Teresa Lizaranzu mira a las embajadas de París y Berlín

¿Tocata y fuga de los Nadal? La mujer de Álvaro ya quiere irse de España

María Teresa Lizaranzu, esposa de Álvaro Nadal, en su toma de posesión en Cultura.
María Teresa Lizaranzu, esposa de Álvaro Nadal, en su toma de posesión en Cultura. EFE

Además de estar casada con el todopoderoso jefe de la Oficina Económica, Álvaro Nadal, influyente donde los haya, a Teresa Lizaranzu le sobran condecoraciones desde que su marido hace de oráculo de Mariano Rajoy en todo lo que concierne a las perspectivas económicas, y también de soplón cuando el presidente siente curiosidad por los conflictos que enfrentan a los ministros y llegan precocinados a la Comisión de Asuntos Económicos. A Lizaranzu no le falta ni la Cruz de Oficial de la Orden de Isabel la Católica ni tampoco la Cruz de Oficial de la Orden del Mérito Civil. Brillante currículum.

Oliendo el fin de ciclo que se avecina, la mujer de Nadal quiere prosperar y ha puesto su ambiciosa mirada en tres destinos que pueden despertar la envidia de cualquier diplomático, ella lo es, para los que depende de la voluntad de dos ministros, el de Educación, José Ignacio Wert, que se sabe también de retirada, y el de Exteriores, José Manuel García-Margallo, quien ve cómo agoniza la legislatura sin conseguir el puesto de mando que anhelaba al frente de la política económica. Entre los destinos que la mujer de Nadal lleva trabajándose desde hace meses está el de la Delegación de España ante la Unesco, generosamente retribuido, y otros dos que tienen el inconveniente de estar más sometidos al juego de los ciclos políticos: el de embajadora en París y el de embajadora en Berlín, lugar este último en el que ya trabajó como consejera durante los gobiernos socialistas. Lizaranzu trabaja desde 2012 como directora general en Educación.

Las sinhueso que circulan por Exteriores comentan que Nadal todavía no se ha atrevido a insinuarle a su jefe que medie a favor del lustre de su mujer, sobre todo ahora que Mariano Rajoy ve con malos ojos cualquier movimiento que huela a desbandada y, peor todavía, si la ocupación elegida tiene su desempeño fuera de España.

El problema para Nadal es que si el PP se la pega en las elecciones, lo tendrá crudo para encontrar favores en el sector privado, donde todavía se le ve colmado de arrogancia, tanto o más que a su hermano Alberto, hombre fuerte de Soria en Industria, a quien el sector eléctrico le tiene declarada la guerra. ¿Encontrarán los hermanos Dalton trabajo fuera del paraguas público?, se preguntan algunos funcionarios que les sufren a diario. De momento, parece que tratan de conseguir pesebres de lujo para sus cónyuges en una especie de Tocata y fuga que dará mucho que hablar. Tiempo al tiempo.


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