En menos de un mes vamos a recordar que hace ya un año de un estado de alarma en nuestro país sin precedentes. Que nos tuvimos que encerrar en casa para combatir un virus desconocido y que en este tiempo el dolor y el sufrimiento se han instalado en muchas casas y muchas familias que evitan que la política siga su camino como si nada hubiera pasado.

La pandemia nos está marcando la vida y también debería con urgencia marcar las decisiones políticas. Los ciudadanos catalanes votaron este domingo y decidieron qué futuro quieren. Un futuro que se debate entre los independentistas y la izquierda. Entre un modelo que no ha funcionado y la posibilidad de explorar nuevas formas de gobierno que nos conduzcan a salir de este callejón sin salida en el que estamos.

Poner el foco

Es la hora de formar gobierno, la hora de gobernar, la hora de que quienes logren formar una mayoría se orienten decididamente en la gestión para sacar a Cataluña del trance en el que lleva demasiado tiempo anclada con la independencia soñada. No es la hora de ‘resolver el conflicto’, como dijo Pere Aragonés en su discurso de victoria la noche electoral, que también. Pero antes se debe poner el foco en lo importante.

Ahora es la hora de seguir luchando contra una pandemia que ha dejado a muchos en la cuneta, en comedores sociales y pidiendo ayuda a la familia para salir adelante. Para ello hace falta un gobierno capaz de gestionar la crisis sin peleas que no nos van a conducir a nada. No puede repetirse lo que ha ocurrido en el último año entre ERC, que ahora tiene la sartén por el mango, y Junts que también ha obtenido buenos resultados pero que en esta ocasión ha quedado por detrás de ERC.

¿Qué nos garantiza que a partir de ahora en Cataluña va a ir mejor con estos dos socios de gobierno y el apoyo de la CUP cuando hasta ahora no ha funcionado? Muy bien nos lo van a tener que vender como para confiar en ese modelo. De los resultados electorales se pueden desprender algunas cuestiones básicas además de que los independentistas ganan. Por ejemplo, que también gana el que ha propuesto la vía del diálogo, que es la oferta de Junqueras, frente a la vía de ruptura con las reglas del juego de Junts. Podría decirse que gana entonces la voluntad de una sociedad que quiere salir de esta y que también ha confiado su voto en alguien que ha ofrecido sumar para superar la grave crisis sanitaria, económica y social en la que estamos sumidos, como es Salvador Illa.

El problema al que se enfrenta el PSC, pese a sus  buenos resultados, pese a la acertada  estrategia decidida desde Moncloa, es que nos volvemos a situar en lo que pasó en Cataluña en el 2017

El problema al que se enfrenta el PSC, pese a sus  buenos resultados, pese a la acertada  estrategia decidida desde Moncloa, es que nos volvemos a situar en lo que pasó en Cataluña en el 2017 y es que Ciudadanos ganó con Inés Arrimadas pero no hacía falta que se presentara a la investidura porque no lo iba a conseguir. Buenos resultados para no cambiar nada, aunque sí se puede ejercer una buena oposición algo que ha faltado en la Cámara catalana, como ocurre asimismo en el Congreso de los Diputados. No es solo un problema catalán.  

Tras el 14-F, la tarta en Cataluña sigue a repartir entre los independentistas. Es la hora de que ERC elija con qué parte de tarta se queda, si con la misma que ha engullido hasta ahora o decide cambiar y girar a la izquierda, hacia PSC y Unidas Podemos. No hay mucha más opción que la de la vía independentista, la vía de izquierdas o la vía minoritaria. Tras una serie de negociaciones fallidas, ERC podría aventurarse a un gobierno en minoría con apoyos puntuales. Quizás así logre vivir con más tranquilidad e incluso  gestionar mejor. A veces, en el camino de la política se avanza mucho mejor solo que mal acompañado. Cuídense, con mascarilla siempre.