Ese genio llamado Jardiel Poncela ya imaginó qué sucedería si Dios, en este caso, el Padre, descendiera a España, tierra de creyentes escépticos o de escépticos creyentes, como ustedes gusten. La tournée de Dios, obra de Jardiel y acaso la mejor de todas, nos muestra a un Todopoderoso tan disgustado con las derechas como con las izquierdas. Corrían tiempos aciagos en España, en vísperas del terrible enfrentamiento civil. A Dios no podía complacerle la arrogancia de unos y otros, y por eso abandona Madrid solo, salvo por la compañía de un periodista amigo suyo, paradigma de ese español que no está con nadie más que con su propia conciencia.

Siguiendo modestamente el ejemplo del insigne escritor, me propongo hacer el mismo ejercicio. ¿Qué sucedería si Jesús volviera a la tierra en España esta Semana Santa? Mucho me temo que, de entrada, El País, la SER y Cintora dirían “Ayuso no sabe que inventarse para ganar y da un golpe de efecto invitando a Jesucristo”. Podemos saldría airado argumentando que Jesús es votante de VOX y que sería intolerable que Madrid acabase convertida en la única región europea con un Hijo de Dios. En TV3 afirmarían que, dado que el Mesías nació en Sant Pau de Seguries y no en Belén como ha pretendido hacernos creer España, debería reclamar la amnistía para los presos. Puigdemont no sé si se lo tomaría demasiado bien, porque cree que la única divinidad en este mundo es él, así que la competencia no sería de su agrado.

Casado intentaría ficharlo para la lista de Madrid como número uno, desplazando así a Ayuso de una vez para siempre. “Votarás divinamente”, sería un eslogan magnífico, se dirían los estrategas de Génova. Arrimadas no perdería un segundo en acudir a hacerse un selfi con el Redentor para, como el que no quiere la cosa, preguntarle con caída de ojos si no estaría interesado en fichar por Ciudadanos porque si de algo andan precisos en estos momentos es de un milagro. Por descontado, en TVE no darían la noticia pues de todos es sabido que Dios es de derechas. Pedro Sánchez se apresuraría a dar una rueda de prensa de cinco horas para sentenciar que la llegada es fruto de su excelente gestión al frente del país. “¿Y por qué Jesucristo ha decidido venir precisamente a España? Porque en el Cielo se sabe que somos un país con un Gobierno firme, estable, con políticas de sostenibilidad sosteniblemente sostenida, algo que no sucede en ningún otro país”.

Irene Montero y sus mariachis pseudo feministas atacarían a Jesús exigiendo que sea la Virgen María la que baje, porque que sea un hombre quien anuncie el fin de los tiempos, que en eso consiste la segunda venida, es machista, heteropatriarcal, opresor y va en contra de la lucha y la igualdad de las mujeres y todos los colectivos trans. En Sálvame intentarían buscar cosas comprometedoras acerca del Crucificado, como su relación con la Magdalena, y sus tertulianos aportarían comentarios tipo “Sé de buena tinta que se casaron en secreto en Méjico”. En Vox exclamarían que hasta que ellos no han entrado en el parlamento Jesús ni se había planteado volver, y menos a España. En fin, quién más quién menos intentaría arrimar el ascua a su sardina intentando obtener rédito a costa de quien ofreció su vida para redimirnos de nuestros pecados.

Claro que no todo sería así. Los que padecen enfermedad, ¡y son tantos!, le rezarían para sanarse; los que se han quedado sin nada y nada han recibido por parte de la administración suplicarían justicia, como la que hizo con los mercaderes del templo, expulsados por ladrones; los niños sonreirían ante la luminosa faz de Jesús, siempre dulce con la infancia; los ancianos encontrarían en su mirada el consuelo que no les brinda la sociedad; los desesperanzados, en suma, buscarían la palabra del Hijo del Hombre para iluminar su terrible vacío. No sería, pues, en vano esa llegada como no lo fue hace dos mil años. Solo los paganos, los fariseos, los miembros del Sanedrín, los Pilatos y los Judas harían aspavientos y abominarían e Él.

Esto que digo es pura ficción, claro. Aunque nada de ello sea mentira.