La vicepresidenta del Gobierno, Carmen Calvo.
La vicepresidenta del Gobierno, Carmen Calvo. EFE

Política

Sánchez improvisó la figura del relator para contener el malestar de los secesionistas

“No creo que el Gobierno tenga una estrategia, va más bien a salto de mata”. Así resume una importante fuente del independentismo catalán el estado de las negociaciones entre el Ejecutivo de Pedro Sánchez y el Govern de Quim Torra. Y es que, al contrario de lo que podría pensarse a la luz de lo ocurrido esta semana, fuentes de ambas partes coinciden en señalar que, de momento, no se ha pactado nada: el único acuerdo es seguir dialogando.

En la órbita independentista hay malestar porque consideran que el Gobierno está ganando tiempo y no muestra mucho interés en que el diálogo dé frutos. Según su versión de las reuniones mantenidas hasta ahora con las ministras Carmen Calvo y Meritxell Batet, “no se detecta voluntad real” para avanzar.

Los independentistas no se fían. Esa desconfianza y la proximidad de la tramitación de los Presupuestos Generales del Estado es lo que les ha llevado esta semana a presionar al Gobierno con la amenaza de una enmienda a la totalidad de las Cuentas públicas. La jugada, iniciada por Esquerra Republicana de Catalunya (ERC) el lunes por la mañana, dejó al Gobierno en fuera de juego. Sólo así se explica la precipitación con la que el martes Miquel Iceta, Adriana Lastra, Carmen Calvo y la propia presidencia del Gobierno, en ese orden, reaccionaron aceptando la figura de un “relator”.

A salto de mata

Lo sucedido demuestra que el Gobierno, una vez más, actuó “a salto de mata”. Nervioso ante la posibilidad de que los Presupuestos no fueran tramitados en el Congreso de los Diputados, el Ejecutivo se sacó el as del “relator” de la manga… Pero el problema fue que el Gobierno no midió bien las consecuencias. El PDeCAT de Torra, que tenía la espina clavada por haber ido a rebufo de ERC en la jugada de la enmienda a la totalidad, filtró el martes por la noche los famosos 21 puntos que el presidente de la Generalitat supuestamente le entregó a Sánchez en diciembre. Y todo con el objetivo de colgarse la medalla de haber conseguido la aceptación del tercero de esos puntos, el que hacía referencia a la “mediación internacional”.

Por tanto, el Gobierno ha sido traicionado esta semana dos veces por sus socios independentistas: el lunes por ERC y el martes por el PDeCAT, partidos que a su vez están compitiendo por el liderazgo del mundo soberanista en Cataluña con vistas a las elecciones del 26 de mayo.

Mano tendida

Lo que no se entiende bien es por qué el Ejecutivo de Sánchez responde tan torpemente ante estas traiciones y persiste en tender la mano, sobre todo con el alto coste que esa estrategia le está provocando en el conjunto de España, empezando por su propio partido. Fuentes del Gobierno defienden que es necesario, “por responsabilidad”, preservar la vía del diálogo, aún a riesgo de fracasar.

Pero en el fondo la única estrategia que existe es la de ganar tiempo. Sánchez quiere seguir en La Moncloa, y sabe que a los independentistas les horripila la posibilidad de que haya elecciones generales pronto. El presidente está ofreciendo algunas concesiones para que los independentistas le aprueben los Presupuestos y así poder agotar la legislatura. Desde el Gobierno aseguran que “jamás” se cederá nada que pueda ir en contra de los intereses de España, entre otras cosas porque hay elecciones municipales, autonómicas y europeas a la vuelta de la esquina. El problema es que empiezan a proliferar aquellos que creen que con la introducción de un “relator” en el debate se están traspasando algunas líneas rojas.

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