A contratiempo

Así piensa Rajoy ganar las elecciones

Horas antes de que España asistiera estremecida a la suelta de un grupo de asesinos atarras, (entre ellos Troitiño, responsable de 22 muertes en Hipercor), dos expresidentes del Gobierno hablaban de su libro mientras propinaban pescozones a sus herederos en el cargo. Así es la política, un asunto vil y chapucero.

Mariano Rajoy siempre se refiere a los dos únicos asuntos que le obsesionan en su acción de gobierno. La recuperación económica y el problema de Cataluña. El resto, como la corrupción, la demolición de la doctrina Parot, las críticas lenguaraces de los propios, las arremetidas romas de los ajenos, la montonera educativa de las camisetas verdes, el revoltillo ágrafo contra el IVA cultural, la ira adolescente de los erasmus que ignoran quién fue el de Rotterdam... no son cuestiones dignas de consideración. Que se ocupen de ello los ministros. Para eso están.

Legados venenosos

Porque, en efecto, la crisis y el nacionalismo son los dos obuses que pueden llevarse por delante una nación. Y con ambos jugueteó en forma tan desdichada e irresponsable Rodríguez Zapatero, acunado por su grosera ineptitud y su estrepitosa ignorancia. Despreció por dos años el terremoto económico que nos sumió en el hoyo y aupó al visionario Maragall y su Estatut hasta situarlo al borde de la secesión soberanista. Dos legados tóxicos contra los que aún combatimos. Los dos mayores errores perpetrados por un presidente del Gobierno desde la Transición.

No es errado, pues, coincidir con Rajoy en que hasta que ambos incendios no se sofoquen, nada está a salvo. La aparente insensibilidad que muestra hacia otras cuestiones, sin duda perentorias, le confieren un perfil de dirigente abúlico, tedioso y hasta desganado. Pero la política es el arte de discernir entre lo urgente y lo importante.

Llueven los datos positivos sobre una tenue recuperación en el frente económico. Cifras macro, previsiones de analistas, editoriales de diarios de referencia. Algunos nubarrones se disipan. Hasta la ríspida agencia Fitch, tan odiosa, acaba de revisar al alza su perspectiva sobre España, que deja de "negativa" para convertirse en "estable". De paso a manda a Francia al infierno. Menudencias de contable, en efecto, mientras haya seis millones de parados deambulando como sonámbulos en la pesadilla del desempleo. Pero que le permiten declarar al presidente del Gobierno aquello de "estamos aún lejos pero la tierra está a la vista". Bien sea para salvarnos o para encallar, el cambio no deja de ser perceptible con relación al pasado verano, sin tierra a la vista y sin apenas alternativas al naufragio.

Grietas secesionistas

La segunda herencia venenosa del zapaterismo, el nacionalismo encabritado y decidido a precipitar al suicidio a la región española que representa casi una quinta parte del PIB, ofrece también algunas novedades de interés. Se desinfla el independentismo en las encuestas y aparecen grietas en el frente secesionista. Esta semana, CiU votó por primera vez junto al PP en el Parlamento catalán y en contra de sus socios de ERC en asunto referido a la consulta soberanista. ¡Traición? ¿Hastío? ¿Estrategia?. 

Horas antes, la vicepresidenta catalana, Juana Ortega, pavisosa democristiana de Unió, enfurruñó a ERC al descartar que el plebiscito vaya a estar listo para el 11 de septiembre del año próximo, cuando se cumplen los tres siglos de la fecha mítica del nacionalismo catalán, porque hay "problemas técnicos y administrativos". ¡Por Sant Jordi, la independencia de una nación pendiente de un trámite burocrático!

Necesita Rajoy menos desempleo e impuestos más bajos para arribar a las generales de otoño de 2015 con perspectivas de éxito. Y precisa también de pocos sobresaltos pelebiscitarios en Cataluña. Todo lo demás, se lo servirá en bandeja el PSOE.

Con un Rubalcaba amortizado y una dirección que apesta a ruinoso pasado y que chapotea sin criterio en el piélago nacionalista, el PP se apresta ya a enfundarse el traje de ser el único partido nacional con un proyecto vertebrador para España. Susana Díaz, la furia española que viene del Sur, no va a tener tiempo de imponer su criterio a una ejecutiva socialista atornillada al crepuscular Rubalcaba. Y Rosa Díez no va a tener la generosidad de abrir las puertas de UPyD para reforzar su proyecto con la sangre joven de Ciutadans. De ahí los datos del CIS. De ahí la revuelta en las bases del PSOE. De ahí la inquietante parsimonia del inquilino de la Moncloa.

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EL VARÓMETRO. Dan por zanjado al ministro Wert. Pavadas. Se irá cuando él quiera. //  El indulto frustrado, último revolcón al ministro Gallardón, ya en caída libre. // Sánchez Camacho, la política menos valorada en los sondeos catalanes. // Elena Valenciano, ninguna luz le ilumina.


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