No hay que tomar el nombre del Rey en vano. Una metedura de pata de la presidenta madrileña en la concentración contra los indultos fue el comienzo de un domingo que se presentaba negro para Sánchez y que terminó en un botellón en Moncloa cuando, por fin, el presidente se cobraba la única pieza que le faltaba para tener a su partido atado y bien atado. Susana Díaz es ya el pasado del socialismo andaluz tras la severa derrota en las primarias a manos de un peón de Ferraz que garantiza la sumisión de la federación socialista más numerosa. Y por si fuera poco, el lunes en Bruselas, Sánchez compartió 20 metros de paseíllo con Biden, todo un logro de la diplomacia española que dirige esa señora que no se viste sino que se tapiza, y responde a los apellidos González Laya, una de las candidatas a salir del Gobierno si es que se confirma a la vuelta del verano que el banquillo ministerial va a sufrir un terremoto, lo que no garantiza para nada que los cambios sean a mejor.

De momento seguimos a la espera de los indultos que se producirán, según Iceta, antes del primero de agosto cuando los españoles piensen en la toalla y la crema solar y no en la perpetración de una ignominia que Sánchez nos esta haciendo consumir a pequeñas dosis para ver si así nos tragamos el frasco entero y lo digerimos en el chiringuito. Los indultos llevarán la firma del Rey porque así lo dispone la Constitución en la que no creen los soberanistas, lo que va quedando de Podemos y el propio Sánchez. Es decir, que Felipe VI firmará por imperativo legal pero no gozará de los privilegios de quienes quisieran pasarle a cuchillo, y poder dejar claro que lo hace porque él sí cree en nuestra Constitución a diferencia del Gobierno y sus cómplices.

Igual que quienes pretenden unir a la Monarquía con lo que llaman extrema derecha desde la extrema
izquierda más rancia e inculta de nuestra historia

La verdad es que se trata del mismo jefe del Estado que, ejerciendo como tal, les cantó las cuarenta tras el uno de octubre del año 17. Pero si alguien piensa que esa firma valida la fechoría se confunde gravemente. Igual que quienes pretenden unir a la Monarquía con lo que llaman extrema derecha desde la extrema izquierda más rancia e inculta de nuestra historia. Si el monarca es el garante de la unidad de España y de la democracia reinstaurada tras la muerte del dictador, no lo toquéis ya más, que así es la rosa. Desde la abdicación de su padre, el rey Juan Carlos, don Felipe ha demostrado ser conocedor al dedillo de cuál es su papel aunque haya tenido que transitar por esta ópera bufa en la que ha convertido España el campeón de los 20 metros lisos en la sede de la OTAN. Por eso no necesita a ningún partido que le proteja, porque sabe defenderse él sólo como ha demostrado en estos años turbulentos, en lo político y en lo personal.

El referéndum de Iceta

Al Rey, es la sociedad española por inmensa mayoría quien le defiende y le arropa. Y es así como debe ser. Los sondeos que se han hecho en varias ocasiones demuestran que, de producirse el referéndum que les gustaría a los Belarra boys, la Monarquía saldría victoriosa por goleada. Tanto su padre como él han sabido guardar la neutralidad, a diferencia de Alfonso XIII que propició el golpe de Primo de Rivera, y así le fue. Nos quedan dos años largos de legislatura en los que todavía pueden ocurrir cosas graves que sigan deteriorando nuestras instituciones hasta desnaturalizar la Constitución. Una pista acaba de ofrecer Miquel Iceta insinuando que puede haber en Cataluña un referéndum para aprobar un nuevo Estatut en el que, con toda seguridad, se dejará una puerta abierta para la autodeterminación. La nación de naciones con la que sueña Sánchez es posible que no les parezca suficiente ni a Junqueras ni a Puigdemont y llegaríamos a las próximas generales sin que se haya parcheado el llamado problema catalán. Eso sería un palo muy serio para las aspiraciones de volver a ganar las elecciones de Pedro Sánchez. El centro derecha debería no distraerle mientras se equivoca y no pensar en el corto plazo. Porque no existe.