Opinión

Debates vergonzosos

Los participantes del debate a siete de RTVE junto al mediador, Xabier Torres EFE/ Kiko Huesca

No he visto los debates en directo. Estamos de vacaciones, y las horas en las que los niños duermen son sagradas: que lo urgente no quite tiempo para lo importante. Mi hijo (9) quiso acompañarme cuando me di a la tarea de ver a Sánchez y Feijóo en diferido. Por vocabulario y por edad no podía enterarse de prácticamente nada, así que incumplí mi norma de no hablar de política delante de los niños. Pensé, además, que su compañía podría resultar útil: quien no entiende lo que se dice se fija en lo que ve. Me comentó, por ejemplo, que Feijóo usaba un bolígrafo azul y Sánchez uno rojo, le pareció divertido. Yo me quedé pensando en qué cabeza cabe usar para escribir una tinta de ese color. El rojo es para corregir. Sánchez pensó más, por lo visto, en transmitir mensajes subliminales que en no hacerse daño a los ojos al leer sus notas. No carece de sentido la cosa: mientras Feijóo escribía y escribía, el presidente sólo se destrozaba los maxilares, ora apretándolos desquiciado, ora con su logorrea irrefrenable. Me llamó la atención de mi pequeño acompañante su insistencia ilusionada, terca, presta a obedecer órdenes, en preguntar: “¿A quién le vamos, mamá?” “Tú no vas con nadie, cuando seas mayor decidirás”. Tuve que ponerme tajante. Si tenemos en cuenta cuál es la proporción de padres que así actúan podemos hacernos una idea de dónde proviene en parte el sectarismo y polarización que tanto preocupa.

Al paripé de Feijóo de ofrecer el próximo gobierno a la lista más votada el presidente respondió con formas pésimas hablando de Extremadura

Con todo, Sánchez estuvo acertado en un momento crucial. El tino descansaba en la lógica de la respuesta, pero la ejecución fue desastrosa. Al paripé de Feijóo de ofrecer el próximo gobierno a la lista más votada el presidente respondió con formas pésimas hablando de Extremadura. Eso mismo, dicho con tranquilidad, habría supuesto un bofetón que se habría escuchado en China, si no fuera porque se podía salir relativamente airoso respondiendo: “Hemos facilitado gobiernos socialistas para frenar el avance del independentismo”, algo que a Feijóo no se le ocurrió hasta más tarde. A pesar de esto, fue un debate ejemplar. Porque los malos ejemplos también enseñan. En el caso de Sánchez, lo que no se debe ser y hacer: un macarra maleducado que se pone fuera de sí en cuanto se enfrenta a un adulto que sabe desmontar sus chorradas con paciencia, tranquilidad, casi parsimonia. Habría preferido delante del ególatra dictadorzuelo a Espinosa de los Monteros, sobre él hablaré más adelante. Los dizque moderadores (porque así se auto denominaron, no porque realmente actuaran como tales) estuvieron tan pésimos que recordaban a Pablo Motos en El Hormiguero, con la diferencia de que a ellos sí se les presupone estar especializados en este tipo de lances. De hecho, se parecieron al periodista justo en lo que no debían: planteaban preguntas a los contendientes, cuando lo neutro y clásico es dividir los espacios por bloques. Ellos mismos reconocieron su error públicamente, dejémoslos estar, ya sabe el lector de la newtralidad de mercadillo de Ana Pastor.

¿Qué ha hecho Vox allá donde gobierna que sea mínimamente equiparable a la ley del Sólo sí es sí, a gobernar con terroristas que proclaman que van camino de la independencia gracias al PSOE?

Del debate a siete hubo varias cosas destacables. La más relevante, que Sumar recordó lo obvio: en circunscripciones pequeñas es donde se juega el gobierno de España en función de si se elige a Vox o a Sumar. Bien por el PSOE entonces, que no se le ha ocurrido decir nada en contra de quienes dependen para renovar mandato, los de los violadores liberados sin ningún cese o dimisión. Feijóo, por el contrario, se desmarca ostensible y constantemente de Vox como si fuera un oprobio, una mancha en el expediente de buena catadura moral de la derecha más meliflua, ansiosa por agradar a quienes no los pueden ver ni en pintura. A ver, Feijóo, yo te lo explico: ¿qué ha hecho Vox allá donde gobierna que sea mínimamente equiparable a la ley del Sólo sí es sí, a gobernar con terroristas que proclaman que van camino de la independencia gracias al PSOE, con un Rufián que en el mismo debate nos recordó a los españoles que han conseguido, en contra de la voluntad del gobierno, “que nueve personas salgan de la cárcel por votar”? La cara que se le quedó a Patxi López fue para enmarcar. Al día siguiente, dirigentes de ERC se reafirmaron en lo que dijo su representante. Así, con todo el desparpajo, lo de ser españoles lo llevan en la sangre: eso es chulería torera y lo demás chorradas. Quizá estén pensando en recuperarse del batacazo electoral de mayo y se les olvida que, junto con Bildu, son una fábrica de destruir votos socialistas. No todos, por supuesto: en redes pudimos ver personas a las que se les hacía el pis coca-cola ante un Oskar Matute más falso que un judas de plástico, el tonto útil de un Bildu que lo usa para aparentar un pacifismo y concordia del que ostensiblemente carecen. Menos mal que ahí estaba Espinosa de los Monteros para recordar lo que muchos han olvidado: quiénes son, qué hicieron y de dónde viene Bildu. Olé don Iván, y que al PSOE le vote Txapote. Sobre Espinosa resulta difícil comentar nada: su superioridad argumental fue tal que quizá la gente lo tomó por superdotado. Sin ánimo de desmerecer al representante de Vox -uno de nuestros mejores parlamentarios en lo que a dialéctica y preparación se refiere-, lo que ocurre más bien es que estamos acostumbrados a políticos mediocres que no aguantarían ni medio asalto en el ámbito privado.

Patxi: a la defensiva y con la cantinela de las mentiras ajenas, en la primera intervención de Gamarra las sacó a colación. “Es falso que las autovías serán de pago”. Al día siguiente nos enteramos de que, efectivamente, tendremos que pagar por ellas. Cuca estuvo tranquila, extraordinariamente bien peinada y maquillada. Se me acusará de machista por destacar esto de su intervención, pero en un país en el que mucha gente habrá votado a Sánchez por su planta de Mr. Handsome esta información resulta reseñable. No es culpa mía si vivimos en un cosmos político donde las formas importan más que los fondos. Y hasta aquí mi análisis. Perdón, me olvido del PNV, que vino a hablar de su libro. De la de Sumar, ¿qué decir? Que es trending topic “la de Sumar”, ninguno nos hemos quedado con su nombre y, a estas alturas de la película, me da pereza averiguarlo.

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