Economía

El BCE incrementa su supervisión: prepara un informe de Ana Botín, FG y Fainé para antes del verano

El Mecanismo Único de Supervisión (MUS) está preparando un informe sobre el gobierno corporativo de todas 128 las entidades que quedan bajo su supervisión, que destapará si presidentes, consejeros delegados, además del resto de integrantes del comité de dirección de las entidades, cuentan con la formación adecuada. Además, el BCE quiere calibrar si los componentes del comité de dirección de las entidades cuentan con el suficiente nivel de profesionalización para que no se repitan las malas prácticas del pasado.

Ana Patricia Botín, presidenta del Banco Santander.
Ana Patricia Botín, presidenta del Banco Santander.

Primero fueron los números. La salud del balance. Una exigente auditoría para conocer que no había gato por liebre en los estados financieros de los bancos que comenzaría a supervisar. Tras ese primer pasado, cerrado en el otoño del pasado año, el Banco Central Europeo (BCE) se ha centrado en conocer en profundidad la capacidad de los gestores de las entidades. Ahora tocan las personas. Para ello, el Mecanismo Único de Supervisión (MUS) está preparando un informe sobre el gobierno corporativo de todas 128 las entidades que quedan bajo su supervisión, que destapará si presidentes, consejeros delegados, además del resto de integrantes del comité de dirección de las entidades, cuentan con la formación adecuada.

El Consejo de Gobierno del BCE debe contar con las conclusiones de este trabajo a finales del próximo junio, según confirman fuentes del sector. Para ello, la nueva policía bancaria comenzó a finales del pasado marzo una doble vía de supervisión. En primer lugar, a través de los equipos de supervisión designados para cada entidad, el BCE ha comenzado una “supervisión silenciosa”, con presencia pero sin voz. Estos inspectores asisten, desde hace semanas, a las reuniones de los comités de riesgos y auditoría de la mayoría de las entidades españolas. Quieren conocer de primera mano los niveles de scoring en la concesión de créditos, las proyecciones de crecimiento del activo y del pasivo, además de los planes de crecimiento de la rentabilidad en los próximos 3 a 5 años.

Las entidades han encajado bien esta presencia constante en las reuniones de estas comisiones. Sin embargo, algunas de ellas, se quejan de que el BCE no participe, ni corrija, en los planes futuros que se están desarrollando en la actualidad. “Lo normal sería que hicieran comentarios si detectan alguna anomalía, más que nada porque esos mismos equipos serán los encargados de criticar en el futuro alguno de los planes que ahora estamos elaborando delante de sus ojos. Pero en la práctica no efectúan ninguna indicación. Actúan según la pauta del ver, oír y callar”, explican desde una entidad que tiene empotrados a los hombres del BCE en sus comisiones de riesgos y auditoría. Como parte de esta ‘supervisión silenciosa’, los responsables de cada equipo de supervisión tienen la potestad de acudir a las reuniones del consejo de administración de sus respectivas entidades. Sin embargo, esta posibilidad no se llevará finalmente a cabo en gran parte de los bancos españoles.

Si pasarán por el examen del BCE los jefes de la banca española. Ana Patricia Botín, Francisco González, Isidro Fainé, José Ignacio Goirigolzarri, Ángel Ron o Josep Oliu serán entrevistados por los inspectores del BCE. En algunos casos, tendrán que desplazarse a la sede de la institución que preside Mario Draghi, en Francfort, para completar esta entrevista. Pero no sólo los presidentes tendrán que pasar esta prueba, también la mayoría de consejeros delegados, además de consejeros coordinadores (en aquellas entidades que cuenten con esta figura), o responsables de la comisión consultiva de riesgos o auditorías.

En la práctica, el BCE quiere calibrar si los componentes del comité de dirección de las entidades cuentan con el suficiente nivel de profesionalización para que no se repitan las malas prácticas del pasado que, en España, han llevado a la desaparición de las antiguas cajas de ahorros. De hecho, el supervisor europeo quiere que los consejeros de las entidades asuman responsabilidades en caso de que una entidad quiebre, tenga que recibir ayudas públicas para su reestructuración como consecuencia de una inadecuada política de riesgos.

Férrea labor de inspección

En paralelo a esta labor de inspección, los hombres del BCE también han iniciado un trabajo más enfocado a la inspección de las entidades. Fruto de este férreo control se mantienen reuniones periódicas con perfiles más técnicos de las entidades. “Quieren ver si lo que planteas en los presupuestos se materializa realmente en los ‘reporting’ semanales y mensuales”, explican desde otra importante entidad.

En este caso, las reuniones, de carácter trimestral, se mantienen entre los directores financieros, interventores, directores de particulares y de empresas con los técnicos del BCE. Sin embargo, por debajo de esta línea directiva, los encuentros entre el nuevo supervisor son permanentes. En algunos casos, con encuentros semanales. “La supervisión del Banco Central Europeo supone un cambio radical sobre la que existía hasta ahora”, aseguraba hace algunas semanas un CEO del G6 bancario. No le faltaba razón.


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