Economía

La Cataluña feliz según el Cercle Català de Negocis: fuera de España crecería al 5%, muy por encima de la UE

El nuevo Estado catalán lograría rápidamente la mejores calificaciones crediticias y exhibiría una prima de riesgo de 140 puntos, muy por debajo de los 517 que asigna a España. El presidente de la Generalitat, Artur Mas, utiliza estas cifras de la asociación empresarial para justificar que rebajará los impuestos y subirá las pensiones. 

Artur Mas, al inicio del último acto de la campaña electoral.
Artur Mas, al inicio del último acto de la campaña electoral. EFE

Cataluña ya tiene sus presupuestos hechos para cuando sea independiente. El Cercle Català de Negocis, un organismo creado en 2008 con el subtítulo de “Empresaris per l’Estat propi”, ha confeccionado las cuentas a partir de las de la Generalitat de 2012 “para demostrar la viabilidad del Estado Catalán”.

Éstos son los cálculos que el propio Artur Mas ha utilizado para justificar que el nuevo Estado será capaz de rebajar los impuestos y subir las pensiones.

De acuerdo con los cálculos del Cercle, fuera de España la economía catalana registraría a partir de 2015 tasas de crecimiento anuales que rondarían entre el 4 y el 5 por ciento, unos ritmos muy superiores a los previstos para la media de la UE y la OCDE, que oscilan entre el 0,9 y el 2,2 por ciento.

A su vez, este crecimiento permitiría reducir el déficit presupuestario y, por lo tanto, elevar la inversión y el número de funcionarios, lo que rebajaría el paro a la mitad. Y así evidentemente se cerraría el actual déficit catalán en las pensiones por valor de 1.370 millones, hasta el punto de disfrutar de un superávit de 1.500 millones en 2017 e incluso constituir con los excedentes para esa fecha un Fondo de Reserva de 9.000 millones, algo impensable según las proyecciones demográficas de todos los organismos internacionales.

El déficit público se situaría en el 5 por ciento en 2014 porque, según el Cercle, “se reducirían impuestos y se aumentarían las pensiones”.

El nuevo presupuesto se elevaría desde los 29.727 millones que gestiona en 2012 como comunidad hasta los 67.000 millones de los que dispondría como Estado en 2013 y los 76.000 millones en 2017.

Al disponer de más renta, aumentaría el consumo. El Cercle pone como ejemplos que por cada punto más de renta se elevaría el gasto en alimentación un 0,8 por ciento y el desembolso en automóviles un 1,2 por ciento.

En opinión del Cercle, el efecto de un boicot comercial sería elevado el primer año; moderado el segundo y residual los posteriores. Y eso se traduciría en una caída de la recaudación para la Generalitat por IVA del 4 por ciento, 2,5 por ciento y 1 por ciento, respectivamente. Sin embargo, todo ello se vería compensado por la supresión del déficit fiscal, lo que incrementaría los ingresos hasta en un 8 por ciento.

No obstante, según el catedrático de Economía Aplicada Donato Fernández Navarrete en un artículo para el Instituto de Estudios Económicos, estos números enmascaran que en la actualidad la recaudación en Cataluña se ha desplomado y, sin acceso a los mercados, el presupuesto catalán no podría superar los 48.000 millones, un 28 por ciento por debajo de los previsto por el Cercle para 2013.

Además, numerosos estudios brindan cifras de caídas del comercio y, por tanto, del PIB y los ingresos mucho mayores. De hecho, el estudio del Cercle tampoco tiene en cuenta el impacto de la independencia sobre las inversiones. La incertidumbre las paralizaría y, en algunos casos, provocaría importantes deslocalizaciones.         

Por supuesto, el nuevo Estado contaría sólo con 97.000 millones de deuda, un 80 por ciento del PIB, por debajo de la media europea.

Sin embargo, tal proyección se antoja impensable si se atiende a que la Comunidad ahora mismo ya acumula 40.000 millones y debería anotarse también su parte de la deuda española bien en proporción al PIB (alcanzaría los 140.000 millones) o de acuerdo a la población (sumaría los 120.000 millones).

En cualquier caso, la ratio de deuda/PIB superaría el 120 por ciento del PIB, unas cotas donde saltan todas las alarmas. Y a ello habría que añadirle la deuda de las familias y empresas no financieras, que rebasa los 380.000 millones.

Pese a semejantes guarismos, el Cercle sostiene que la nueva Cataluña se granjearía rápidamente las mejores calificaciones crediticias, las Doble A y Triple A. Su prima de riesgo se estabilizaría en los 140 puntos de diferencia sobre la alemana, bastante mejor que la española, que según las previsiones del Cercle rondaría los 517 puntos.

Estos empresarios obvian que para las agencias de rating la credibilidad es muy difícil de recuperar y que la trayectoria financiera de una región es esencial para establecer la nota: en la actualidad, la Generalitat acumula más deudas que el resto de las regiones, sufre dificultades para pagar a los proveedores y precisa la ayuda del Fondo de Liquidez Autonómico.

Para las agencias no importan los déficit fiscales: si estos gestores no han sido capaces de administrarse bien con los recursos de los que disponían, ¿por qué ahora lo van a gestionar mejor?

El académico Donato Fernández subraya también que todas las reformas de la financiación se han llevado a cabo por iniciativa y para la satisfacción de los gobiernos catalanes, aprovechando los sucesivos pactos de los nacionalistas con el PSOE y el PP.  


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