Cultura

Jorge Semprún, el hombre que dejó de ser buen comunista para ser buen demócrata

La frase es suya. La dijo en su última entrevista, concedida un año antes de morir. Militante contra el nazismo, el franquismo y expulsado del PCE por cuestionar a Santiago Carillo y a Dolores Ibárruri, Jorge Semprún (Madrid, 1923- París, 2011) es analizado en el libro La aventura comunista de Jorge Semprún (Tusquets), de Felipe Nieto.

"Creo que gran parte de mi vida ha consistido en destruir todo eso. No en traicionarlo, sino en destruirlo en el sentido de dejar de ser buen comunista para ser buen demócrata".
"Creo que gran parte de mi vida ha consistido en destruir todo eso. No en traicionarlo, sino en destruirlo en el sentido de dejar de ser buen comunista para ser buen demócrata".

Fue el preso número 44.904 en Buchenwald, el campo de concentración alemán en el que vivió deportado entre los 20 y los 22 años. Fue Federico Sánchez en los años de la lucha clandestina contra Franco. Fue el hombre al que Santiago Carrillo y Dolores Ubárruri expulsaron, en 1964, del Partido Comunista. Fue ministro con los socialistas, con quien también tuvo desencuentros –y muchos, valga decir-. Fue también escritor y pensador. Fue en toda regla, él: Jorge Semprún.

En sus últimos años de vida –murió en 2011- a Semprún le atormentaban dos cosas: sus huesos y sus recuerdos. Para un hombre que soportó la bañera de La Gestapo, ¿qué podía significar un esqueleto a punto de quebrarse? Pero le dolía, hasta en pesadillas. Le atormentaba también la idea de una vida perdida, licuada en el olvido que saben procurarse los cretinos y los jóvenes –unos con intención, otros por la absoluta falta de algo parecido-. “Están desapareciendo los testigos del exterminio. Bueno, cada generación tiene un crepúsculo de esas características. Los testigos desaparecen. Pero ahora me está tocando vivirlo a mí”, dijo a Juan Cruz, en la última entrevista que concedió, en 2010. 

"Tengo más recuerdos que si tuviera mil años", palabras de Baudelaire que Jorge Semprún utilizó en Adiós, luz de veranos (Tusquets). Pero a él, a aquel que escribió tantas memorias, le toca ahora que alguien hurgue en las suyas. Lo ha hecho el historiador Felipe Nieto (Santander, 1948) quien se ha dedicado a esclarecer no sólo el recorrido de una vida, sino acaso sus episodios más amargos. Así lo ha plasmado en las páginas de La aventura comunista de Jorge Semprún(Tusquets). Reconocido con el XXVI Premio Comillas, el libro dibuja la etapa inicial de exilio de Semprún, el paso por la Resistencia francesa y la deportación a Buchenwald y los años de actividad clandestina en la España de Franco. El recorrido se detiene en 1964, con la expulsión del PCE.

En sus últimos años de vida a Semprún le atormentaban dos cosas: sus huesos y sus recuerdos.

Nieto del político conservador Antonio Maura, presidente del Gobierno con Alfonso XIII, Jorge Semprún nació en Madrid el 10 de diciembre de 1923. Su madre murió antes de que él cumpliera ocho años y, con la Guerra Civil, todos los hermanos marcharon a La Haya para reunirse con su padre, embajador de la República en los Países Bajos. Era todavía muy joven cuando comenzó un exilio que duró toda su vida. En 1939, con la guerra perdida, la familia se instaló en París, donde Jorge y su hermano Gonzalo estudiaron como internos en el liceo Henri IV. Estudió luego Filosofía en La Sorbona y se afilió, en 1942, al Partido Comunista.

Al ser invadida Francia por la Alemania nazi, Semprún se unió a la lucha armada de la resistencia. Fue capturado por las SS y enviado a Bunchenwald, campo de concentración nazi situado en la zona de Weimar. Su conocimiento del alemán y el contacto con los comunistas evitaron una muerte que parecía segura. Mucho se ha hablado –y este libro entra en ese episodio- de cuál fue el papel de Semprún en esos años. Justamente por hablar el idioma de sus captores, consiguió trabajar en una oficina de Bunchenwald. Allí se confeccionaban las listas de mano de obra destinada a trabajar fuera del campo, un destino que fulminaba la esperanza de seguir vivo a aquellos elegidos. La intervención de Semprún resultó valioso para la resistencia del campo, ya que evitó a muchos de sus camaradas ser trasladados de lugar.

“Estas listas las confeccionaban las SS hasta que la organización del campo cayó en manos de presos comunistas alemanes y también de otras nacionalidades. Es un tema con difíciles implicaciones morales. Semprún sostenía que la intervención que hacía el comité jugándose el pellejo consistía simplemente en retirar algunos nombres. Por ese motivo, la lista corría. Él y otros escritores que han hecho historia de los campos de concentración creen que en estas circunstancias de lucha contra el enemigo las condiciones morales normales quedaban suspendidas. Pero desde luego, como se ha dicho en algún lugar, Semprún no hacía listas para la cámara de gas porque entre otros motivos Bunchenwald no disponía de una. No era un campo de exterminio”, explicó Felipe Nieto al periodista Yavier Yuste al hablar del libro. El episodio, sin embargo, ha sido siempre complicado en la vida del escritor.

En los años de la lucha clandestina, Jorge Semprún utilizó diferentes alias, el más famoso de ellos fue el de Federico Sánchez.

Todavía vivo, el propio Semprún aclaró cuál fue su función en el orden de aquellas listas. Las órdenes seguían una cadena específica. "El jefe SS le dice al jefe comunista del comando de internos: 'Mañana o pasado, a las seis de la mañana, quiero 3.000 deportados formando filas en la plaza del campo para ir a tal sitio'. Eso no tenía vuelta de hoja. Tal día, 3.000 deportados. ¡Parece como si hubiera alguna posibilidad de elegir! ¡Ninguna! Tiene que haber 3.000 deportados. ¿En qué interviene la Resistencia? En intentar quitar de esas listas a alguna gente". ¿Qué criterio seguía para elegir a uno en lugar de otro? "El que tenía la Resistencia. Tendía a ser gente importante de la Resistencia de cualquier país. Podían saltar de las listas jefes gaullistas, oficiales enviados por Londres para la lucha clandestina, comunistas, socialistas", explicaría Semprún en repetidas ocasiones.

Los años contra Franco, Carrillo y La pasionaria 

Liberado del campo de concentración, Semprún se enfrentó a un dilema: escribir lo que había visto o volcarse en el presente. Hizo ambas cosas, cada una a su tiempo. Porque aunque ya en 1963 había plasmado sus vivencias en El largo viaje, hubo que esperar a 1994 para que explorara a fondo aquellos años en La escritura o la vida. Durante ese tiempo, Semprún se dedicó a la militancia comunista. Fueron los años de Federico Sánchez, su nombre en la clandestinidad de la España franquista. Pero las cosas volvieron a torcerse, en 1964, cuando fue expulsado del PCE por su discrepancia con la línea oficial de Dolores Ibárruri y Santiago Carrillo. Este episodio será la columna vertebral del libro que le valió el premio Planeta de 1977: Autobiografía de Federico Sánchez.

Semprún empieza a mostrar sus dudas acerca de la política y los métodos que el PCE emplea en España.

Para desarrollar la política del Partido Comunista de España, a partir de 1953 Semprún entró clandestinamente en numerosas ocasiones en España a fin de involucrar a los sectores intelectuales y universitarios en la lucha contra la dictadura. Son años de tensión no sólo en la represiva España de Franco, sino entre las filas comunistas, que empiezan a descubrir los crímenes del estalinismo mientras, en el comité central español, Santiago Carrillo se afianzaba como líder firme e indiscutible del partido. Al final de este periodo, Semprún empezó a mostrar sus dudas acerca de la política y los métodos que el PCE empleaba en España.

Fue justamente la construcción de una andadura literaria –acaso una de las más fascinantes del siglo XX- la que permitió a Semprún elaborar y entender todo cuanto le había ocurrido. Esa es la tesis de Felipe Nieto: "Tardaría mucho en ser consciente. En los años 50 se sabía poco de todo ello. Con Jrushchov empezaron las denuncias y dudas. El siguió como militante porque estaba entregado a la lucha en España, que consideraba que era eficaz. Pero con el tiempo Semprún y otros compañeros constataron que las denuncias no habían dado resultado y que en muchos países seguían vigentes los usos y costumbres stalinistas y lentamente comenzaron a criticarlo. Ya en los 80 se sentiría en la obligación de denunciar y comparar los similares métodos utilizados en los dos tipos de totalitarismos del siglo XX, sin hacer distinción".

"Creo que gran parte de mi vida ha consistido en destruir todo eso. No en traicionarlo, sino en destruirlo en el sentido de dejar de ser buen comunista para ser buen demócrata".

Esa misma idea, leída en las palabras del propio Semprún, resulta casi iridiscente: "Creo que gran parte de mi vida ha consistido en destruir todo eso. No en traicionarlo, sino en destruirlo en el sentido de dejar de ser buen comunista para ser buen demócrata. De ahí mi interés por Europa, porque es una de las cosas que me han ayudado a distanciarme del comunismo y del leninismo y a comprender las virtudes de la razón democrática…. Cuando has sido comunista de verdad durante 20 años, en cargos de responsabilidad, no es para presumir de haber estado en los salones con Louis Aragon”, dijo en ocasión del libro Lealtad y traición. Jorge Semprún y su siglo, que escribió la periodista Franziska Augstein después de cinco años de conversaciones con el escritor y en cuyas páginas se comenta, también, ese episodio según el cual, Marguerite Duras habría sido expulsada del Partido Comunista Francés tras una reunión a la que asistió el propio Semprún.

la aventura comunista...

"Personaje de aspectos múltiples, hombre de acción, político, escritor, intelectual sin fronteras, en reflexión ininterrumpida sobre sí y sobre el mundo en el que actuó, Jorge Semprún atrajo mi atención hace ya unos años, a partir de la sospecha de que, más allá del nombre y de un círculo, todo lo grande que se quiera, pero reducido alfin, la dimensión verdadera de su personalidad no era conocida suficientemente entre nosotros y por ello no podría gozar del reconocimiento justo de cuanto hizo, escribió y dijo a lo largo de una dilatada vida que se cerró definitivamente el 7 de junio de 2011, a los 87 años.

Sus apariciones circunstanciales o su presencia discontinua en la plaza pública se vieron contrarrestadas por largos periodos de oscuridad y silencio, obstáculos reales a la posibilidad de hacerse una idea rigurosa, compartida por una mayoría de la sociedad española, de lo que representan todavía Semprún y su obra, a diferencia de lo que sucede en otros países europeos, como Francia y Alemania. En todo caso, continuaba pesando en mí la impresión de que amplias partes de esa vida seguían en sombra o eran conocidas fragmentariamente.

De aquí surgió el deseo de tratar de entender y explicar la trayectoria de este hombre, arquetipo del siglo xx, nacido español, ciuda dano francés por adopción y europeo por cultura y vocación".

La aventura comunista de Jorge Semprún. Exilio, clandestinidad y ruptura.Felipe Nieto. Tusquets


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