Cultura

Prince, la continua sorpresa del indomable

Pocos artistas ha habido en la historia de la música con la capacidad camaleónica de reinventarse una y otra vez y al mismo tiempo mantener una imagen coherente sobre quién es y cuál es el legado que está buscando dejar para la posteridad. Cierto que en más de una ocasión ha desconcertado a sus seguidores, pero todos tenemos una idea más o menos establecida sobre la imagen y la música de Prince.

En estas últimas semanas ha vuelto a ser noticia  como cíclicamente viene siéndolo prácticamente desde sus inicios. Por un lado, la sorprendente y descacharrante portada de su nuevo single, Breakfast can wait. En un estilo intencionadamente cutre, utiliza la imagen del cómico americano Dave Chapelle caracterizado como el propio Prince. Por otro lado, en primavera comenzó una serie de actuaciones en Estados Unidos que ha extendido últimamente a Europa. No es una gira en sí misma, aunque lleva el nombre de Live Out Loud Tour; no son actuaciones programadas anticipadamente, sino que pareciera que anda presentándose de manera sorpresiva en diversos escenarios de Suecia, Dinamarca, Holanda, Portugal e Inglaterra, hasta el momento. Acompañado de 3rdeyegirl, un grupo de chicas formado por Donna Grantis, Hannah Ford e Ida Neilsen, dicen las crónicas, y atestiguan los vídeos que se pueden encontrar, que su estado de forma es excelente.

Pero es que desde principios de año lleva anunciando actividad musical. Adelantó una nueva canción, Screwdriver, anunció un acuerdo con una nueva distribuidora discográfica para su música, y ha publicado alguna canción más, Fixurlifeup y Groovy Potential, exclusivamente a través de plataformas digitales. Y anuncia nuevo disco, Plectrum Electrum. Y por si fuera poco, ha estrenado con 3rdeyegirl su cuenta de Twitter, causando gran revuelo en la red.

Espíritu indomable

Pero siempre ha sido Prince un espíritu indomable. Continuador de una tradición que por R&B entiende toda aquella música que tiene una raíz negra, ha caminado al filo del funk, del soul, del blues, del pop, del rock, del jazz, de la psicodelia, de la música más estandarizada, pero en cada palo con una personalidad arrolladora y su genial toque de guitarra. Ha creado alguno de los discos más provocativos y lascivos de los últimos años, Dirty mind, ha tenido éxitos indiscutibles que lo convirtieron en estrella de fama mundial, Purple rain... aunque también se ha pegado batacazos importantes.

Pero nada ha amedrentado a una personalidad única, capaz de enfrentarse a la industria, de editar y publicar por su cuenta, de estrenar discos regalándolos a través de suplementos dominicales de periódicos o de cambiar legalmente su nombre por un símbolo, obligando a los medios a referirse a él como 'el artista anteriormente llamado Prince'.

Ahora que podemos llamarle de nuevo por su nombre, no deja de ser una caja de sorpresas.


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