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Imma Lucas

Opinión

La boda de Sánchez

No necesitamos que el presidente del Gobierno nos haga de 'coach' o de siquiatra. Necesitamos acción, dosis ingentes de gestión, control del virus, seriedad y rigor político

La boda de Sánchez
La boda de Sánchez Europa Press

Suena el precioso Himno de la Alegría, en directo, pero no entran los novios en la iglesia, entra el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, en un solemne salón de La Moncloa para explicar su plan, 'España Puede', que se basa en desentrañar en qué va a invertir los 140.000 millones de euros que vamos a recibir de Europa. Una escenografía política innecesaria, inapropiada, fuera de lugar en una España económicamente en la UCI, con casi ocho millones de ciudadanos que tienen que pedir ayuda a familiares y amigos para comer o llegar a final de mes, con más de dos millones de hogares sin trabajo y con miles y miles de personas que han de recurrir a los bancos de alimentos.

Muchos se han quedado en la cuneta

Unas cifras que no las aportan los partidos políticos con el afán de hacer oposición o criticar al Gobierno, sino que las da a conocer Cáritas. En muchos casos, desde que empezó la pandemia, la comunicación política está rozando casi el ridículo generalizado. Es necesaria ahora más que nunca la austeridad en las formas y en el fondo. Una sala de prensa o su despacho y una pantalla eran más que suficientes para explicar las medidas. Sobra el Himno de la Alegría, sobra la ostentación en las formas, la sala, los medios invertidos. En el fondo, también empacha la inyección de optimismo del presidente en pedir "confianza a los ciudadanos” y en seguir diciendo que “no va a dejar a nadie atrás” cuando ya muchos se han quedado en la cuneta.

Frente a tal ostentación, quizás se puede aprender del joven alcalde de Los Molares en Sevilla que, desde su despacho y con su ordenador, además de con la voz totalmente quebrada, lanza a través de las redes un mensaje para anunciar a sus vecinos el cierre total, durante siete días, de bares y restaurantes para conseguir frenar el contagio. Los Molares se convierte así en el primer municipio de España en tomar esta drástica decisión que, además, ha contado con el apoyo del sector hostelero. Un ejemplo a seguir por la simplicidad con la que comunica el alcalde y por la importancia de lo que anuncia, austeridad en el fondo y en las formas de la que tanto está careciendo la comunicación política de primer nivel.

Saber leer lo que pasa en la calle es crucial para comunicar y a veces se pierde visibilidad desde los grandes despachos o solemnes edificios. Con un país en números rojos, con pérdidas en todos los sectores estratégicos como el turismo -el sector calcula unas pérdidas de casi cien mil millones de euros- como la automoción o el comercio, con un país en el que la conciliación no existe, en el que los abuelos siguen cuidando de nuestros hijos para poder trabajar, y un suma y sigue, lo que menos se necesita son mensajes de optimismo vacío. Sobra teatro político.

Alguien de su equipo le debería haber dicho al presidente que no estamos en Estados Unidos, que nuestra sociedad no es la americana, que aquí no necesitamos más épica o simbolismo

Esto no es en contra de Pedro Sánchez, o no sólo, a quien creo que le ha tocado un papel muy difícil en toda esta pandemia. Esto va en contra de nosotros mismos, de los periodistas, de cuantos nos dedicamos a la asesoría política. Alguien del equipo de La Moncloa le debería haber dicho que no estamos en Estados Unidos que nuestra sociedad no es la americana, que aquí no necesitamos más épica o simbolismo, que no necesitamos más banderas, que aquí necesitamos que se ocupen de una vez por todas de lo que es en estos momentos importante -no digo urgente, que también- digo importante.

Alcanzar una tregua

La Administración no ha estado a la altura, sea del color político que sea. En verano debimos armarnos de rastreadores y de test y no lo hicimos. Es imprescindible que carguemos a este país de dosis ingentes de test rápidos, a los centros de atención primaria de las dotaciones de material y de personal necesarias y a los laboratorios de todas las manos habidas y por haber para tener resultados rápidos de las PCR y actuar. Hemos entrado en un círculo vicioso de querer activar sectores económicos, para no morir más de lo que ya hemos muerto -pongo como ejemplo abrir el ocio nocturno en Cataluña- cuando tenemos al virus desbocado en este país con casi seis millones de personas confinadas -Orense, León, Madrid…- y a las puertas de entrar de lleno en la gripe que siempre, al menos hasta ahora, ha saturado la atención hospitalaria.

Desde La Moncloa a Génova o Ferraz, pasando por la Ciudadela, hace falta centrarse en lo importante, dejar el ruido político, formalizar una tregua como han pedido algunas voces y no sólo el expresidente José Luis Rodríguez Zapatero. Hace falta gestión para salir de esta, que el psiquiatra o el psicólogo ya se lo paga cada uno de su bolsillo, no necesitamos que Pedro Sánchez nos haga de coach, de psicólogo o de hermano mayor -lo que prefieran-, necesitamos acción, dosis ingentes de gestión, control del virus, seriedad y rigor político. Si los representantes públicos no demuestran ahora altura de miras, díganme cuándo van a tener una mejor oportunidad para hacerlo. Cuídense, con mascarilla siempre.

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