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Igor Marín Ochoa

Elecciones generales 2019 Vox gana, pierden los electores

Santiago Abascal.
Santiago Abascal. EFE

La decisión de la Junta Electoral Central (JEC) de dejar en suspenso el debate de los candidatos a la Presidencia del Gobierno por la presencia de Vox ya tiene un gran beneficiado: el partido de Santiago Abascal. La agrupación de extrema derecha, experta nadadora en las aguas del victimismo, arremeterá contra lo que llama el sistema y señalará sin pudor a diestra y siniestra con la teoría conspiranoica de que se han juntado todos contra ellos. No van a dejar pasar la ocasión de agitar la cara B de su bandera: el populismo. Atacar al sistema, a los partidos tradicionales y a los medios le funcionó a Trump, le funcionó a Salvini y le funcionó a Bolsonaro… ¿qué nos hace pensar que no le rentará a Abascal?

Pero esta plataforma para la pataleta no le llega a Vox por ciencia infusa. Quien ha propiciado que la JEC intervenga, además de los partidos que han impugnado la presencia de los ultraconservadores, ha sido el mismísimo PSOE al insistir en la presencia de Abascal en el debate cuando la ley electoral no le da cabida. La estrategia simplista de Sánchez de abrir la puerta de Vox para repartir el voto conservador entre las tres fuerzas de Colón ha creado un panorama que puede llevar al país al bloqueo político e institucional.

Quien ha propiciado que la JEC intervenga, además de los partidos que han impugnado la presencia de los ultraconservadores, ha sido el mismísimo PSOE

El debate a cinco de Atresmedia era una buena idea para la democracia a tenor de las encuestas. Siempre es bueno que la ciudadanía vea la confrontación de ideas y proyectos aun con el riesgo de que solo lo hagan un día y orienten su voto por el titular más llamativo. Pero el intercambio de ideas, y golpes dialécticos, no era la razón que movió a Moncloa a aceptar el encuentro de los cinco líderes sino la mencionada y conocida táctica para dividir el voto de PP y Cs.

Reforma de la ley electoral

Tras todo esto subyace un problema mayor. La ley electoral española es del siglo XX y ya nos hemos comido una quinta parte del XXI. Ni la duración de campaña, ni la imposibilidad de publicar encuestas la última semana en plena época digital, ni la absurda jornada de reflexión, el encorsetamiento de los debates, el reparto de escaños… casi nada se adapta ya a este tiempo y es necesario una reforma de calado por la modernización de una ley clave en el desarrollo de un país.

Pero ya se sabe que ahora mismo ningún partido está pensando en España. Solo hay que ver los discursos de campaña y las intervenciones que ha habido en el Congreso durante la última legislatura. Cortoplacismo, ocurrencias y descalificaciones. Ningún proyecto de transformación y adaptación al nuevo tiempo. Y ahora, ni siquiera un debate entre los cinco hombres llamados a ocupar la Moncloa en el que poder ver quien tiene más ideas y mejores y quién las defiende con más astucia y argumentos, precisamente lo que más le falta a este nuestro país.

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