OPINIÓN

Envejecer

Este fin de semana el PSC dejó que los militantes eligieran quién debe capitanear el apéndice del PSOE en Cataluña. Unas elecciones primarias que, entre tanto alboroto, vagaron casi de puntillas entre la actualidad política.

Miquel Iceta vota en las primarias del PSC.
Miquel Iceta vota en las primarias del PSC. EFE

Hay algo que siempre nos perturbará como humanos y, a la vez, nos condiciona como tal: la longevidad. Tenemos una batalla, digamos irracional, por curarnos de la muerte. Es con los primeros surcos en el rostro y en las manos cuando avistamos los peligros que encarna el tiempo. Tu piel se va plegando con los años y, como un cartógrafo, a medir por la profundidad de las arrugas adivinas con qué firmeza fuiste pronunciando cada una de tus decisiones. Este frunce del labio por ese no, de esta muesca nació aquello otro. Pero así, por nuestras arrugas y no por nuestra tersura, sabrás cómo de flexibles fuimos en cada una de nuestras conquistas y nuestros fracasos. Y de este modo, todas esas líneas confluyen en un senil elegante.

Este 17 de octubre se recordó en los medios que han pasado treinta años desde que se asignara à la ville de Barcelona como sede para los Juegos Olímpicos

Este 17 de octubre se recordó en los medios que han pasado treinta años desde que se asignara à la ville de Barcelona como sede para los Juegos Olímpicos. La ciudad se situó de nuevo en el mapa, se proyectaría así internacionalmente. Empezó por girarse hacia el mar que asoma a Europa e injertarse, como quien recurre a una prótesis para equilibrar su cuerpo, la línea de costa que durante años abandonó. No solo el litoral, el paisaje urbanístico se transformó casi por completo. Los barceloneses recuperaron la ciudad cosmopolita que fue a principios del siglo XX y que nunca debieron descuidar. El éxito de la merecida victoria se le atribuyó a los socialistas Narcís Serra y Pasqual Maragall, los alcaldes artífices del logro. Muchos barceloneses recuerdan con una alegría algo nostálgica la elección de Barcelona para tal evento.

Puestos a recordar, el PSC esos años estaba instalado cómodamente en el éxito y, quizá, no reparaba en el porvenir. No era un partido precisamente joven, ya peinaba canas. Pero las canas, ya se sabe, no son síntoma (solo) de vejez. No sería hasta más o menos después del cúlmen, al tomar la Generalitat, que el sosiego descendería hasta situaciones cada vez más críticas. Fue ahí donde empezaron a aflorar las diferencias y a desperdigarse el socialismo catalán. Unas expectativas excesivamente optimistas al mandar en los organismos catalanes (tres de las cuatro principales alcaldías y la Generalitat) les nubló. Coincide, probablemente, con la marcha de Maragall que desde entonces el partido no ha dado con un líder del que todos sus votantes históricos se sientan representados.

El PSC esos años estaba instalado cómodamente en el éxito y, quizá, no reparaba en el porvenir

Este fin de semana el partido dejó que los militantes eligieran quién debe capitanear el apéndice del PSOE en Cataluña. Unas elecciones primarias que, entre tanto alboroto, vagaron casi de puntillas entre la actualidad política. La primera secretaría del partido se disputaba entre dos candidatos: o reelegir al ya primer secretario, Miquel Iceta, o apostar por la alcaldesa de Santa Coloma de Gramanet, Núria Parlon. La militancia eligió la experiencia de Iceta. Y creo que fue por la experiencia, puesto que no había diferencias ideológicas entre los candidatos (los dos se postulan ante un no a la investidura de Rajoy). Aun así, en una oportunidad de dar un papel de peso en el partido a Parlon, mujer, joven y con proyección política, volvieron a escoger a Iceta. Y por eso, creo, que pesó la veteranía del político.

Pero, quizá, no sé, eso solo sea una aparente veteranía. Uno no se da cuenta que envejece hasta que no advierte jóvenes a su alrededor. Las arrugas, tan bellas, son un catálogo de los años pasados. En el trazo de ellas, uno encontrará la vitalidad que rezumaba en sus años tempranos y la resistencia con la que capeó con brío los tropiezos. Qué sé yo, desde la pantalla quizá aprecie la piel de Iceta demasiado tersa. O aún es pronto para atisbar unos pliegues que dibujen refinadamente a Parlon. O quizá es el partido, que no es capaz de lucir seductor las arrugas que le marcaron en el pasado, que no veo yo indicios que el PSC esté envejeciendo con la elegancia que se presentía en su años triunfantes.


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