“De muchos, uno” es el lema que eligieron las trece colonias para su nuevo país independiente, los Estados Unidos de América. También lo llevan los jugadores del Benfica en el escudo. Esa transformación es el elemento común que encontramos en todos los casos de sociedades exitosas. E pluribus unum no solo tiene 13 letras, como las 13 colonias, sino que es el lugar común de los aparentemente opuestos: aquellos que anhelan la semejanza y aquellos que bendicen la diversidad. Los que añoran la patria y los que se sienten ciudadanos del mundo. Si existe un “uno” en el que podemos reconocernos el que lo encuentre obrará prodigios.

El miércoles pasado Mario Draghi se dirigió al Senado italiano unas horas antes de ser refrendando como primer ministro del país. Con su intervención no solo dibujó las líneas maestras de su estrategia, también dio señales claras de conocer el secreto de ese milagro.

Sus palabras tienen mucho que ver con la emoción y con la responsabilidad. Con Martha Nussbaum -Emociones políticas, Paidós 2014- y con la Política como vocación de Weber. Con Jonathan Haidt y su matriz moral -The Righteous mind, Penguin Books 2013- y con Hugh Heclo y el pensamiento institucional que “moldea nuestra conducta” y nos recuerda que “el presente es un momento más de una larga empresa en marcha”.

Hay quien lo define como progresista y socialdemócrata. Otros lo califican de reformista, ecologista, europeísta, atlantista, o tecnócrata

Las ideas expuestas lo han hecho merecedor de numerosas etiquetas. Hay quien lo define como progresista y socialdemócrata. Otros lo califican de reformista, ecologista, europeísta, atlantista, o tecnócrata. Y también hay quien se fija en su solidez intelectual y su conocimiento profundo de la economía.

Yo vi el plan y las palabras de un humanista muy inteligente que convierte la idea de sostenibilidad en un asunto serio, alejado de dogmas y unicornios. Un estadista que apela por igual a idealistas, materialistas, al sur empobrecido y al urbanita liberal.

“Satisfacer las necesidades de la actual generación sin sacrificar la capacidad de las futuras generaciones de satisfacer las suyas” es la definición de sostenibilidad. Si solo pensamos en el cambio climático o en preservar el ecosistema y su biodiversidad nuestra visión es reduccionista e incompleta.

Pagar deudas, generar confianza

La sostenibilidad es ser usufructuarios en el más amplio sentido de la palabra. Implica ser responsables del cuidado del legado recibido y de la bondad de la herencia que entregaremos, mientras resolvemos los problemas del presente. La sostenibilidad implica, también, ser capaz de pagar las deudas y generar confianza. Por eso Draghi señala que despilfarrar recursos no solo daña a los vivos: roba derechos a las siguientes generaciones. Esto vale tanto para las cuentas públicas como para la calidad de nuestro sistema educativo o la limpieza de nuestros mares y del aire que respiramos. El ser humano es solo una pieza en un complejo sistema, pero una pieza dotada de la capacidad de alterar el futuro.

Draghi habla de amor a la patria y valores compartidos. Muestra que le importa el sacrificio de los que han tenido que cerrar sus negocios o de los niños sin colegio que arrastrarán un déficit en su aprendizaje. Habla de reformas pensadas no solo para dar respuesta a la urgencia del momento sino para cimentar el futuro. Propone mecanismos para reducir la desigualdad de oportunidades y fomentar la innovación, la formación, la generación de energía, las infraestructuras sostenibles, la solidaridad generacional e interterritorial y la excelencia.

El reconocimiento de los numerosos muertos, muchos más de los que señalan las cifras oficiales, o el compromiso de informar con tiempo de los cambios en las normas son algunas de las muchas muestras de respeto hacia los italianos que salpican su alocución.

Tras casi un año de escuchar a mesías salvadores, la voz del hombre del “whatever it takes” -lo que sea necesario- sonó a esfuerzo y responsabilidad, pero también a optimismo ilustrado: transmite esperanza porque resulta creíble.

“La calidad de las decisiones cuenta, el coraje de las visiones cuenta, los días no cuentan. El tiempo de poder puede desperdiciarse incluso con la mera preocupación de conservarlo

Algunas de sus frases son realmente memorables y permiten entrever una delicada ironía. Cuando alude a la desconfianza manifestada por muchos opinadores ante la singularidad de su acceso al cargo y la brevedad de los mandatos de otros técnicos que le precedieron, señala: “la calidad de las decisiones cuenta, el coraje de las visiones cuenta, los días no cuentan. El tiempo de poder puede desperdiciarse incluso con la mera preocupación de conservarlo”.

Pueden llamarlo populista de centro pero no me negarán que hemos tenido suerte. Si es el primero de esa nueva especie que algunos necesitan que exista, es uno muy listo.

“La democracia es algo frágil, funciona mejor cuando está gestionada desde el centro” dijo recientemente Jonathan Haidt. Mario Draghi tiene un plan, conocimiento y determinación para llevarlo a cabo. Ojalá le permitan hacerlo.