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Jesús Cacho

Opinión

Dimitida como ministra y expulsada de la carrera fiscal

La ministra de de Justicia, Dolores Delgado.
La ministra de de Justicia, Dolores Delgado. Gtres

Vayamos por derecho al núcleo del problema. No es que la todavía ministra de Justicia deba dimitir por haber mentido de forma flagrante al decir que no conocía al rey de las cloacas policiales y no había tenido relación con él; incluso no es que deba dimitir por haber llamado maricón a un compañero de Gabinete, demostrando un corazoncito homófobo que para sí querría el más vil de los mortales, no. En mi opinión, la primera razón, la más importante, por la que Lola se va a los puertos debería marcharse a casa de inmediato es que, mediante la prueba irrefutable de ese almuerzo hoy en todas las bocas y su infame lenguaje de compadreo compartido, la señora ha venido a demostrar haber mantenido una estrecha relación con el clan de los Villarejos, la banda de los Villarejos, el “grupo criminal” (La Vanguardia ayer) que los comisarios José Manuel Villarejo y Enrique García Castaño han mantenido activo durante años dedicado al tráfico de información judicial y policial al servicio de clientes muy poderosos, muchos de ellos ligados al Ibex 35, a cambio de grandes sumas de dinero.

Esa es la verdadera dimensión del escándalo. No, desde luego, la mentira, por muy reprobable que sea, ni el palabro homófobo, pecadillo venial en comparación con lo que esa comilona en Rianxo -marisquería de las más caras de Madrid, como cumple a un hombre como Baltasar “Querido Emilio” Garzón, siempre los mejores sitios, los mejores hoteles, los mejores viajes, y siempre gratis total-, revela, un almuerzo que se desarrolla en términos de camaradería tales que evidencian la plena coyunda, arden en la llama de la cloaca compartida, trafican la misma corrupción moral, una situación inaceptable para una señora fiscal, entonces, que andando el tiempo sería nombrada ministra de Justicia. No cabe imaginar mayor deterioro para nuestras instituciones, mayor descrédito para una en particular, una tan importante en la vida de cualquier ciudadano como la Justicia.

De modo que la señora debe desaparecer de la vida pública por su demostrada cercanía al cáncer que desde hace décadas corroe los cimientos del Estado de Derecho: un grupo organizado que tenía cogido por las solapas de sus miserias al propio ministro del Interior, el pobre Jorge Fernández Díaz; que controlaba a la cúpula policial a través del Director Adjunto Operativo (DAO); que se movía con total libertad entre jueces y fiscales de la Audiencia Nacional (AN), amén de otros estamentos de la Justicia; que disponía de un número indeterminado de policías a su servicio; que daba trabajo a una serie de abogados dedicados, entre otras cosas, a amenazar con querellas a quien osara importunarle, y que mantenía a un buen número de periodistas en nómina, muchos de los cuales siguen reinando en las noches televisivas, encargados de publicar en sus medios la mercancía averiada que Villarejo suministraba con la intención de mantener acollonados a sus clientes. “Si tienes un problema, nosotros te lo resolvemos; Y si no lo tienes, nosotros te lo creamos primero y luego te lo resolvemos. El asunto es que sueltes la tela”.

Una fiscal que en el ejercicio de su cargo ha tenido relación de amistad con el capo di tutti capi de ese grupo debería ser expulsada de la carrera fiscal

Una fiscal que en el ejercicio de su cargo ha tenido relación, siquiera tangencial, de amistad con el capo di tutti capi de ese grupo no es que deba dimitir de inmediato como ministra, ya estas tardando, bonita, sino que debería ser expulsada de la carrera fiscal, naturalmente a través de los procedimientos reglados y con todas las garantías que hacen al caso. De modo que la Fiscalía General del Estado debería abrir de inmediato el correspondiente expediente disciplinario contradictorio, para, una vez escuchada la afectada, proceder a su expulsión dada la falta de probidad demostrada. No otra sería la salida que a la gran Lola le cabría esperar de haberse conocido este almuerzo con ella en activo en la AN. Porque, ¿cabe imaginar el escándalo que supondría el que, tras su salida por la puerta de atrás del Ministerio, retornara al escalafón del servicio activo para seguir desempeñándose de nuevo como fiscal de la Audiencia?   

Garzón quiso ser ministro de Justicia

Y algo debería hacer el Colegio de Abogados con Garzón, el ex juez –millonario también como Villarejo, de quien es abogado (caso Tándem), casualidad- condenado hace años en firme por un delito de prevaricación que -como el propio Pedro Sánchez, liquidado en octubre de 2016 por su propio partido, pero no enterrado, ha vuelto para liarla gorda no solo en su partido, sino en el país entero- que sigue reinando, ganando dinero y dando lecciones de justicia universal con el fervoroso respaldo de la izquierda mediática –empezando por el grupo Prisa-, esa izquierda apesebrada y corrompida en lo moral, para quien los corruptos siempre son los del bando contrario. Cuentan en la judicatura que fue él quien se propuso a Sánchez como ministro de Justicia tras el inesperado éxito de la moción de censura. Cara tiene para mucho más. Pero al recién entronizado le pareció un escándalo sin paliativos la sola posibilidad, de modo que Balta ideó una provechosa alternativa: colocar de ministra a su amiga, esa “que bebe el vino de mi copa”, con la idea de pedir el indulto de su condena, que Lola informaría favorablemente a su hora, y recibirlo sin la menor duda del Gobierno amigo.    

El caso de Lola, Balta y Villarejo es demostrativo de que los efectos de la trama jurídico-policial orquestada por Villarejo y su grupo han llegado hasta el corazón mismo de las instituciones. Hasta la Audiencia Nacional y el Consejo de Ministros. Un gravísimo problema de salud democrática. ¡Este fatuo presuntuoso, este campeón del postureo que ocupa ahora la Moncloa se atrevió a decir que llegaba al cargo para abordar la regeneración democrática! Lo que el caso de la Delgado ha venido a confirmar, además de la hipocresía catedralicia del feminismo de cuota y demás colectivos LGTB, es que a Sánchez le tocó la presidencia del Gobierno en una tómbola, porque, en contra de las tesis conspiranoicas al uso, ni tenía nada preparado ni conocía a buena parte de sus ministros, lo que explica que le colocaran prodigios de la talla de Montón y de Delgado. “No es aceptable que en este país haya políticos amigos de tipejos como Villarejo”, ha dicho Iglesias. Ergo la señora está condenada. Y fuera de la carrera debería estarlo también, como todos los copains que la ministra, mejor dicho, su amigo Garzón, han colocado en chiringuitos varios, caso del juez José Ricardo de Prada.

Con un lenguaje digno de cualquier choni televisiva, la Lola ha venido, en fin, a arruinar el discurso falsario del guaperas (lo del Gobierno feminista, LGTB friendly y tal y tal)

“Cualquier político que se mezcle con basura de las cloacas como Villarejo debe apartarse de la vida política para no ensuciar a la mayoría parlamentaria que sacó adelante la moción de censura”, ha dicho también el señor marqués de Galapagar. Apartarse de la vida política, sí, pero no sin antes saber si ha cometido algún tipo de delito colaborando con Villarejo y/o recibiendo pagos de Villarejo y su grupo como retribución por sus servicios. Con un lenguaje digno de cualquier choni televisiva, la Lola ha venido, en fin, a arruinar el discurso falsario del guaperas (lo del Gobierno feminista, LGTB friendly y tal y tal): ella prefiere un tribunal de “todo tíos”, porque de las tías no se fía. La doña ha sido sincera. Y a todo esto, ¿qué dice el gran Marlaska? ¿Se tragará ese sapo? Lo malo, o lo peor, es que Delgado acumula mucha información de la factoría Villarejo. Ambos, dama y caballero, puede que terminen convirtiéndose en un serio peligro para la seguridad del Estado.



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