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Juan Laborda

Opinión

Neoliberalismo: ¿del Totalitarismo Invertido al Fascismo? (I)

Se utiliza sin escrúpulos la inseguridad laboral como fórmula para la desmovilización política y la ‘privatización’ de la ciudadanía

Imagen de archivo de varios billetes de euros
Imagen de archivo de varios billetes de euros Pexels

El fascismo está repuntando en Occidente, con piel de cordero, con su verdadera cara oculta, ésa que debería haber quedado grabada en los rostros de todo hombre de bien, especialmente de aquellos dedicados a la vida pública, para que no se volviera a repetir la ignominia. El despertar de las ideas totalitarias, que algunos creían imposible, es la consecuencia lógica de ese sistema de gobernanza llamado Neoliberalismo. La historia se repite. Hoy más que nunca es necesario una hoja de ruta distinta que pase página definitivamente a aquella impuesta desde las élites, que, bajo la apariencia de libertad, solo escondía el peor de los yugos, el miedo, la deuda, un nuevo feudalismo.

Las razones últimas del auge de un nuevo totalitarismo, sin complejos, es  una consecuencia lógica del sistema político surgido al albor del Neoliberalismo. Nos referimos a la farsa de la democracia actual, donde lo que importa es la opinión de unos pocos, eso que  Sheldon Wolin denominó Totalitarismo invertido. El Totalitarismo Invertido es el momento político en el que el poder corporativo se despoja finalmente de su identificación como fenómeno puramente económico y se transforma en una coparticipación globalizadora con el Estado. El sentir de los ciudadanos es irrelevante, sus anhelos despreciados, la democracia secuestrada. Se promueve la antidemocracia, figura que no adopta la forma de ataques explícitos a la idea del gobierno por el pueblo. Todo es mucho más sibilino. Significa alentar la "desmovilización cívica", condicionando al electorado a entusiasmarse por períodos breves, controlando su lapso de atención y promoviendo luego la distracción o la apatía. Para ello se utiliza sin escrúpulos la inseguridad laboral como fórmula para la desmovilización política, para privatizar la ciudadanía. Malditas todas y cada una de las reformas laborales cuyo único objetivo era crear ciudadanos temerosos, dóciles. El miedo a perder el trabajo y el sustento de las familias condiciona cualquier petición de mejora, de justicia, de democracia.

El Totalitarismo Invertido es cuando el poder corporativo se despoja finalmente de su identificación como fenómeno puramente económico

Echen una ojeada a España y verán los rasgos de la antidemocracia. Wolin dixit, “un cuerpo legislativo débil, un sistema legal obediente y represivo, un sistema de partidos en el que un partido, esté en el gobierno o en la oposición, se empeña en reconstituir el sistema existente con el objetivo de favorecer de manera permanente a la clase dominante, los más ricos, los intereses corporativos, mientras que dejan a los ciudadanos más pobres con una sensación de impotencia y desesperación política y, al mismo tiempo, mantienen a las clases medias colgando entre el temor al desempleo y las expectativas de una fantástica recompensa una vez que la nueva economía se recupere. Pero esa recompensa nunca llegará.”

Neoliberalismo: ¡ya ha fracasado!

El neoliberalismo se basa en falacias económicas. La evidencia se acumula, es brutal. Como explicitan Montier y Pilkington en “The Deep Causes of Secular Stagnation and the Rise of Populism”, el neoliberalismo es un proyecto llamado desastre, que no podría ser peor para la política o la economía. Las políticas que prescriben son profundamente impopulares y disfuncionales. Los ciudadanos se tambalean viendo como pierden sus puestos de trabajo, como desaparece la estabilidad de los mismos -miedo y disciplina- y se esfuman sus ingresos, mientras que la economía se inclina hacia la inestabilidad y el estancamiento. Es un proyecto que beneficia a unos pocos a expensas de la mayoría. Esto se refleja en una clase mimada de individuos de altos ingresos, con la inestimable ayuda de ciertos tecnócratas que dan soporte mediante teorías económicas a esas políticas que llevan a la economía al caos. Pero dichas teorías simplemente no se ven corroboradas por la realidad.

Este esquema distópico es fomentado sin pudor, como explicita Wolin, “por unos medios de comunicación cada vez más concentrados y aduladores; por una máquina de propaganda institucionalizada a través de grupos de reflexión y fundaciones conservadoras generosamente financiadas, por la cooperación cada vez más estrecha entre la policía y los organismos nacionales encargados de hacer cumplir la ley, dirigido a la identificación disidentes internos, extranjeros sospechosos…”.

Una nueva hoja de ruta

Cuando algunos medios de comunicación hablan hoy en día de “fake news”, simplemente, permítanme la expresión, me descojono. Ellos que han sido los brazos tontos del establishment, con sus medias verdades, infundiendo miedo en la ciudadanía. Las élites manipulan, enfangan y ponen sus sucias manos hasta en los conceptos más románticos, en esos sueños y héroes de la literatura popular presentes en el subconsciente de los más desfavorecidos, los despreciados, los humillados. Los poderosos se han apropiado hasta del mito de Robin Hood para su beneficio. Y para ello han contado con la colaboración inestimable de la inmensa mayoría de los medios de comunicación.

Cuando algunos medios de comunicación hablan hoy en día de ‘fake news’, simplemente, permítanme la expresión, me descojono

Como detallamos en su momento, han rehecho una nueva versión del mito de Robin Hood. Ahora “el sheriff de Nottingham” es el Estado, el mismo que permite que estas élites campen a sus anchas por los ministerios, por las presidencias de gobierno…. Por eso resulta curioso que esas élites señalen que ese Estado, que en realidad debería defender a sus ciudadanos, lleva a cabo un despiadado saqueo de las propiedades y dinero de aquellos “campesinos honestos” que trabajan duro, con el objetivo último de financiar al nuevo concepto de ricos, los más desfavorecidos, los parias de la sociedad. En esta nueva versión del mito, Robin Hood es el que rebaja los impuestos a los ricos. Hay que sabotear al sheriff de Nottingham y sus malvados dispositivos de recaudación de impuestos, entre ellos el de sucesiones y herencias. Pero detrás del lenguaje usado lo único que hay en una sarta de mentiras. Los grandes beneficiarios de todos los recortes impositivos son los mega-ricos, que bajo el nuevo lenguaje, han pasado a denominarse “gente trabajadora”. Desvían la atención de la realidad, la mayor acumulación de capital en pocas manos de la historia, mientras la mayoría de las familias están endeudadas hasta las cejas, esclavas de la misma.

Estamos en los albores de la 2ª Fase de la Gran Recesión y va a ser dura. Intentarán de nuevo metérnosla doblada a la ciudadanía. Por eso es necesaria una reacción global contra las consecuencias del Neoliberalismo. Este sistema de gobernanza ha fracasado a la hora de cumplir muchas de esas promesas, recogidas por cierto en los manuales de texto usados en las Facultades de Economía de medio mundo. El problema es que estos fracasos han sido explotados muy hábilmente por los viejos totalitarismos, por mucho que se arropen con piel de cordero. Los viejos totalitarismos, el fascismo, siempre fueron apoyados por las élites para sustentar sus privilegios, con la creencia de que los tendrían controlados. Vayan a la historia y miren los banqueros que financiaron a Hitler, a Mussolini y a Franco. Hoy más que nunca es necesaria una nueva hoja de ruta que  en primer lugar, como condición necesaria, pase por recuperar el poder y la democracia para la ciudadanía, ahora en manos de unos pocos multimillonarios.  



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