Llego el momento. Fiel a su cita, el INE publicó entre el jueves y el viernes dos de sus grandes indicadores de coyuntura: la EPA y el dato adelantado del PIB de la Contabilidad Nacional Trimestral (CNTr). Sin que aún se haya enfriado el cadáver del 2020, ya tenemos autopsia y conocemos con cierto detalle lo sucedido a nivel económico. Y desde luego, cualquier comentario que hagamos sobre este no deberá escatimar en adjetivos negativos. Sin duda un año para no olvidar, aunque a muchos nos gustaría.

Cierra 2020 con una caída del PIB del -11 %. Les aconsejo que busquen algún año con rúbricas similares y no lo encontrarán a menos que vayan a libros de Historia. Desde luego no les será posible descargarse ningún fichero Excel con datos contemporáneos donde encuentren esta cifra. Cualquier récord ha sido pulverizado, incluyendo nuestra cita con la anterior crisis. Nunca hubiéramos pensado, a inicios de año, que esto sería lo que tendríamos. Aún recuerdo aquellas previsiones de un 1,5 % para 2020 pensando que esta sería una mala cifra. Desde luego vaya cura de humildad.

Este -11 % es el dato que resulta de comparar la media trimestral de este año, o la suma total del PIB de 2020, con la de 2019. Como tal, este -11 % es consecuencia de lo sucedido en el primero, segundo, tercero y último trimestre del año. Las tasas de crecimiento interanuales respectivas de cada uno de ellos fueron del -4,2 %, -21,6 % y -9,0 % y -9,1 %. Ese -11 viene a ser algo así como una media particular de estos datos (más o menos una media geométrica de una cifra obtenida mediante la suma de un uno a cada uno de esos datos en tantos por uno). Cuando piensen en ese -11 % en este cuarto trimestre consideren que, en parte, es como si miraran la luz de una estrella, están viendo el pasado.

El último peldaño

También habrán visto el anteriormente citado -9,1 %, y que resulta de comparar este último trimestre con el mismo de 2019. Aunque no les resulte intuitivo verlo, también es un dato que se calcula a partir de los cuatro anteriores, por lo que de nuevo, y en parte, refleja el pasado. El crecimiento del PIB en este cuarto trimestre respecto al PIB del mismo trimestre de 2019 depende de cuál fue el crecimiento de cada trimestre de este año con su inmediato anterior (intertrimestral). Es como si comparáramos la altura a la que estamos en una escalera con cuatro peldaños para 2020. La pérdida total de altura provocada por los cuatro peldaños de 2020 será la suma de la altura de todos y cada uno de ellos. Por lo tanto, ese -9,1 % tiene en su propia naturaleza el rastro de aquella fatídica primera mitad del año.

Y para rizar el rizo nos queda el +0,4% calculado para este último trimestre, y que resulta de comparar este trimestre con el tercero. Es el más individual y menos dependiente. Es solo la altura del último peldaño, ya que solo representa lo sucedido en los últimos tres meses.

La figura mostrada a continuación les puede ayudar a entender la maraña de cifras que, para legos en la materia, suele confundir, hasta tal punto que algunos suelen creer que es una manipulación. La escalera, que sube, baja y sube viene a representar el PIB a precios constantes (índice de volumen encadenado), es decir, descontada la inflación, y que es como hay que hacerlo. Es el valor generado cada trimestre. Cada altura de cada peldaño de esa escalera depende de la magnitud de la tasa de crecimiento intertrimestral, es decir, lo que ha crecido el PIB cada uno de los diferentes trimestres respecto al inmediato anterior. Por eso la solemos llamar intertrimestral. La altura reflejada en amarillo es el cambio entre el cuarto trimestre de 2019 y el del 2020, es decir, la que determina la tasa de crecimiento interanual. Por último, las líneas rojas marcan los datos medios para cada año, y su separación, la tasa de crecimiento para 2020, y que fue el famoso -11 %. Aquí pueden comprobar visualmente la dependencia del dato medio e interanual de las cifras para el conjunto del año.

Evolución del PIB a precios constantes.

Toda esta explicación resulta de interés para poder entender que, puestas en conjunto, estas cifras nos cuentan dos historias diferentes para cada mitad de año. Desde luego, y como saldo, las cifras nos dicen que el año ha sido, no cabe duda, nefasto, catastrófico, históricamente negativo (-11 %), pero la mayor parte del daño se concentró en su primera mitad (-22,0 % vs +16,9 %). La segunda mitad trató de recomponer en la medida de lo posible el destrozo de la primera, aunque claramente sin éxito. Lo que hacíamos bien en el tercer trimestre, con un peldaño de buena altura no se pudo repetir en el cuarto. Casi nos quedamos como estábamos. Y casi que menos mal, ya que en noviembre esperábamos un escenario mucho peor para estos tres últimos meses del año cuando irrumpió la segunda ola.

Por un lado, el consumo de familias aguanta mientras el gasto público da un paso al frente, como debe ser en estos momentos. Estas dos rúbricas han fortalecido en cierto modo la recuperación de final de año

Dicho esto, toca mirar al futuro, y es aquí cuando de nuevo nos asaltan las preocupaciones. Como se ve en la figura, el dato del +0,4 % no augura nada bueno, a pesar, insisto, de que se llegó a esperar lo peor. Para empezar, refleja un aparente agotamiento del impulso de salida de la crisis durante el final de 2020. Las razones pueden ser varias, pero en la siguiente figura tienen los componentes que explicarían tal agotamiento. Por un lado, el consumo de familias aguanta mientras el gasto público da un paso al frente, como debe ser en estos momentos. Estas dos rúbricas han fortalecido en cierto modo la recuperación de final de año. Pero es dudoso pensar que seguirá así, al menos el gasto familiar. Por otro lado, la inversión retrocede con claridad mientras las exportaciones (que incluyen parte de los servicios turísticos que no se recuperarán hasta que las vacunas hagan su trabajo) flaquean golpeadas por la ola de otoño.

No cabe duda de que la enorme incertidumbre generada entonces por la nueva subida de contagios afectó mucho más intensamente a las decisiones de largo plazo, mucho más dependientes de la dicha incertidumbre, como es la inversión. Esto nos avisa respecto a la nueva ola, augurando una profundización en una menor inversión y servicios turísticos. Y es que, mientras esperamos que las vacunas terminen por cerrar este episodio tan desastroso (ojalá así sea), la tercera ola puede terminar por golpear las débiles bases del consumo privado sin que el fuelle de lo público pueda mantenerlo, acompañando al resto de rúbricas de la demanda cuesta abajo. Así parecen mostrar los datos de consumo en tiempo real publicado por algunas entidades financieras y los propios datos de movilidad de Google, en particular, los movimientos a los comercios minoristas. A todo lo que supone la tercera ola, que seguro explica buena parte de este comportamiento de primeros de año, sumen el efecto Filomena, que no será de ningún modo residual.

Evolución de los componentes de demanda del PIB.

En definitiva, los datos del INE nos revelan que en España hemos experimentado en 2020 un hecho histórico, por la magnitud de la contracción. También que este mismo año tiene dos partes claramente diferenciadas, la de la fortísima contracción a inicios de año y la insuficiente recuperación en su segunda mitad con un impulso casi detenido en el último trimestre. Finalmente, todo apunta a que en el primer trimestre de 2021 la situación no será tan benévola. Enero está acabado y los indicadores que tenemos de él no son los mejores. A menos que los dos tercios de trimestre que quedan cambien, nos enfrentaremos en este inicio de año un nuevo escalón que baja.