Opinión

Feijóo va de visita

El PP confunde las moquetas con Cataluña y ese error no es de ahora sino que viene de antiguo

El presidente del PP, Alberto Núñez Feijóo.

Una vez solventada la crisis sucesoria en Génova.- quién se acuerda ya del dúo tragicómico Casado-Egea.- y tras aposentarse en su nuevo cargo de presidente del Partido Popular, Alberto Núñez Feijoó, hombre de orden, se dispuso a cumplir con un rito de paso imprescindible para todo líder entrante del PP que se precie: La visita a Barcelona.
Se escogió para tal importante evento el marco del Círculo de Economía, institución creada en 1958 por importantes apellidos de la élite económica y financiera de la ciudad bajo el patrocinio del historiador Jaume Vicens Vives y presidida en la actualidad por el financiero Javier Faus, fundador y presidente de la empresa de administración de fondos Meridia Capital Partners.

Como corresponde a su ADN, es difícil encuadrar la postura política del Círculo de Economía. Partidario de un entendimiento del independentismo con “España” que mantenga para Cataluña las mayores ventajas políticas y económicas, transita suavemente entre las distintas tendencias en una suerte de tercera vía con el ojo siempre puesto en la cartera. Nada que objetar a ello, es un club privado y hace muy bien en mantener los cauces de comunicación abiertos con quienes considere oportuno para la protección de sus intereses, por muy difícil que resulte de tragar para los ciudadanos de a pie, que ya sabemos, pobrecitos míos, que desconocen, desconocemos, cómo se mueve el mundo del dinero. Pues entre todas los posibles lugares a disposición de Feijóo para su primera jornada en Cataluña como presidente del PP,  este fue el escogido. El selecto salón de una élite barcelonesa completamente alejada del pueblo llano votante.

Una vez allí, Feijóo dio rienda suelta a su pragmatismo. Apoyándose en su imagen naturalmente presidencial, habló de nacionalidad para referirse a Cataluña, de respeto a las peculiaridades lingüísticas y territoriales y de la necesidad de centrarse en la gestión y no en la política. Un discurso que contentó a los asistentes que debieron salir pensando que Feijóo es mucho mejor que Casado, un tipo dialogante y comprensivo con las necesidades de Cataluña, al que por supuesto no van a votar.

No habló de la inmersión lingüística y de la lucha heroica de tantos padres que han dado el paso de pedir el 25 por ciento de escolarización en español para sus hijos


Feijóo habló de muchas cosas en el Círculo y decidió omitir las fundamentales para su electorado, ese que tras infinitas traiciones del PP sigue votándole y le consiguió tres escaños en el Parlament. No habló de la inmersión lingüística y de la lucha heroica de tantos padres que han dado el paso de pedir el 25 por ciento de escolarización en español para sus hijos, pagando el consiguiente precio social. No habló de la retirada del estado en el territorio, en el que brillan por su ausencia en los edificios públicos los  símbolos comunes a todos los españoles. No habló tampoco del secuestro de TV3 por parte del independentismo, desde donde martillea sin compasión su propaganda insoportable e infinita. Feijóo habló de todo menos de lo difícil que es ser español en Cataluña ante una audiencia que no le va a votar y sus partidarios se quedaron una vez más con cara de tontos viendo desde muy lejos un encuentro de élites que nada tiene que ver con ellos.

Jamás le votarán


Podría haber ido a mi ciudad, Lérida, plaza difícil en la que su partido no consigue sacar diputado nacional, o a la Meridiana, hasta hace tan poco torturada por cortes diarios de la calzada a cargo del independentismo radical. Podría haber paseado por el cinturón industrial en el que antiguos emigrantes se sienten ahora ciudadanos de segunda clase por provenir de otras regiones de España, o al mismo Canet de Mar, a dar ánimos a esos padres que se tiraron a la piscina de la libertad para su hijo sin que hubiera agua institucional que los protegiera.
Podría haberlo hecho, pero no lo hizo. La primera visita fue para complacer a quienes jamás le votarán dejando de lado a los que siempre le fueron fieles.

El PP confunde las moquetas con Cataluña y ese error no es de ahora sino que viene de antiguo. Va de visita a donde debería sentirse en casa. Desde el andén, decepcionados, le decimos adiós.