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José Rosiñol

Opinión

La vida de los otros

Como en la magnífica película de igual título, la ‘Stasi catalana’ vela porque se erradiquen de la sociedad comportamientos ‘antisociales’, como hablar el castellano

Niños en un patio de colegio
Niños en un patio de colegio A.I.

La extinta RDA estaba obsesionada por controlar a sus conciudadanos, desde esa perspectiva cínica de llamarse República Democrática, tomaba a sus ciudadanos como sospechosos preventivos o, como mínimo, como si de menores de edad se trataran y, por lo tanto, debían ser tutelados por el Estado. Ante esta concepción de la política, ¿qué mejor que crear un cuerpo de vigilancia de las “buenas costumbres” de los alemanes del Este? Naturalmente el temor no solo consistía en velar por comportamientos “antisociales” que debían ser corregidos, el problema radicaba en que esa tendencia del ser humano a buscar su propio camino en el mundo, esa diversidad de conductual, ese anhelo por la libertad individual, podía socavar los cimientos de un régimen totalitario…

En la magnífica película “La vida de los otros” se visualiza cómo se concreta en lo real esa conceptualización totalitarista de la RDA. Vemos a un agente escrutando la vida de una familia por orden del Partido, cómo investiga y graba escrupulosamente todas las conversaciones, intentando determinar el grado de fidelidad al Régimen de un conocido escritor y dramaturgo, saber lo que lee, lo que habla con su mujer, con sus hijos, con sus amigos, intentando encontrar un atisbo de deslealtad al Partido y a sus líderes, una felonía (real o inventada) que delate su desafección a la doctrina y, de paso, haga progresar en el escalafón al esforzado delator. Cabría preguntarse cómo podían mantener su higiene mental viendo cómo se entrometían sin permiso en la vida de otras personas, cómo sobrellevaban sus propias vidas privadas, cómo podrían interiorizar una realidad obscena como era la de su día a día.

Para TV3 el problema DE la escuela pública catalana no es la falta de recursos, sino que los niños utilicen una lengua tan catalana como es el español

Pues bien, vemos cómo hoy día en España, en concreto en Cataluña, la Generalitat ha permitido el “espionaje” a profesores y alumnos para vigilar los comportamientos lingüísticos de nuestros hijos y de sus maestros, han dado acceso a las aulas a personajes tan obsesionados con la pureza lingüística (y por tanto ideológica, desde su punto de vista) como el miembro de la Stasi de “La vida de los otros”. Imagino a ese proto-comisario político satisfecho consigo mismo mientras iba anotando con la diligencia propia de un creyente en qué idioma se hablaba en los patios de nuestros colegios.

Cabría preguntarse: ¿cómo es posible que individuos sin ninguna vinculación a los centros educativos puedan permanecer en los mismos sin ningún tipo de supervisión?; ¿dónde queda el derecho a la intimidad de los niños y los derechos de los padres?; ¿dónde está la alta inspección del Estado (dónde está el Estado en general en Cataluña)?; ¿qué tipo de información de nuestros hijos han recopilado estos individuos?; ¿han procedido a crear una especie de base de datos con los profesores desafectos a la causa?; ¿por qué no actúa la fiscalía de menores para que se investigue qué ha sucedido en nuestras escuelas?

Pero aquí no acaba la cosa. TV3, cómo no, en magnífica coordinación con el gobierno Torra, ha aprovechado para continuar con su campaña de desinformación y propaganda para hacer creer que la lengua catalana está en peligro porque hay otra lengua impropia que la está condenando al ostracismo. Los periodistas de la cadena pública nos han alertado del gran peligro de que un 27% de los profesores hablen en castellano en los patio, de cómo hablan entre ellos unos niños que solo socializan con naturalidad en sus horas de recreo más allá de cinturón de imposición lingüística de la “inmersión lingüística”. Naturalmente, para TV3 el problema en la escuela pública catalana no está en los barracones, la falta de recursos y de inversión pública, los bajos resultados de los estudiantes. No, el problema radica en que los niños utilicen una lengua tan catalana como es el español.

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