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Félix Madero

Opinión

Es la política la que está vaciada

Votar es un ejercicio de riesgo en el que uno termina siempre cabreado consigo mismo

Es la política la que está vaciada
Es la política la que está vaciada

Y viciada. Cambian las caras, se rejuvenecen los líderes, pero los españoles seguimos teniendo la desgracia de soportar a una clase política que, más allá de que sea buena o mala, cualificada o no, resulta poco fiable. Y este es el problema que crea desasosiego y desafección. Cada elección lo son aún más. O puede que al cumplir años la desconfianza sea mayor y no sólo para meter una papeleta en la urna. Votar es un ejercicio de riesgo en el que uno termina siempre cabreado consigo mismo. Y así, para el que se crea las encuestas, sondeos, trackings, estadísticas y estudios demoscópicos con aspecto de filete ruso, es como están unos cuantos millones de españoles. Dicen que son los decisivos. ¿Quién lo sabe? Es seguro que en lo que llaman ahora la España vaciada resida una buena parte de la suerte que van a correr  dentro de 26 días los bloques de derecha, por una parte, y de  izquierda más las vísceras de Frankenstein juntas por el otro, que Dios nos remedie de una nueva experiencia como la ya padecida.

Ahora que están enterrando a Rafael Sánchez Ferlosio y que parece, por lo que vemos en los periódicos, que lo hemos leído más que al Capitán Alatriste -cómo somos los españoles, qué facilidad para hablar de aquello que ignoramos-,  les traigo una frase que rescato de una de sus últimas entrevistas: “Nadie es tan poderoso como el justo cargado de razón”. Suena bien, pero lo cierto es que es eso, lo típico de un intelectual como Ferlosio, que todo lo que dice y suena bien tiene difícil aplicación.

¿Quién ha vaciado esa parte de España sino las diferentes políticas impulsada por tantos y tantos gobiernos de derecha e izquierda?

Cincuenta mil justos cargados de razón tomaron el domingo las calles de Madrid para decirnos que están hasta donde usted y yo imaginamos de vivir en desiertos, en villas sin carreteras, sin panaderías, farmacias, oficinas bancarias, sin autobuses de líneas, sin médicos… Hasta los curas que mejor que nadie  saben que muchos serán los llamados y pocos los elegidos se van allá dónde el pecado habita y es más rentable.

No creo que los que vinieron de Teruel y Soria, Cuenca y Guadalajara sean poderosos, ni siquiera ahora que estamos a punto de votar y se dirimen 99 escaños en la España vaciada. Si de verdad lo fueran habrían empezado por ahorrarnos el repugnante espectáculo de dar espacio, razón y hasta un sitio en la foto a los políticos que ayer pedían a gritos una solución.

Y lo pedían sin ningún respeto, como si no fueran ellos los culpables de lo que está pasando en el campo, las villas vacías, en los pueblos muertos y llenos de viejos donde sólo nacen gatos y alguna vaca. ¿Qué hacían ahí cinco ministros de Pedro Sánchez? ¿Qué el resto de dirigentes? ¿Es que alguno, más allá de lo que aportó Albert Rivera, ha metido es su programa político unas líneas para acabar con esta desigualdad que rompe España por la mitad. A estos que vinieron les van a hablar de la reforma Constitucional, del problema catalán o de la tesis de Sánchez. Y sin embargo tienen el poder que les otorgan 100 escaños en un Congreso con 350. Si hubieran empezado negando a los políticos vacíos de esta España vaciada su participación en la manifestación, igual la tomadura de pelo será menor. Porque les volverán a tomar el pelo tras el 28-A. Me sorprende que los de Teruel, que llevan 20 años en la lucha, no lo hayan hecho. Cinco ministros, cinco, en la manifestación, hay que tener poca vergüenza y respeto por la verdad. Pero, ¿quién ha vaciado esa parte de España sino las diferentes políticas impulsada por tantos y tantos gobiernos de derecha e izquierda?

Y ahí estaban, como si con ellos no fuera la cosa. Para solucionar el problema de los pueblos del desierto español, para ayudar a la España vaciada hay que llenar antes de dignidad y nobleza la política española. Y eso no va  a pasar mañana en una actividad que vive por y para la apariencia y el cortoplacismo. O sea, en la más absoluta de las mentiras. Incluso con aquellos justos cargados de razón que ayer, sí ayer, se hubieran manifestado lejos de los políticos y las políticas que han acabado con sus vidas. Y pronto con sus recuerdos. Y después con la memoria.   

Antes de terminar

¿Objetivamente es mejor candidata Dolors Montserrat que Esteban González Pons? No, sin duda alguna. Nos queda la esperanza de que en el Parlamento Europeo Dolors Montserrat se haga entender en inglés mejor que en el español que gastaba como portavoz en el Congreso. Porque, ¿hablará inglés la número uno de las lista? ¿O no? Después de Suárez Illana llega Dolors Montserrat. Menos mal que ya no hay capacidad para la sorpresa. ¡O sí, vaya usted a saber!

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