del panorama soul del país, con categoría más que suficiente para competir con el de fuera y que, a ser posible, debe ser escuchado en directo para asumir todo su potencial y crudeza. Recomendación más que encarecida.


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