Entre muchas otras pruebas, tres fueron las pistas para que la Policía lograra relacionar al supuesto pederasta de Ciudad Lineal, Antonio Ortiz, con los abusos sexuales cometidos a cuatro niñas de entre 5 y 9 años, entre septiembre de 2013 y agosto de 2014 en Madrid: 'madre', 'broma' y 'mochila'. 

Tras las dos primeras sesiones judiciales en las que se visionaron los testimonios de las cuatro víctimas y el vídeo del piso de los horrores, propiedad de la madre de Ortiz, donde supuestamente el violador llevó a las menores para abusar de ellas, la Audiencia Provincial de Madrid ha dado paso a conocer las declaraciones de los principales responsables de la investigación de la operación 'Candy'

El jefe del Servicio de Atención a la Familia (SAP) ha asegurado que la investigación comenzó el 13 de septiembre de 2013 cuando una niña española, de 5 años y origen dominicano, estaba jugando en un parque y tras horas desaparecida, la localizaron en una gasolinera, desorientada y "muy asustada" porque al parecer, "estuvo a punto de ser atropellada". Acababa de ser víctima de un abuso sexual y fue "una viandante" la que la encontró y la llevó a casa. "La niña hablaba de un hombre malo que le había dicho que tenía unas bolsas para su madre", explica el responsable del SAF.

Tras este hecho pasó el invierno y no fue hasta el 10 de abril cuando la policía volvió a tener conciencia de otros dos casos cuyos hechos parecían tener relación con el de hacía unos meses.

El primero, se quedó en un intento frustrado. Los padres de una menor de 11 años denunciaron que a su hija se le había acercado un hombre "con un lunar" que "le habló de ropa" para lograr que le acompañara a su casa pero la pequeña no accedió. Tan sólo media hora después y en una calle cercana, una niña española, de 9 años, que estaba jugando en un parque con otras dos niñas se fue con un hombre. Las pequeñas contaron que se le había acercado diciéndole que "era amigo de su madre y que tenía que probarse una ropa", relata el inspector jefe. Pasadas unas horas, la menor apareció "bastante entrada la noche" en el entorno del metro de Canillejas con síntomas de haber estado bajo los efectos "de una sustancia" puesto que "sus recuerdos no eran nítidos". Se repetía el patrón y las pruebas médicas demostraron después que la menor había ingerido Lorazapam.

En esta ocasión, la víctima relató que un hombre la había llevado en coche de marca Toyota hasta una casa "muy blanca" en cuya entrada recordaba "unos hierros". Unas declaraciones que sirvieron después a la Policía para localizar la casa de los horrores. 

Dos meses más tarde, el 17 de junio, volvían a repetirse los hechos. "Recibimos la llamada de la desaparición de una menor por la misma zona donde estaban ocurriendo los anteriores hechos", recuerda. La desaparecida tenía 6 años y era china. "Lamentamos que no pudimos hacer más que recuperarla e intentar llegar al máximo de pruebas", cuenta. La pequeña presentaba "fuertes lesiones" y pese a que "se negaba a hablar con quien no fuese una mujer", sí pudimos observar que "llevaba el pelo mojado y la ropa seca", un indicio de que "posiblemente la habían duchado".  

La policía, en su investigación, se dio cuenta de que los padres de otra menor, de origen chino, denunciaron que a su hija se le había acercado un varón "que hacía que hablaba por teléfono con su padre", para ganarse su confianza, y "pedirle que le acompañara a casa". La niña accedió. "No contó que hubiera sufrido abusos pero sí que indicó que el agresor intentó ducharla" como en casos anteriores, explica. 

La alarma social en el barrio de Ciudad Lineal por la existencia de un violador de menores en la zona era patente. "La colaboración ciudadana fue muy importante. Todos los días llegaban testigos, algunos con datos que hacían que la investigación fuese avanzando", comenta.

Pero no bastó. La última víctima, una menor de 7 años de origen dominicano, fue agredida por el presunto pederasta de Ciudad Lineal en agosto, engañada con la argucia "vamos a gastar una broma a tu abuelo". La pequeña apareció horas más tarde al lado de la M-40, de nuevo, muy cerca del metro de Canillejas.   

Las pistas llevaron a los agentes hasta Ortiz

En esta ocasión, la descripción física del presunto agresor fue clave. Era "un hombre musculado, que sudaba mucho y le caían las gotas de sudor e incluso se le marcaban las venas", según contó una testigo que paseaba con un carrito. Esta pista hizo pensar a la policía que posiblemente se trababa de un hombre aficionado al gimnasio. "Después constataríamos que Ortiz podía quedarse en el gimnasio hasta 6 horas sin salir", informa. 

Al mismo tiempo, la última víctima ofreció otra vía de investigación relacionada con el vehículo. "Hablaba de un llavero de cartoncito de color verde y pensamos que el coche con el que la llevó hasta la vivienda podría ser alquilado", indica.

A partir de entonces, se montó un dispositivo policial en Ciudad Lineal y Coslada para vigilar parques infantiles y gimnasios. "Se les mostró a los agentes retratos robot y se les informó de los posibles vehículos", asegura.  Pese a todo, el presunto agresor no cesó en sus intentos. Tres días antes de ser registrado por la policía, el 25 de agosto, lo volvió a intentar en Coslada. "Una menor contó que se le había acercado un hombre en un coche y desde la ventana le había invitado a subir detrás pero la niña no accedió". El coche fue identificado por la Policia como un Citroën Xsara puesto que la niña lo describió indicando que era "igual que el de los vecinos". 

La detención

Cobraba sentido la teoría de que el agresor alquilaba los coches. Dos días después, el 27 de agosto, el dispositivo policial indentificó en una parada de autobús a un hombre que respondía a la descripción física de los retratos robot, era musculado y portaba una mochila de gimnasio con anagrama descrito por una de las víctimas. "A la policía municipal le pudo el ardor guerrero y lo registraron", comenta. Gracias a ese registro los agentes pudieron obtener el nombre y número de identidad de Antonio Ortiz.

La sorpresa llegó cuando descubrieron que el presunto agresor ya había cumplido condena anteriormente por un delito de abusos sexuales a una menor en 1998 y que en el auto se hacía referencia a que Ortiz había empleado la expresión "gastar una broma" para engatusar a la joven. Al mismo tiempo identificaron una de las casas que tenían bajo sospecha, la de Santa Virgilia, como propiedad de la madre de Ortiz y descubrieron que era socio de una empresa de compra venta de coches.

Todo parecía encajar y de los tres sospechosos que la policía manejaba él era al que más apuntaban las pistas. "Si trazabas un círculo donde sucedieron los hechos en el centro está la casa de Montearagón", donde Antonio Ortiz vivía con su madre. Así, la investigación se centró en él. "Le pinchamos el teléfono y pedimos el registro del Citroén Xsara donde encontramos restos fisiólogicos de Ortiz". 

Sin embargo, "al verse acorralado", Ortiz huyó de Madrid días después de su registro en la calle. Se encerró en casa de un familiar. "Estaba claro que se fue de forma precipitada porque se fue a vivir a casa de su tío, pernoctando en el salón, sin apenas llevarse nada", comenta.

Desde su identificación estuvo vigilado las 24 horas, incluso cuando se trasladó a Santander. "No podíamos permitir que actuara de nuevo", manifiesta. Finalmente, los agentes lograron detenerle el 24 de septiembre de 2014 en Santander. 

Pese a que las conclusiones finales del juicio no se sabrán hasta finales de diciembre, momento en el que Ortiz de nuevo tendrá la opción de declarar, el inspector jefe ha concluido: "Desde su detención no se han vuelto a dar hechos similares. Aunque no descarto que en un futuro haya un imitador".  

Serio y con ropa deportiva 

Como ya va siendo habitual, el presunto violador ha aparecido ataviado con una sudadera gris, camiseta azul oscuro y zapatillas con gesto tranquilo. Ninguna de las declaraciones del responsable de la investigación le han hecho cambiar el rostro, ni siquiera cuando el funcionario ha relatado que la misma que el supuesto agresor llevó a la tercera víctima a la casa de la madre, él estuvo merodeando por el edificio, incluso entró y se encontró al conserje "durmiendo".