Política

Los tres muditos: Casado y Rivera imitan la estrategia de la avestruz de Sánchez con los medios

Casado y Rivera limitan sus comparecencias ante los medios, en línea con la política del avestruz silente que lleva a cabo Sánchez en la Moncloa

Sánchez, Casado, Rivera e Iglesias.
Sánchez, Casado, Rivera e Iglesias. Europa Press

"Nunca es suficiente el silencio en un político", aconsejaba uno de los asesores de John F. Kennedy, con escaso éxito. Pedro Sánchez es de la cofradía de los silentes. Le gusta mostrarse en público, pasearse frente las cámaras, posar para las fotos, chocar las manos o las mejillas con dignatarios de renombre, pero huye de abrir la boca ante los micrófonos.

Sánchez tiene aversión a las preguntas de los periodistas, esa incómoda liturgia que tanto evita. Sus comparecencias con frase son excepcionales y habitualmente mínimas, de reducido formato. Está haciendo bueno a Mariano Rajoy, a quien se le crucificó desde la prensa por su recurso a evitar el cara a cara y refugiarse en el 'plasma'.

El actual presidente del Gobierno en funciones descubrió esta estrategia en su ardua campaña para recuperar la secretaría general del PSOE, luego de ser defenestrado en una bulliciosa ceremonia. Decidió entonces que ni entrevistas, ni ruedas de prensa. Los periodistas, cuanto más lejos mejor. La fórmula del candidato arisco y reservado, como un Johnny Cash con resaca, le funcionó de maravilla. Vapuleó a Susana Díaz, ganó las primarias y se encaramó de nuevo, y en forma inopinada, a la cúspide de Ferraz. 

"En boca cerrada", parece ser el consejo de Iván Moreno, su asesor en estas cuestiones. Como presidente del Gobierno, Sánchez aún se prodiga menos que cuando recorría España en su utilitario en busca del poder perdido en el PSOE. Ábalos, Celaá y Lastra cumplen, con irregular fortuna, esta función. Tan escasas son sus comparecencias que incluso produjo cierta extrañeza que se presentara ante los periodistas el pasado 6 de junio tras la audiencia con el Rey en la ronda de investidura. Desde Moncloa se había advertido que no hablaría y que delegaba nuevamente en Ábalos. Algún espíritu sensato en Moncloa debió advertir las dimensiones del disparate y se corrigió el error. Se anunció entonces una rueda de prensa esquemática de tres preguntas pactadas y a casa. 

Ni una palabra con la prensa

Los dirigentes de la oposición, Pablo Casdo y Albert Rivera, parecen haberse sumado a esta estrategia del ni-siquiera-plasma en estas últimas semanas. Casado, por ejemplo, tras una actividad pública frenética durante las dos campañas electorales, ha optado por distanciar sus encuentros con los medios. Son ahora más breves y esporádicos. Unas palabras en Bruselas, unos comentarios en el Ayuntamiento de Madrid, una frase al pasar... poco más. Es la otra cara de Casado. 

Teodoro García Egea, su fiel segundo en Génova, ha asumido esta función, junto a Javier Maroto, número tres de la formación. Ambos son los responsables de las negociaciones de los pactos en ayuntamientos y comunidades. Y ambos de despliegan por los medios en múltiples entrevistas en las que cubren el enorme vacío que dejó su líder. Casado practicaba una exposición mediática excesiva, le advertían en su equipo. Tal frenesí desgasta y, además conduce a incurrir en errores Los mensajes se dispersan y las audiencias se saturan. 

También Albert Rivera, excelente orador, afilado dialéctico,ha optado por dosificar sus apariciones mediáticas. Siempre ha sido más prudente en este terreno que su homólogo del PP pero nunca esquivaba una invitación o una posibilidad de hablar con la prensa. Ahora es otra cosa. Inés Arrimadas, como portavoz del partido y del grupo parlamentario, ha asumido buena parte de estas responsabilidades junto a José Manuel Villegas, secretario general de la formación y, asimismo, responsable máximo de loas negociaciones con el PP. 

Silente hasta la investidura

Rivera ha evitado terciar incluso en debates muy intensos como la actitud de Manuel Valls, su candidato a la alcaldía de Barcelona, quien acaba de romper con Ciudadanos en una declaración feroz sin que se haya escuchado, de momento, la respuesta de Rivera. 

¿Cuánto durará este silencio de los tres muditos? Sánchez no tiene problema, está en su naturaleza y se mantendrá prudente al menos hasta que haya logrado su investidura. Casado y Rivera previsiblemente, volverán a su comportamiento habitual una vez se supere esta fase de pactos, en los que todo desliz puede derivar en un enorme yerro. 

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