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Miquel Giménez

Opinión

Sánchez y su diabólico Monopoly

El presidente del Gobierno en funciones, Pedro Sánchez (1i), se reúne con el secretario general de Unidas Podemos, Pablo Iglesias (2i).
El presidente del Gobierno en funciones, Pedro Sánchez (1i), se reúne con el secretario general de Unidas Podemos, Pablo Iglesias (2i). Ricardo Rubio / Europa Press

Lo que se ventila esta semana es mucho más que la investidura de Pedro Sánchez. Su posible gobierno con Podemos pondría en jaque a la Constitución y a la unidad de España.

La formación morada nunca lo ha ocultado: son partidarios de un referéndum sobre la independencia de Cataluña. Tiene el comunismo muchos puntos en común con los separatistas, aunque pueda parecer peregrino que Pujol e Iglesias sean lo mismo. Ese denominador común radica en su tremenda aversión hacia España como concepto político, cultural, histórico. El líder podemita confesaba, hace algún tiempo, en una entrevista que le costaba muchísimo esfuerzo pronunciar esa palabra, España, y que no se sentía representado por la bandera rojigualda. Con los años, ha aprendido a modular esa prevención, porque ahora habla de patriotismo. Es igual. La idea, arraigada en la izquierda, de que todo lo que suene a España es equivalente a franquismo es tan fuerte, y lo que se ha hecho para rebatirla tan poco, que la situación no puede revertirse, al menos a medio plazo.

De ahí que las dudas ante un gobierno de socialistas y neo comunistas sean enormes. Jaume Asens, portavoz de En Comú Podem en el congreso y ex mano derecha de Ada Colau – recuerden, hay quienes consideran a estas gentes el mal menor -, aseguraba en una entrevista concedida a Cataluña Radio que “No renunciamos a un referéndum en Cataluña porque creemos que es la fórmula para salir del callejón sin salida en el que estamos”, añadiendo “Hay que normalizar las relaciones con los partidos independentistas y dejar de tratarlos como a criminales”. Tras exponer clara y meridianamente como piensan en los bancos morados, dijo que, con un gobierno de coalición, los separatistas tendrían mucho más fácil apoyar la investidura de Sánchez.

Esa es la partida de Monopoly a la que está jugando de manera insensata el socialismo, con la igualdad de todos sus ciudadanos en peligro

Esa es la partida de Monopoly a la que está jugando de manera insensata el socialismo, con la igualdad de todos sus ciudadanos en peligro. Porque esa supuesta nación de naciones, federal, confederal, asimétrica o polimórfica, como se prefiera llamar, es un torpedo dirigido a la línea de flotación de nuestra constitución. Y eso sería solamente el prólogo dado que, si uno puede cargarse el ordenamiento territorial y modificarlo a su antojo, ¿quién no nos dice que acabaríamos votando en un referéndum acerca de la forma de estado?

De forma que a lo que asistiremos en estos días no será tan solo a si acaba por formarse un gobierno respaldado por la mayoría de la cámara o de si vamos a elecciones en otoño. Es mucho más grave. Lo que se dirime es si estamos en un peligroso escenario en el que van a ponerse en duda los cimientos mismos de nuestro orden constitucional que ha permitido el periodo de paz y libertad más dilatado de toda nuestra historia. De toda nuestra historia, repetimos.

Que desde el córner separatista o comunista, dos caras de la misma moneda dictatorial, se haga bandera del referéndum es normal; que el PSOE pueda seguirles el juego, es inaudito

Que desde el córner separatista o comunista, dos caras de la misma moneda dictatorial, se haga bandera del referéndum es normal; que el PSOE pueda seguirles el juego, es inaudito e impensable en cualquier otro partido social demócrata europeo. El problema es que a la vieja guardia socialista ya nadie le presta la menor atención y esos nuevos maestros Ciruela de Ferraz están más enfrascados en pisar moqueta que en sostener el sistema democrático del cual, por cierto, viven muy bien.

El tiempo corre, y ustedes, y servidor, y todos no somos más que simples fichas en el tablero de la política sanchista, que tan solo espera acabar con todo en su poder y sin pasar por la cárcel. Son malos tiempos para quienes, en lugar del Monopoly, preferimos el ajedrez. Si Sánchez fuese aficionado al juego en el que siempre se pierde por ser menos inteligente que el adversario, sabría que hacer jaque al rey conlleva un tremendo riesgo. Si no lo has planeado bien, el otro puede zafarse del envite, contraatacando. Y, entonces, se te pueden comer.

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