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Miquel Giménez

Opinión

Pedro Sánchez se ha equivocado de interlocutor en Cataluña

El presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez
El presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez Efe

La conferencia pronunciada por Torra ese pasado martes confirma, por si había alguna duda, que la neoconvergencia está instalada en la más profunda y total radicalidad. A partir de ahí, Sánchez debería rectificar el tiro. Su interlocutor no puede ser el actual President.

¿A qué le tiene más miedo Torra y el 'puigdemontismo'?

O, lo que es lo mismo, que les inquieta más a los neoconvers, que están apurando hasta las heces la copa del más feroz y descarnado separatismo. La respuesta, visto lo visto hasta ahora, es evidente: a Oriol Junqueras y a una Esquerra desligada del PDCAT y de la Crida. En los últimos días – un anticipo de lo que va a ser la Diada y la post Diada que puede durar meses -hemos asistido a un intento tímido por parte de Elsa Artadi, que quiere irse de casa de sus papás ideológico, léanse Puigdemont y Mas, y no sabe cómo hacerlo, en modular el tono duro empleado por sus jefes.

Artadi decía este lunes que eso de emplear la desobediencia era una manera de expresarse en política, quitándole hierro al búnker separatista que está francamente muy excitado. Sus palabras no sentaron nada bien en Bruselas, y el fugadísimo se cuidó muy mucho de dejárselo claro tanto a Torra como a Mas, con una frase que nos parece lapidaria y que nos ha confirmado una persona muy cercana a el núcleo duro del PDECAT: “Però, aquesta xicota qui cony s’ha cregut que és?”, que tiene fácil traducción, esta chica quién coño se ha pensado que es. Cualquier intento de discrepancia con la línea oficial del politburó separatista está inmediatamente condenada al fracaso, cuando no al destierro, recuerden a Marta Pascal, por vía de ejemplo.

Más allá de que el grupo parlamentario de Junts pel Si esté en la actualidad fracturado entre partidarios de Puigdemont y de subsumirse en su movimiento nacional de la Crida y los que desean un perfil propio para el PDECAT y que el fugado se aparte de la política de una vez para siempre, el problema más candente, la pata caliente, la piedra en el zapato que tiene Torra y los suyos no es el juez Llarena, ni el PP, ni Ciudadanos ni siquiera Sánchez o la Constitución Española. Curiosamente, ese dolor de cabeza se llama Oriol Junqueras.

El líder de Esquerra, que no es menos separatista que ellos, pero posee tal vez el instinto del historiador, sabe muy bien que los análisis en política no pueden hacerse a botepronto y a ver si suena la flauta por casualidad. Sabe también que se requiere tiempo para que las cosas se coloquen en su auténtica perspectiva. Desde la cárcel, el dirigente republicano ha hecho llegar por diferentes vías a diversos dirigentes de su partido lo que debe hacerse a partir del fracaso de hace un año, a saber, serenarse, sentarse a hablar, volver a los cauces legales y no volver a incurrir en precipitaciones. “La independencia no es ni para hoy ni para mañana”, se escucha decir cada vez más a políticos de Esquerra. Añadamos que, estas alturas, ese dicharachero y regañón Puigdemont que va a la ópera, cena langosta y champán en lujosos restaurantes, tiene una mansión para él solito en Waterloo y no parece ir corto ni de fondos ni de capacidad de movimiento, no se ha dignado hablar con la esposa de Junqueras ni mantiene el menor contacto con este, lo que ya dice mucho de la calaña moral del individuo.

Pero volviendo al asunto de los tiempo en política, y ya no digamos en historia, fíjense que ese es el argumento que se maneja en la formación republicana desde hace meses: el tiempo, manejar los tiempos, dar tiempo, jugar a favor del tiempo. Todo eso no son más que eufemismos, evidentemente, para decir que la república de los ocho segundos fue un colosal error, que no hay una mayoría separatista e Cataluña – lo dijo así, con todas las letras, Joan Tardà este miércoles en el Congreso de los Diputados – y que, en suma, habría que volver a un escenario legal, razonable, sin renunciar a las ideas pero adaptándose a la realidad social y política que siempre ha existido en mi tierra, a saber, el voto convergente se ha vuelto radical separatista y Esquerra es, paradojas de la vida, el elemento moderador en ese campo a día de hoy.

De ahí que, si Sánchez quiere dialogar con alguien, ese alguien no puede ser otro más que Junqueras. Porque a ese hombre le temen los de Puigdemont más que a una vara verde. Alguien debería decírselo, presidente.

De sentencias e indultos

Cuando Torra dice que si la sentencia por el 1-O no es de libertad total y absoluta él personalmente pondrá a los presos separatistas en la calle, omite lo más importante para él. De entrada, es imposible que siendo abogado no sepa que la potestad de Sánchez no es decirle a un juez si debe o no dejar en la cárcel a un preso. Ah, pero aquí viene lo inquietante para estas gentes. Una vez con sentencia firme, lo que si podría hacer Junqueras es solicitar el indulto al gobierno y éste concederlo. Concederlo significa muchas cosas, entre otras que el rey lo firme, por ejemplo, ese rey que no es bienvenido por Torra ni por los CDR. Significa también que el reo se arrepiente de su conducta, que no de sus ideas, ojo. Y significa, claro está, el acatamiento implícito y explícito al ordenamiento constitucional. Todo eso pone de los nervios a los extremistas de la ex CDC, claro, pero lo que más les hace temblar las carnes es ver a un Junqueras libre de toda carga judicial paseándose por Cataluña con el mérito de haberse chupado año y pico en la trena, sin abjurar de ninguno de sus postulados y llamando a la moderación, a la calma, reconociendo que se equivocaron. Sería una patada en todo el hígado de la extrema derecha separatista, sin ningún género de dudas.

Lógicamente, lo pondrían a parir las Raholas de turno, solo hay que ver la que le cayó por su reciente artículo o la que le dieron a Tardà por manifestar que estaba de acuerdo con lo que decía en el líder republicano, a saber, que deploraba los insultos a los no separatistas y que no podía actuarse políticamente en Cataluña sin tener en cuenta a la mitad de su población que, evidentemente, no es separatista. Fue decirlo y el anatema separata se precipitó encima de sus cabezas.

A propósito de Rahola, ha sido jugosísima su polémica en Tuiter con un separatista íntegro y harto conocido como Santiago Espot, que le ha afeado el sueldo de Torra y, de paso, lo que cobra la susodicha por defender el asunto estelado. Espot bien puede decirlo, porque jamás ha visto un duro de la Generalitat ni lo ha pedido. Desde la discrepancia, afirmo que es un hombre honesto y coherente, de ahí que Rahola haya embestido en su contra. Los Espot, los López Tena, ahora los Junqueras y Tardá, son los que hacen que la camisa no le llegue al cuerpo al fugadísimo y a su circo mediático, porque son la muestra de que lo suyo no es más que humo, estafa, cara dura y cobardía.

Piense Sánchez con quien desea entenderse, en caso de que así lo pretenda, porque siempre está el 155 de la misma manera que siempre nos quedará París, que decía el clásico. Yo preferiría, caso de estar en su lugar, entenderme con personas que son capaces de hablar de moderación desde la cárcel antes que con orates que van por el mundo del brazo de partidos xenófobos. Porque esa es otra, a Junqueras le temen también porque poco o nada tiene que ver con ese supremacismo matón y filo fascista que campa a sus anchas en las filas de los partidarios de Puigdemont.

Ahí tiene usted, señor presidente, un motivo más para dar a Torra por perdido y rectificar su estrategia.



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