Política

Gloria Álvarez: "Si los catalanes se quieren independizar, que lo hagan. Y si les va mal, que se jodan"

Gloria Álvarez
Gloria Álvarez Vozpópuli

Gloria Álvarez se ha convertido en una de las voces más críticas con la izquierda del siglo XXI en Latinoamérica. Esta politóloga y escritora guatemalteca (34 años) saltó a la fama en 2014 tras su intervención en el Parlamento Iberoamericano de la Juventud, celebrado en Zaragoza, en la que sostuvo que el populismo ama tanto a los pobres que los multiplica; "porque lo que busca es esa multiplicación de miseria para seguir recibiendo un voto a través de cualquier objeto material que en ese momento la gente necesita".

La escritora ha presentado en la presente edición de la Feria del Libro de Madrid su ensayo Cómo hablar con un conservador (Deusto), en el que defiende que el liberalismo (libertarismo) debe alejarse del conservadurismo, del mismo modo que lo hizo del socialismo.

En la portada, aparece una imitadora de Margaret Thatchet. ¿Por qué? Porque fue una liberal en economía y en el terreno social garantizó "derechos" que los conservadores quieren limitar, como el aborto. Fue una de las pocas líderes que escapó de la socialdemocracia, a su juicio.

Pregunta: Dice usted en el libro que no somos ni libres ni iguales. Juega fuerte...

Respuesta: Estamos tan acostumbrados a la civilización que nos olvidamos de que el universo no se rige por los constructos humanos que se crearon para garantizar la buena convivencia. Los conservadores te dirán que son derechos divinos dados por Dios, pero los liberales piensan lo contrario.

P: Una liberal hablando de constructos sociales. Empezamos bien...

R: (Ríe). Sí, pero lo cierto es que estos elementos están sólo en nuestra imaginación. La igualdad no existe en la naturaleza, ni las instituciones, ni el dinero, ni la tecnología. Todo eso nos ha servido para tener una vida mucho más próspera, pero son herramientas artificiales.

P: Se queja usted de lo que cuesta ser liberal en las democracias occidentales.

R: Sí, cuesta porque tu mensaje es que el Gobierno no está para ser Santa Claus; y que las necesidades convertidas en derechos, en realidad, no son derechos; y que cada cual debe pagarse y ser responsable de lo suyo. Eso es difícil que cale cuando lo que tienes del otro lado es paternalismo puro y duro.

P: ¿Y cómo cree que hay que 'iluminar' a las personas para convencerlas?

R: Es muy difícil, pero la única manera de hacerlo es con la divulgación. En el siglo XXI hay esperanza, pues, de la misma forma que los liberales y los libertarios nos alejamos del socialismo en su día, también hemos tomado distancia con el conservadurismo. Y estamos poniendo las bases para conseguir el cambio de mentalidad en el país más libre que hay: internet, donde las ideas fluyen en un libre mercado.

P: ¿Es el marxismo cultural su enemigo en esta batalla que han emprendido?

R: Por supuesto porque, como digo en el libro, tiene una enorme influencia en la educación. En Latinoamérica, todas las universidades estatales son marxistas y tienen un busto a Engels, un auditorio Marx, una estatua de homenaje al Che Guevara... Cuando algo se repite tantas veces no es casualidad, es estrategia. El socialismo se refugia en la universidad, donde conviene enseñar marxismo.

"Una vez, me advirtieron que si entraba en Ecuador iba a salir de allí en una caja de madera"

P: Conviene enseñar marxismo...

R: Claro, porque si el Estado convence de que debe tener a su disposición todos los recursos, los burócratas acaparan más poder. Es la estrategia más vieja del mundo. Eso sí, no sólo la llevan a cabo los socialistas, sino también la derecha, que, a la hora de gobernar, no acaba con el corporativismo mercantilista, ni con los subsidios, ni con los sindicatos, ni con los aranceles, ni con los privilegios...

P: ¿Afirma que todos son iguales?

R: Afirmo que todos, a la hora de gobernar, sostienen esa pantomima.

P: ¿Por creer en el Estado?

R: Por creer algo tan absurdo como que el problema es la dimensión del Estado y la solución, más Estado.

P: Usted es joven, tiene 34 años y ha vivido su juventud en mitad de la eclosión de los movimientos de izquierda de países como Brasil o Venezuela. Con perspectiva, ¿cómo hablaría de lo acaecido en estos territorios?

R: Son países que han estado metidos en la desgracia del socialismo. También le ha ocurrido a Argentina. Y le ocurre. Macri era la gran promesa liberal, pero al final se ha quedado en eso, en puras promesas. A la hora de la verdad, ha optado por la receta de aumentar el endeudamiento y los subsidios. El último en sumarse a esa ola es México, con López Obrador. No es difícil adivinar el resultado.

P: Usted es desde hace unos años una de las voces críticas con la izquierda más populares en internet. ¿Ha pagado peaje?

R: Defender la libertad siempre va a tener costos. Para los conservadores soy una marxista cultural que quiere matar niños, abortándolos. Y para los socialistas soy una facha que quiere asesinar a los niños pobres.

P: ¿Tiene la piel fina?

R: No es así. Pero me han dicho de todo, ¿eh? Me han atribuido todos los insultos que existen en la florida lengua española. Y una vez, me advirtieron que si entraba en Ecuador iba a salir de allí en una caja de madera. El matonismo está a la orden del día en internet; y el problema es que nunca sabes si procede de un troll o de un loco que tiene la pistola preparada contra ti. En el caso de Ecuador, era un chavalito de 17 años.

P: Los más desconfiados piensan que usted aspira a la presidencia de Guatemala...

R: De hecho, yo encabecé una campaña presidencial para Guatemala contra el nefasto sistema político que ahorita estamos viviendo allí.

"Hay personas brillantes en unas cosas y muy torpes en otras. Einstein era socialista".

P: Pero usted no tiene 40 años, como se exige para ser presidente.

R: Era simbólico. Pero había que denunciarlo, el nivel es nefasto. Hace unas horas (el miércoles), denuncié en un tuit a un alcalde que se había vestido de Ironman para pedir la reelección.

P: Pero entonces, ¿usted aspira a encabezar un partido y ganar las elecciones cuando tenga 40 años?

R: No tengo partido político ni intención de tenerlo. Pero quizá en un futuro sí.

P: ¿Por qué cree que en España cuesta tanto que surja un partido liberal potente?

R: Hay un partido liberal. Se llama Partido Libertario Español, tiene 10 años y tiene propuestas interesantes en libertad económica e individual.

P: No me diga eso, es una fuerza residual...

R: Bueno, es que la libertad no es cosa de mayorías. Siempre son minorías las que la defienden.

"La libertad no es cosa de mayorías. Siempre son minorías las que la defienden".

P: ¿Cómo ve la situación española, con el crecimiento hace unos años de la izquierda populista y, más recientemente, de la derecha radical?

R: Con normalidad, pues en el fondo es más de lo mismo. Que yo sepa, Podemos no ha aplicado el comunismo, sino que ha continuado la socialdemocracia y la izquierda caviar. ¿Qué diferencia a Pablo Iglesias de todos los políticos corruptos del PP? Nada.

P: ¿Y Vox?

R: Vox habla de libertad económica, pero, al final, estoy segura que aplicará las mismas recetas socialdemócratas.

P: ¿Son el feminismo, el ecologismo y los derechos LGTBI los últimos recursos de la izquierda para movilizar masas?

R: Probablemente. ¿De qué van a hablar? ¿De controles de precios? ¿De acabar con la propiedad privada?

P: Bueno, aquí hay quien defiende a Maduro.

R: Pero eso es porque, si cae la dictadura venezolana, se levantarían las alfombras y a alguno le sacaría los colores. Pondría el último clavo de su ataúd.

"Si cae la dictadura venezolana, se levantarían las alfombras y a alguno le sacaría los colores. Pondría el último clavo de su ataúd".

P: ¿Ve a Europa en una espiral de decadencia?

R: A eso se llega aplicando los diez pasos del Manifiesto Comunista, que es lo que ha ocurrido en Venezuela. Antes, pasó en la URSS, en China, en Corea del Norte, en Vietnam o en Corea del Norte. Si quieres destruir un país, aplica el Manifiesto Comunista. Así ocurrirá en cualquier territorio donde se opte por ello.

P: ¿Ha visto 'O Mecanismo', la serie de Netflix?

R: Sí.

P: Parece que en el guión no sólo entra el Manifiesto Comunista, ¿no?

R: Esa serie es especialmente lúcida al mostrar el síndrome de Estocolmo que tienen los latinoamericanos, que padecen una especial tendencia a enamorarse de sus secuestradores. Por lo general, creen que la economía debe manejarla el Gobierno y, de esta forma, se llega a casos como el de Lula.

P: No son pocos los que le consideran un héroe por allí. Incluso Juan Luis Cebrián y Felipe González le defendían en un acto, en Madrid, hace unos meses...

R: Yo estuve en la cárcel donde está Lula, en Curitiba, y allí hay hordas de gente que le dan los buenos días y las buenas noches. En Venezuela, hay gente que pone velas a las figuras de Hugo Chávez.

P: Síndrome de Estocolmo.

R: Es el Síndrome de Estocolmo total. Te acostumbran a vivir como un animal y te producen auténtico placer las migajas que te tiran los dictadores.

P: ¿Es eso lo que ocurre en Cataluña?

R: Sí, lo que pasa es que yo como libertaria no soy férrea nacionalista. De hecho, creo que las naciones-Estado son procesos que nacen, crecen, se reproducen, se expanden, se reducen y mueren. No existe el estatismo. Para mí, honestamente, si los catalanes se quieren independizar, que se independicen. Y si les sale mal, que se jodan.

P: ¿Y qué ocurre con quienes viven allí y no lo quieren, que son mayoría?

R: Hagan un referéndum. Pero renuncien a la obsesión por querer controlar los proyectos de vida ajenos. Ese mecanismo es el que lleva a los socialistas a querer controlarte la billetera y a los conservadores a intentar controlar la moral.

P: ¿No le da miedo el nacionalismo que sustenta al independentismo?

R: No suelo tener miedo de esas cosas ni hacer especial caso a los mensajes apocalípticos que se lanzan en estas situaciones. Recuerda lo que ocurrió con el brexit, parece que anticipaba el fin del mundo. Y, la verdad, estoy deseando que se materialice para que países como Guatemala puedan firmar tratados de libre comercio con el Reino Unido sin el freno de la Unión Europea.

P: ¿También critica a la UE? Algún populista europeo compartiría sus palabras...

R: No, a ver. Lo que llama la atención es que los europeos se llenen la boca sobre la necesidad de ayudar al Tercer Mundo, pero, a la vez, nieguen el comercio con esos países y se empecinen en seguir, por ejemplo, comiendo verduras y frutas propias, más caras y menos sabrosas. No tiene ninguna lógica en el mundo actual.

"Mientras se habla del desarrollo de nano-robots, hay seres humanos que todavía niegan la Teoría de la Evolución o son terraplanistas".

P: ¿Cómo ve la guerra comercial EEUU-China?

R: Como un medio para poner limitaciones al libre mercado. Es horrendo. Eso sí, luego la gente se empeña en criticar al capitalismo, cuando, en realidad, estas medidas son proteccionistas, propias de la socialdemocracia. Es mercantilismo corporativista, el gran enemigo a eliminar.

P: Ay, el capitalismo de amiguetes...

R: Claro. ¿Por qué ocurre el caso Odebrecht? Porque nos empeñamos en decir quién construye los puentes, las carreteras, los metros...y cuando el gobierno tiene el monopolio sobre esas decisiones, se las va a dar siempre a sus amigos. Entonces, se crea ese corporativismo mercantilista.

P: Pongamos a prueba su 'libertatismo'. ¿Tiene que conservar el Estado algún monopolio?

R: Sí, en seguridad y en justicia. Debe garantizar que nadie te mate ni te robe para garantizar la vida, la libertad y la propiedad.

P: ¿Policía pública o privada, a cargo de las aseguradoras?

R: Pública. Yo no soy anarco-capitalista y no creo que haya que privatizar la seguridad y la justicia. Ambas tienen que ser públicas, de lo contrario, los Estados se regirían por normas como las de las favelas, donde siempre hay grupos dominantes y monopolios de la fuerza. Ante esta situación, prefiero que ese monopolio lo tenga el Estado.

P: Usted es liberal progresista en cuanto a derechos sociales. ¿Cómo ve el auge de los evangelistas en América?

R: Es que lo que ocurre es tremendo. Estamos en un momento en el que, mientras se habla del desarrollo de nano-robots, hay seres humanos que todavía niegan la Teoría de la Evolución o son terraplanistas. Hay gente que cree que admitir la Evolución es pecado. ¿Qué hacemos con eso?

P: Hablaba antes de las ventajas de internet para el intercambio libre de ideas. Pero estas ideas también han encontrado una buena herramienta de transmisión en la Red...

R: Claro, es que cada vez que tú pones una herramienta de comunicación accesible al público, va a haber idiotas que la utilicen para idioteces.

P: ¿Le puedo preguntar si hay más idiotas que personas en sus cabales?

R: No lo sé. No sé cómo se podría medir eso. Hay personas brillantes en unas cosas y muy torpes en otras. Einstein era socialista.

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