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Jose Alejandro Vara

Opinión

La maldita herencia de Carmena: Trump entra en la Gran Vía

Carmena convirtió el centro de Madrid en la ciudad prohibida. Madrid Central es ahora objeto de tensiones políticas y verborrea demagógica. Una herencia tóxica 

Manifestación a favor de Madrid Central.
Manifestación a favor de Madrid Central. EFE

Han vuelto los abajofirmantes, los intelectuales orgánicos, los replicantes de la ceja, los cofrades del progreso, han vuelto para arropar el último aliento del mandato de Manuela Carmena, la alcaldesa efímera de Madrid, recién defenestrada y ya olvidada.

La izquierda se ha aferrado a la bandera del Madrid Central, un concepto municipal y espeso, y se ha lanzado a una gran batalla ecológica en el cogollo de la ciudad. Contra los reaccionarios de la derechona, reza el lema de la campaña, contra esos hotentotes de las cavernas que quieren inundar el asfalto con automóviles contaminantes y sacrificar bicis y patinetes en la pira pública. ¿Dónde un Hemingway que lo cante?

El 'proyecto MC' se congela, se pone en suspenso mientras se negocia con transportistas o comerciantes. Todo eso que no hizo Carmena

Fruto de un acuerdo post-urnas, una coalición de centroderecha gobierna Madrid desde hace apenas un par de semanas. Carmena y su equipo diletante y displicente, el peor gobierno municipal que recuerda la ciudad, tuvo que recoger la impedimenta y tomar el portante. Empreñados hasta la ira, como se comprobó en los discursos de Carmena y Pepu en su despedida, sus acólitos y rapsodas siguen ahora aquel consejo de Zapatero: "Hace falta tensión, más tensión".

Madrid Central es la excusa, es el estandarte movilizador contra el Gobierno de Martínez-Almeida.MC, como decía uno de sus defensores, "va a ser un 15-M verde, ecologista y antifascista". No lograron ganar el Ayuntamiento en las urnas, ahora están en las calles. Salieron el sábado en tropel, unos diez mil congregados a la sombra de la Cibeles, según el cómputo del delegado del Gobierno. Ellos decían 60.000. Portaban pancartas estrafalarias y lanzaban gritos estrambóticos: "Almeida nos asfixia", "Nuestra salud está en juego", "Este alcalde nos quiere enfermos". "Trump y Bolsonaro quieren dinamitar el Madrid Central".

La carrera de los despropósitos

Tal carrera de despropósitos acaba de ponerse en marcha. El alcalde Almeida ha dispuesto una moratoria de las multas que Carmena imponía a quienes pretendían penetrar en el corazón vedado de la ciudad. El proyecto MC se congela, se pone en suspenso mientras se negocia y evalúa. Todo eso que no hizo Carmena. Transportistas, comerciantes, colegios públicos... son llamados a consulta. El trance es complicado. El PP basó su campaña, entre otros asuntos, en tumbar este cinturón de hierro. Ciudadanos, sus socios de Gobierno, pretenden tan solo unos retoques cosméticos. Vox, con cuatro concejales decisivos, exige contundencia. ¿Se encogerá el PP ante las presiones callejeras?

Detrás vendrá la reactivación de las 'mareas blancas' de la Sanidad o la enseñanza; en cuanto Díaz Ayuso asuma la Presidencia de la Comunidad

Los estudios de contaminación son dispares según quien los evalúe o los esgrima. Dicen los activistas que MC ha sido un venturoso milagro que ha convertido a Madrid en la ciudad más respirable, limpia y saludable de Europa. En tres meses. Por contra, apostillan sus refractarios que MC ha potenciado el 'efecto frontera', esto es, que ha aumentado la polución y la molicie ambiental en las zonas limítrofes (y más pobres) con el área restringida.

Chachas y chapuzas

Un resumen muy lúcido leído en las redes apuntaba: "Los que viven en MC lo quieren como una urbanización de las afueras. Sólo entran los coches de los inquilinos, las empleadas del hogar en bus y las furgonetas de los chapuzas, así como las visitas en finde, previa identificación en la garita de los seguratas". 

La ofensiva acaba de arrancar. ¿Quién no es feminista, pacifista o ecologista? Un amplio espectro de podemitas huérfanos, izquierdistas con burbujas, columnistas de salón y filósofos del Chicote abandonan ahora sus sillones dispuestos a dar otra lección a la carcundia. "No pasarán", "Nunca máis". Guerracivilismo y Prestige.

Los amigos de Greenpeace protagonizaron escraches en la Gran Vía para impedir que los coches circulen por lo sagrado. Habrá muchos más, anuncian los guerrilleros carmenitas. Es un proceso previsible. Igual que se espera ya la reactivación de las 'mareas blancas' de la Sanidad o la enseñanza en cuanto Isabel Díaz Ayuso asuma la presidencia de la Comunidad. "Alerta antifascista", gritó Iglesias tras la victoria del centroderecha en Andalucía. Trump acaba de entrar por la Gran Vía. 

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