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Crónica de una semana negra en la que España volvió a asomarse al abismo de la intervención

El presidente del Gobierno, rodeado por los periodistas a su salida del Senado, el pasado martes
El presidente del Gobierno, rodeado por los periodistas a su salida del Senado, el pasado martes EFE

La semana laboral concluida comenzaba con un lunes festivo en la renta variable, que intentó aprovechar el Gobierno anunciando un nuevo mini ajuste, que provocó el efecto contrario al buscado: los mercados interpretaron que hay improvisación por parte del Ejecutivo y cierta búsqueda desesperada de ahorros para presentar a los inversores, que estaban con la mosca detrás de la oreja después de la huelga general.  

Sin duda, también lo hacía para contrarrestar algunas opiniones agoreras que se estaban escuchando sobre España. El economista jefe de Citigroup, Willem Buitter, dijo a finales del pasado mes que España iba a ser rescatada este año y el propio Mariano Rajoy comentó, probablemente en unas declaraciones poco calculadas, que nuestra economía estaba en una “dificultad extrema”.

Antes de que comenzara la semana, por Wall Street comenzó a circular un terrorífico análisis sobre España de la firma de asesoría financiera Carmel Asset Management. Los ingredientes estaban puestos para que arrecieran los cortos con fuerzas redobladas.

El martes fue el primer día negro de la semana. El mercado, que ya había comenzado la semana anterior a sacudir a España y en menor medida Italia, se mostró inmisericorde y llevó al Ibex a perder los 7.500 puntos, con casi un 3% a la baja, y la prima de riesgo a 424 puntos. El bono a 10 años se situaba en la zona del 6%, más que preocupante, ya que en ese entorno las subastas de deuda en primario se efectúan a tipos más altos (como pudo comprobarse en Italia), lo que encarece los costes financieros del país.

Concretamente, los expertos sostienen que a medio plazo, ni Italia ni España pueden soportar tipos tan altos a la hora de financiarse. Soterradamente, se volvía a poner sobre la mesa, esta vez ya con toda la crudeza, el fantasma del rescate financiero, convenientemente alentado desde varios foros, básicamente medios de comunicación y casas de análisis anglosajones.

Hay una monumental presión por parte de especuladores bajistas que aprovechan la total falta de unidad en la política europea. Se trata de un ataque al euro en toda regla, no sólo a España. 

Mucha gente se acordaba del Banco Central Europeo (BCE). El dinero del Long Term Refinancing Operation (LTRO) había proporcionado unas plácidas semanas, en las que la prima de riesgo bajó hasta poco más de 300 puntos básicos y lo que es mejor, el 10 años se colocó por debajo del 5%. Esto ha sido un alivio para el Tesoro, que en noviembre vio con pánico cómo tenía que colocar las Letras más caras que los propios bonos a largo plazo. Pero el LTRO le ha permitido adelantar la financiación.

Por desgracia, ese martes 10 el pasado, que comenzaba a parecer lejano, volvía a estar delante. Mientras arreciaban los mercados, Mariano Rajoy cometió un error que pudo haber sido dramático: ante el asedio de los periodistas en el Congreso,se dio la vuelta, incapaz de articular palabra y lanzar un mensaje al país y a la comunidad financiera, saliendo por una puerta escondida.

¿Como Grecia o Portugal?

Ese giro hizo saltar las alarmas y llenó las tertulias de la noche. El inicio de los mercados del día siguiente, jueves, podía ser aun más calamitoso. El miedo se palpaba. ¿Sería capaz de irse el diferencial con Alemania rumbo a los 500 puntos? ¿Se colocaría España definitivamente en cotas dignas de Irlanda, Grecia o Portugal?

No fue así. El BCE por fin apareció, simplemente dejando caer que podía intervenir en cuanto fuera menester. Eso facilitó un rebote de los mercados, que dejó al Ibex por encima de los 7.500 puntos. Rajoy dio la cara y pidió respeto a los líderes europeos, en especial a Mario Monti y Nicolás Sarkozy, que habían señalado a España con su dedo acusador, en un intento por que los mercados dejaran de lado a sus economías. Fue también entonces cuando Felipe González dijo claramente que España no iba a ser rescatada.

El día siguiente también fue apacible, con una ligera caída bursátil que dejó al índice selectivo por encima de dicha cota y la deuda estable, incluso con alguna ganancia. Vozpópuli reveló que los ataques de Carmel contra España eran motivados por sus propios intereses económicos, algo que tuvo mucha repercusión en las redes sociales. Por cierto, el fundador de Carmel es un filántropo, muy comprometido con la investigación médica. Una cosa no quita la otra, por lo visto. 

Pero llegó el viernes y de nuevo el castigo. The New York Times atacó a España, aunque culpando a Angela Merkel de fondo. Llegaron nuevos oportunos informes sacudiendo, colocando la posibilidad de un rescate financiero casi como algo inminente o, al menos, inevitable.

El resultado fue un nuevo desplome del 3,5%, con todo el Ibex en rojo, hasta los 7.250 puntos. Un desastre en toda regla. Dejando de lado el 5% semanal caído (por suerte, sólo hubo cuatro jornadas en ese periodo), la caída anual del índice selectivo es del 15%, siendo, con mucha diferencia, el peor de los principales mercados desarrollados, no sólo de Europa. Portugal e Italia rondan el 5% en negativo.

El bono finalizó en el 5,97% y la prima de riesgo en 424 puntos básicos. Todo ello, con un castigo realizado de manera quirúrgica: si los primeros días parecía que Italia caía con nosotros, al acabar la sesión de ayer había casi 50 puntos básicos de diferencial a favor del bono transalpino.

Alemania, por supuesto, es el mercado refugio. Durante la semana, el bund fijó mínimos históricos en rentabilidad, por debajo del 1,6%. De momento, ahí han quedado los mercados.

Queda por ver qué nos deparan el futuro inmediato. El Gobierno está realmente irritado con el BCE y con los gurús que vaticinan la caída del país. Rajoy quiere un papel más activo del organismo emisor, aunque no falta quien dice que Mario Draghi está dejando caer a España a una situación límite para que acelere unas reformas que en Alemania son vistas como muy tibias.

Pero, como acertadamente decía González, si España cae, irán después Francia y Alemania. Esto es un ataque al euro concertado por parte de especuladores anglosajones con altas expectativas. La Eurozona debe ser capaz de ofrecer una respuesta de altura y conjunta. Si cada país hace la guerra por su cuenta, los mercados atacarán de nuevo, porque interpretarán que es una clara señal de debilidad. 


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