Explicar cada viernes la posición del Gobierno es en una actividad de alto riesgo. Cualquier fallo frente a las cámaras puede dar al traste con la credibilidad del Ejecutivo. Cualquier desliz semántico en los micrófonos puede hacer caer a un ministro. Los 'fontaneros' de La Moncloa trabajan sin descanso para que los mensajes calen, aunque la insistencia de los periodistas la convierten en una plaza difícil para torear. En las grandes crisis no hay lugar para la improvisación. Los planes previstos fallan y mentir se convierte en la peor solución.

"Ser portavoz no es fácil, pero es imprescindible", afirma Alfredo Pérez Rubalcaba ante un nutrido grupo de exministros reunidos por el Centro de Estudios Políticos y Constitucionales. Eduardo Sotillos, Rosa Conde, Josep Piqué, Pío Cabanillas y el actual portavoz del Gobierno Íñigo Méndez de Vigo analizan entre anécdotas la figura del portavoz del Gobierno durante los últimos cuarenta años de democracia. ¿Cómo apagar fuegos a diario y lidiar con la intervención de Rumasa, las huelgas generales, los atentados de ETA o la negociación con los independentistas y la infinita cascada de la corrupción?

"Dormía con un fax junto a la cama. Cuando sonaba entre las siete y las ocho de la mañana, sabía para lo que era", recuerda Pío Cabanillas, portavoz del Ejecutivo de José María Aznar entre 2000 a 2002. Méndez de Vigo recalca, por su parte, la sorpresa que se llevó cuando Rajoy le comunicó que sería portavoz. "Cuando me llamó el Presidente sólo acerté a balbucear algo así como: no sé si lo haré bien porque nunca lo he hecho", confiesa. Al igual que Rubalcaba, presume de su condición de profesor y de la impronta pedagógica que esto les confiere.

"Para ser portavoz hay que tener una historia, saber contarla y tener credibilidad. Esta hay que conseguirla y, sobre todo, no perderla", recalca Rubalcaba, para quien "el primer síntoma de una crisis es cuando se dice que 'hacemos cosas pero no sabemos comunicarlas'". "Si un portavoz miente a sabiendas, se le pilla siempre", añade Josep Piqué, portavoz del Ejecutivo de Aznar entre el año 1998 y el 2000. "Diez años después, no me he podido quitar de encima el estigma. La gente me sigue viendo como un político", lamenta.

"Aunque nunca mentí, sí dije cosas con las que no estaba de acuerdo", reconoce Rosa Conde, la primera mujer en convertirse en portavoz del Gobierno de España (1988 y 1993)

"Aunque nunca mentí, sí dije cosas con las que no estaba de acuerdo", reconoce Rosa Conde, la primera mujer en convertirse en portavoz del Gobierno de España (1988 y 1993) y una de las dos que entró en el Ejecutivo de Felipe González. Lidiar con sus compañeros no fue tarea fácil: "Tuve mucha mano izquierda, aunque si no ibas de reina madre, conseguías que la cosa funcionara", apunta la sucesora de Javier Solana. "Felipe me dijo que aprendiese a utilizar el no comments y Alfonso Guerra me aconsejó que me olvidase de los periodistas y me dirigiese directamente a la sociedad", añade. Sólo ella y Pío Cabanillas ejercieron como portavoces a tiempo completo; el resto, compartieron sus funciones con otra cartera.

Méndez de Vigo, que actualmente compagina su labor con la de Ministro de Educación, Cultura y Deporte, hace un ejercicio de honestidad. "Cuando no sé algo, lo digo. El portavoz no puede saberlo todo. De hecho, no sabe toda la verdad; hay muchas cosas que no me cuentan", relata. "A veces la solvencia consiste precisamente en admitir que no sabes de todo", añade un Rubalcaba nada partidario de los corrillos con los informadores. En este aspecto contrasta con Conde, que hace gala de que su equipo trabajó a fondo la relación con directores de periódicos, corresponsales políticos y periodistas extranjeros.

Frente a la insistencia y la reiteración de las preguntas de los informadores, Rubalcaba bromea con que "hay que tener buscada la fórmula para repetir sin que parezca que repites". Advierte además sobre esos "minutos basura" en los que el portavoz baja la guardia y, de repente, comete un error que le cuesta el puesto. Atentamente asistían en el encuentro cuatro experimentadas periodistas: Carmen del Riego (La Vanguardia), Anabel Díez (El País), Lucía Méndez (El Mundo) y Mayte Alcaraz (ABC).

¿Hay que ser ministro?

"Creo que es fundamental que el portavoz tenga peso político", explica Eduardo Sotillos, portavoz del Gobierno de Felipe González entre 1982 y 1985. Esta cara reconocible de los informativos de TVE durante la Transición recuerda que la crisis de Rumasa fue la más dura que vivió durante su etapa. Después de horas de reuniones, el presidente del Gobierno le pidió que se desplazase a dar la noticia de la intervención de la empresa a la televisión pública. Minutos después, recibió la llamada del director de un gran medio que le abroncaba por no haberle filtrado la información.

La labor de comunicar también tiene una gran parte de ingrata: "Las buenas noticias se encarga de darlas el ministro del ramo y las malas se las dejan al portavoz", afirma Rubalcaba en tono irónico. "Después de treinta minutos hablando de las cifras del paro, no hay ni una sola pregunta sobre el paro", replica a continuación Méndez de Vigo. El portavoz debe lidiar también con el afán del protagonismo de los miembros del Ejecutivo. "Había unos cuantos ministros a los que les apetecía salir muchísimo más y a otros que nos apetecía salir mucho menos", recuerda Cabanillas entre risas.

La rueda de prensa de los viernes es el punto álgido de la labor del portavoz. Tras la reunión a puerta cerrada, hay un pequeño aperitivo. Todos los ministros están liberados salvo el sacrificado portavoz, al que minutos después le toca enfrentarse a las preguntas de los medios: "Debes atacarlos mientras están comiendo su pincho de tortilla y pensando en irse de fin de semana”, bromea Cabanillas.

Cabanillas cree que las ruedas de prensa del viernes son "el gran rito analógico que queda" y Piqué dice que son un "ritual obsoleto propio de otros tiempos"

Este exministro cuestiona sin embargo la razón de ser del encuentro con los periodistas. Considera que las ruedas de prensa del viernes son "el gran rito analógico que queda" y en la misma línea apunta Piqué, que no duda en calificarlas como "ritual obsoleto propio de otros tiempos". Rubalcaba, por su parte, es más condescendiente y las dibuja como "una especie de parque temático" en las que se entrecruzan las agendas del Gobierno, de los medios, de la oposición y de la propia actualidad.

Precisamente este último –que duda de los planes de comunicación- confiesa una costumbre que comparte con el actual portavoz. Tras las ruedas de prensa del Consejo de Ministros acostumbraba a llamar a su madre para saber cómo lo había hecho. "Me decía si me había visto triste, apagado o animado", recuerda. Méndez de Vigo, sucesor de la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría, también lo hace: "Cuando salgo de Moncloa también llamo a mi madre. Lo que más me preocupa es cuando me dice que algo no se ha entendido bien”, concluye.