Política

Dos exportavoces del PP critican el uso de la rueda de prensa de los viernes en Moncloa

Los exportavoces con Aznar Josep Piqué y Pío Cabanillas cuestionan el encuentro de los viernes con los periodistas en la sede de la Presidencia y lo califican como "un ritual propio de otros tiempos".

Méndez de Vigo y Rubalcaba en el debate.
Méndez de Vigo y Rubalcaba en el debate. EP

Explicar cada viernes la posición del Gobierno es una actividad de alto riesgo. Cualquier fallo frente a las cámaras puede dar al traste con la credibilidad del Ejecutivo. Cualquier desliz semántico ante los micrófonos puede derribar a un ministro. Los 'fontaneros' de La Moncloa trabajan para que los mensajes calen, pero la insistencia de los periodistas convierte a este escenario en una plaza difícil de torear. En las grandes crisis no hay espacio para la improvisación; los planes previstos a veces fallan y mentir se convierte en la peor solución.

La tradicional rueda de prensa de los viernes es la prueba de fuego para cualquier portavoz. Tras la reunión a puerta cerrada entre el presidente y los titulares de cada cartera, todos los ministros departen entre pinchos de tortilla, empanada gallega y una copa de vino. Aunque hay un sacrificado que deambula entre ellos minutos antes de dar la cara ante los medios: "Debía atacar a los compañeros para que me explicaran los temas mientras ellos ya estaban pensando en el fin de semana", bromeaba el exministro Pío Cabanillas -portavoz del Ejecutivo de José María Aznar entre los años 2000 y 2002- ante un nutrido grupo de exministros reunidos por el Centro de Estudios Políticos y Constitucionales para analizar la figura del portavoz en los cuarenta años de democracia.

Precisamente Cabanillas, que actualmente trabaja en el sector privado, cuestiona la pervivencia este encuentro con los periodistas en los tiempos que corren. Las ruedas de prensa del viernes son "el gran rito analógico que queda", aseguraba ante diputados, jefes de gabinete y cuatro periodistas con una dilatada trayectoria profesional que participaban en el debate: Carmen del Riego (La Vanguardia), Anabel Díez (El País), Lucía Méndez (El Mundo) y Mayte Alcaraz (ABC). "¿Para qué sirven?", se preguntaba poco después de que su predecesor en el cargo, Josep Piqué (1998-2000), calificase a este canal básico de interlocución entre la prensa y el Gobierno como un "ritual obsoleto propio de otros tiempos". 

El exlíder del PSOE, Alfredo Pérez Rubalcaba, era más condescendiente con estos encuentros y los dibujaba como "una especie de parque temático" en el que se entrecruzan las agendas del Gobierno, de los medios, de la oposición y de la propia actualidad. "Ser portavoz no es fácil pero, a cambio, es imprescindible", apuntaba ante otros exportavoces como Eduardo Sotillos, Rosa Conde o el actual Íñigo Méndez de Vigo.¿Cómo apagar fuegos a diario y lidiar con la intervención de Rumasa, las huelgas generales, los atentados de ETA, la negociación con los independentistas o la infinita cascada de la corrupción?

Cabanillas cree que las ruedas de prensa del viernes son "el gran rito analógico que queda" y Piqué dice que son un "ritual obsoleto propio de otro tiempo"

El exportavoz socialista advertía a su colega Méndez de Vigo para que no baje la guardia ni en los "minutos basura" ni en los 'corrillos' que se forman con los informadores cuando la comparecencia ha terminado. Este último reconocía su temor inicial a ejercer el cargo. "Cuando me llamó el Presidente para decirme que sería portavoz sólo acerté a balbucear algo así como: no sé si lo haré bien porque nunca lo he hecho", confesaba. 

Mentir no sirve

"Aunque nunca mentí, sí dije cosas con las que no estaba de acuerdo", reconocía Rosa Conde, la primera mujer en convertirse en portavoz del Gobierno de España (1988 y 1993) y una de las dos que entró en el Ejecutivo de Felipe González. Lidiar con sus compañeros no fue tarea fácil: "Tuve mucha mano izquierda", apuntaba la sucesora de Javier Solana. "Felipe me dijo que aprendiese a utilizar el no comments y Alfonso Guerra me aconsejó que me olvidase de los periodistas y me dirigiese directamente a la sociedad", añadía. Sólo ella y Pío Cabanillas ejercieron como portavoces a tiempo completo; el resto, compartieron sus funciones con otra cartera.

Méndez de Vigo, que actualmente compagina su labor con la de Ministro de Educación, Cultura y Deporte, hacía un ejercicio de honestidad: "Cuando no sé algo, lo digo. El portavoz no puede saberlo todo; de hecho, no sabe toda la verdad. Hay muchas cosas que no me cuentan". En la misma línea apuntaba Rubalcaba: "A veces la solvencia consiste precisamente en admitir que no sabes de todo". "Si un portavoz miente a sabiendas, se le pilla siempre. Lo que no es necesario es decir siempre toda la verdad", remataba Piqué tras alabar la cruzada de Donald Trump contra los medios: "Tiene razón cuando dice que un tuit suyo tiene más repercusión que cinco editoriales del Washington Post". 

"Aunque nunca mentí, dije cosas con las que no estaba de acuerdo", reconoce Rosa Conde, la primera mujer portavoz del Gobierno

"Creo que es fundamental que el portavoz tenga peso político", explicaba el periodista Eduardo Sotillos, portavoz del Gobierno de Felipe González entre 1982 y 1985 y cara reconocible de los informativos de TVE durante la Transición. Después de compartir el diagnóstico de Piqué y Cabanillas sobre las ruedas de prensa, confesaba que la crisis más dura que vivió durante su etapa fue la de Rumasa. Un director de un gran diario le llegó a abroncar por teléfono por contar -a petición de Felipe González- la noticia de la intervención de la empresa en TVE en vez de filtrársela.

Sotillos, Conde, Piqué y Cabanillas.
Sotillos, Conde, Piqué y Cabanillas. EFE

La labor de comunicar tiene una gran parte de ingrata: "Las buenas noticias se encarga de darlas el ministro del ramo y las malas se las dejan al portavoz", afirma Rubalcaba en tono irónico. "Después de treinta minutos hablando de las cifras del paro, no hay ni una sola pregunta sobre el paro", se quejaba a continuación Méndez de Vigo. "Había unos cuantos ministros a los que les apetecía salir muchísimo más y a otros que nos apetecía salir mucho menos", añadía Cabanillas tras explicar que dormía con un fax junto a la cama: "Cuando sonaba entre las siete y las ocho de la mañana, sabía que era por ETA". 

Precisamente Rubalcaba –que duda de los planes de comunicación- revelaba una costumbre que comparte el actual portavoz, al que ha animado a revisar la política de comunicación con respecto a Cataluña. Tras las ruedas de prensa del Consejo de Ministros acostumbraba a llamar a su madre para saber qué tal lo había hecho. "Me decía si me había visto triste, apagado o animado", recuerda. Méndez de Vigo, que sucede en el cargo a la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría, también lo hace ahora: "Cuando salgo de Moncloa, llamo a mi madre. Lo que más me preocupa es cuando me dice que algo no se ha entendido bien", concluía.



Comentar | Comentarios 0

Tienes que estar registrado para poder escribir comentarios.

Puedes registrarte gratis aquí.

  • Comentarios…

Más comentarios

  • Mejores comentarios…
Volver arriba