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Gabriel Sanz

Opinión

Sánchez baja la cabeza

En un debate electoral, tan importante como lo que alguien dice es ver su lenguaje no verbal; y el presidente en funciones estuvo todo el rato cabizbajo, escribiendo, y con la mirada huidiza respecto a sus adversarios  

Pedro Sánchez en el debate
Pedro Sánchez en el debate EFE

Es un lugar común entre los especialistas en comunicación política que el participante en cualquier debate no debe rehuir nunca la mirada a sus contrincantes porque eso transmite a la audiencia, en el mejor de los supuestos para él y sus intereses electorales, preocupación o hastío por lo que allí acontece, y en el peor de los casos, desprecio por el otro, por quienes hasta ese momento le han venido votando y... ¡ojo!, pretendes que a partir de ahora te voten a ti. 

Por eso, porque a ningún votante le gusta admitir haberse equivocado, sorprendió tanto este lunes que Pedro Sánchez se pasara buena parte de las dos horas y media de debate ante 8,6 millones de españoles cabizbajo, escribiendo y con la mirada huidiza cuando hablaban Pablo Casado, Albert Rivera,Santiago Abascal y, sobre todo, su socio en este año en La Moncloa, Pablo Iglesias.

No puede ser casualidad, porque el presidente del Gobierno en funciones llevaba días preparando el debate con su asesor electoral desde hace dos años y director de gabinete, Iván Redondo, que además le acompañó a la Casa de Campo y pudo advertirle. 

¿Qué pretendía, pues, pedro Sánchez? Alguno de los especialistas consultados por este cronista cree que fue una simple táctica presidencial para ocultar la tensión del momento, las ganas de responder a las invectivas, aún a riesgo de aparecer desagradable ante una buena parte de la opinión pública. "Un gesto para que no se le vea esa tensión que antes no hacía", señala. 

Dos horas de gesto agrio, hastiado, tenso o preocupado no ayudan a que el español sentado ante el televisor se forme una imagen atractiva del candidato socialista

Sea cual sea la razón última, el efecto es demoledor "por continuado en el tiempo", a decir de uno de los consultados; porque dos horas y media de máxima audiencia intercalando un gesto agrio, preocupado, hastiado, despreciativo, tenso -añadan el adjetivo que ustedes quieran- no ayuda a que el ciudadano sentado ante el televisor en su casa se forme una imagen atractiva del candidato.

Cierto que se puede decir, a modo de resumen, que el candidato socialista no perdió el debate en términos argumentativos ante Casado y el resto, que "salió vivo" -este periodista lo ha dicho cuando se le ha preguntado en alguna radio o televisión-, pero dudo que esa actitud no verbal le haya aportado muchos votos más. 

Un debate a cinco no lo gana nadie, solo "brilla" alguien, dicen los expertos. Hasta en eso el resultado no es positivo para Sánchez, me temo, porque ese alguien se apellida Abascal. Y como Vox logre los 50 diputados que le están adjudicando algunos sondeos de última hora y la investidura de Pedro Sánchez dependa de la abstención de un Casado con el sabor agridulce de una subida insuficiente, podemos prepararnos para la incertidumbre de un nuevo bloqueo.

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