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Juan Laborda

Opinión

Frente a la distopía de las derechas, la TMM

Lo que nos jugamos en los próximos años va más allá de los temas sociales y económicos. Tiene que ver con la defensa de nuestras libertades frente a los propósitos del 1% más rico

Bolsonaro y Trump
Bolsonaro y Trump

Desde finales de los años 70, pero muy especialmente tras la llegada al poder de los neoconservadores Margaret Thatcher y Ronald Reagan, se impuso el actual “pensamiento único” o “consenso de Washington”, puro laissez faire, que dio lugar a un sistema de gobernanza distópico llamado Neoliberalismo. Detrás de la Gran Recesión, del caos financiero, de la caída de la productividad, de la desigualdad, del recurso interminable a la deuda, del actual Totalitarismo Invertido, se encuentra el capitalismo libertario del laissez-faire que predicaban Milton Friedman y Friedrich Hayek, al que se permitió desbocarse sin reglamentación. Hete aquí el quid de la cuestión.

No contentos con ello, para rematar la faena y ante la brutal crisis del sistema capitalista que se nos avecina -Raghuram Rajan y Ray Dalio, por poner dos ejemplos, ya han avisado y lo detallan sucintamente en sus conferencias- las élites, aquellas que pretenden conservar lo obtenido tras sus fechorías, urgen derribar el segundo elemento clave del consenso surgido en las democracias occidentales tras la II Guerra Mundial. Nos referimos al maltrecho Estado Social y de Derecho recogido en las constituciones de los países democráticos, y cuyo punto de partida es la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948. Lo que nos jugamos en los próximos años va más allá de temas meramente sociales y económicos, que también. Tiene que ver con la libertad. Nuestras libertades, frente a la acumulación del 1% más rico. Como me explicó hace años un lector de este blog, nos acercamos a los Juegos del Hambre.

Vox, sin complejos

En nuestro país el último ejemplo es el programa económico de Vox. Éste es acorde con su concepción de la sociedad. He de reconocerles una virtud. A diferencia de sus correligionarios del PP y de Cs, no mienten, y dicen aquello que realmente quieren aplicar. Además, frente a los exabruptos de Casado, Rivera y compañía, sus principales líderes mantienen un discurso formalmente calmado y educado. No tienen por qué ocultarse, ni disimular. Por eso Vox va a devorar electoralmente a PP y Cs. La caricatura de Casado es un anticipo; y el nacionalismo de Rivera, incompatible con el liberalismo clásico, otro.

Las propuestas de Vox suponen un retroceso en términos de libertades y derechos civiles y su programa económico lleva a niveles extremos la protección de los que más tienen

Porque Vox, al igual que Bolsonaro en Brasil, o el propio Trump en los Estados Unidos, son neoliberales en stricto sensu, que no liberales. Mientras que sus propuestas suponen un retroceso en términos de libertades y derechos civiles, su programa económico lleva a niveles extremos la protección de los que más tienen. Reducen el estado a la policía, ejercito, cárceles y jueces. Esta doctrina liberal extrema se entremezcla con teorías que arrojan sobre las leyes de la naturaleza la responsabilidad de la miseria de las clases trabajadoras, y fomentan una profunda indiferencia y culpabilidad hacia sus padecimientos. Supone consolidar una combinación de políticas económicas, sociales, educativas… claramente regresivas, ineficaces e injustas, pero que empezaron a ser desplegadas en las últimas tres décadas por el establishment político y económico, y vociferadas como verdades absolutas por su aparato mediático. Ambas concepciones, Neoliberalismo y liberalismo, no son equivalentes, aunque la deriva de muchos liberales, social-liberales e incluso socialdemócratas acabe en una confusión de confusiones.

El fracaso liberal de Ciudadanos

No me voy a entretener ni un segundo en comentar los exabruptos de Casado y su partido. No merece la pena. Pero sí me gustaría detenerme en Ciudadanos y Rivera, porque lo que nos jugamos va en serio y no entiendo a estas alturas su posicionamiento. Hace unos meses, el ensayista Ignacio Sánchez Cuenca en una pieza exquisita, El imposible liberalismo en España, publicada en La Vanguardia, puso de manifiesto el fracaso patrio de cualquier intento de crear un partido liberal. Su argumento era contundente: “la exaltación de la nación española, así como la defensa de un modelo territorial centralista y uniformizador, se llevó por delante el credo liberal…”. Los partidos liberales deberían tener en el centro de su acción política, la defensa de las libertades y derechos civiles, aspectos en los que sin duda deben encontrarse con la izquierda radical. Pero al final, y muy especialmente por la acción de Vox, su “liberalismo” se diluye y se concentra exclusivamente en la defensa del liberalismo económico, donde los de Cs a estas alturas son unos aprendices de brujo al lado de la propuesta de Vox.

Los liberales de hoy, que condenan toda intervención del Estado, han ignorado de manera sistemática la monstruosa injusticia de la distribución actual de la renta y la riqueza

Frente al liberalismo de Adam Smith, siempre antepongo el liberalismo de Henry George, que siempre tuvo una especial preocupación por los derechos civiles y sociales, y por el bienestar de los trabajadores. Porque los defensores a ultranza del liberalismo, aquellos que se alzan contra el papel del Estado en la economía, no solo no han manifestado especial interés hacia el bienestar de las clases trabajadoras ni deseo de elevar sus salarios, sino que han negado toda justicia al empleo de los poderes gubernamentales con ese propósito. Por ello los liberales actuales condenan la intervención gubernamental respecto de las horas de trabajo, del tipo de los salarios, del empleo de las mujeres, de la acción de los sindicatos, proclamando que la ley de la oferta y la demanda es el único regulador verdadero y justo. Han ignorado de manera sistemática la monstruosa injusticia de la distribución actual de la renta y la riqueza. Disponían, y disponen, de otra alternativa liberal en la historia, apasionante, la del estadounidense Henry George. ¡Qué lean!

Podemos, la socialdemocracia y la necesidad de ser valientes

La socialdemocracia europea continental, no así la estadounidense o británica, está completamente desnortada. La clase trabajadora de Alemania, Austria o Dinamarca no se olvida de la profunda traición de sus partidos socialdemócratas. Los “mini-jobs” de Gerard Schoerder, con sus míseros salarios, ya alcanzan al 25% de la población teutona, cuando en principio iban a ser temporales. En Austria y Dinamarca, más de los mismo.

En este contexto, ¿cuál debe ser la propuesta de la izquierda? ¡Ya está hecha! Lo hemos comentado los últimos meses, incluso en 2016 desde estas líneas la detallamos en cuatro blogs. Su nombre es la Teoría Monetaria Moderna. Todo lo demás, parches. Bernie Sanders y, sobretodo, Ocasio Cortez, sí que han hecho los deberes, de una manera exquisita y sin tapujos, de enfrentamiento directo contra la doctrina Neoliberal, pero con propuestas emanadas desde las bases, y sustentadas en datos, hechos, teorías ciertas, no vaguedades, ni humo. Para ello han contado además con el apoyo del think tank heterodoxo más importante del mundo, “The Levy Economic Institute”. Por eso, los economistas ortodoxos, frustrados por su incapacidad para intimidar a los nuevos políticos electos progresistas estadounidenses -congresistas, senadores y gobernadores-, lanzaron un ataque coordinado (Paul Krugman, Kenneth Rogoff, Oliver Blanchard, Lawrence Summers, De Long…) contra la Teoría Monetaria Moderna (TMM). Pero, paradojas de la vida, a fecha de hoy, la única alternativa que tiene el capitalismo para evitar la rebelión de las masas, que detallan Raghumar Rajan y Ray Dalio, es adoptar la TMM. La alternativa, la distopía que nos ofrecen las derechas patrias, donde los más débiles serán ignorados todavía más que ahora.

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