"Lo único necesario para que triunfe el mal es que los hombres buenos no hagan nada". Edmund Burke

Sin querer resultar cansino, sigo pensando que estamos a punto de abrir una puerta que será muy difícil cerrar. Si no lo remedia alguien, este próximo miércoles día 16 entrará en vigor la Ley Orgánica 7/2021 de protección de datos personales tratados para fines de prevención, detección, investigación y enjuiciamiento de infracciones penales y de ejecución de sanciones penales.

Respecto de cuáles son las razones por las que me parece una barbaridad desde la perspectiva de las libertades individuales, ya me expresé en estas mismas páginas la semana pasada, por lo que no volveré sobre ellas. Voy a tratar de pintar qué supone, ahora mismo, un sistema de seguridad como el que se va a instaurar en España sin que ningún organismo oficial ni ningún medio haya siquiera dado la batalla de, simplemente, preguntar por qué, comprando en rebajas y sin discusión el comodín de Bruselas y el coste diario de la sanción.

Máxima tecnología para controlar en la máxima pobreza. El crédito social está en vigor desde 2020, de forma que cada ciudadano es puntuado de acuerdo con sus virtudes cívicas

Fue en Alquimia donde traté por primera vez el tema de los uigures en China. Para ellos, la seguridad consiste en el sometimiento constante. Ya en 2019, el New York Times se escandalizaba por las técnicas de control y seguimiento de esta minoría de alrededor de 21 millones de personas, fundamentalmente de credo islámico. En un solo mes, el sistema era entonces capaz de controlar más de medio millón de habitantes de la capital oficiosa de esta etnia, Sanmenxia, una ciudad de más de dos millones de habitantes. La empresa CloudWalk anunciaba en su web la capacidad de su tecnología de reconocer grupos “sensibles” de personas, como “uigures, tibetanos u otros”, llegando a, incluso, establecer sistemas de alerta automática en el caso de que alguien entre o salga de un determinado barrio en ciertas horas. Por supuesto, la tecnología de CloudWalk se ha exportado, con éxito, a democracias tan consolidadas como la zimbabuense, para “resolver problemas relativos a la seguridad social”.

Hoy, gracias a un reportaje de Pablo M. Díez, sabemos que, en la puerta de cada casa de adobe, un código QR emitido por la compañía de telecomunicaciones Unicom informa de quiénes son los habitantes de la morada. Máxima tecnología para controlar en la máxima pobreza. El crédito social está en vigor desde 2020, de forma que cada ciudadano es puntuado de acuerdo con sus virtudes cívicas. Sí, igual que puntuamos un restaurante o un Cabify, pero por el Estado. De esta forma, el ciudadano sabe cuáles son los límites que no puede sobrepasar, por su seguridad y la de todos.

Cuándo una noticia es un bulo

En pruebas desde hace años, en marzo de 2018 alrededor de nueve millones de viajeros fueron incapacitados por el gobierno para adquirir billetes de avión. Pasar muchas horas jugando online puede llevar a una reducción de la velocidad de acceso a la red. Un buen ciudadano paga a tiempo sus facturas, y no gasta el dinero en productos considerados frívolos, y no difunde (conscientemente o no) noticias falsas por las redes sociales. No es difícil saber quién determina cuánto es mucho tiempo de juego, cuál es retraso aceptable en el pago, qué y cuándo se debe consumir, y cuándo una noticia es un bulo. Quienes tengan deudas disponen de un tono de llamada entrante exclusivo, independiente de su voluntad y del smartphone del que dispongan, que alerta a los demás de la presencia del deudor; así, los demás sabrán, por su seguridad, con qué persona están tratando, obviando la pesadez de un proceso judicial.

Un buen ciudadano pone la lavadora y plancha antes del amanecer, porque el bien común lo exige. Admitimos casi cualquier cosa porque no somos malos ciudadanos

También sabemos que, este próximo verano, los periodistas que sigan los Juegos de Tokio serán constantemente monitorizados por GPS, por supuesto para garantizar su seguridad y la de todos, ante el riesgo de rebrotes de una pandemia un en Japón con menos de un 3,5% de la población vacunada. "Para asegurar que las personas no vayan a lugares distintos a los que se les permite ir, usaremos el (sistema) GPS para gestionar estrictamente su comportamiento", señaló Seiko Hashimoto, presidenta del comité organizador. De no respetar el confinamiento digital, los profesionales se arriesgan a perder su acreditación. Es cuanto menos extraño que esta noticia no cause ningún comentario en España.

Alguien, muchos, pensarán que China es China, y que Japón es Japón, y que España es España. Y, efectivamente, cada país tiene sus peculiaridades. El problema aparece cuando el gobierno empieza a introducir cambios sutiles, o no tanto, para modificar los hábitos de los ciudadanos y los aceptamos no ya sin rechistar, sino sin siquiera debatir, y a aplicar la tecnología para monitorizarnos. Un buen ciudadano pone la lavadora y plancha antes del amanecer, porque el bien común lo exige. Admitimos casi cualquier cosa porque no somos malos ciudadanos, y esto no va con nosotros, porque los malos, hoy, son otros. Ya lo expresó, mucho mejor que yo, Martin Niemöller. O quizá fue Brecht. Qué más da.