Los indeseables son pocos pero ruidosos. Despiertan con la tragedia. Buscan el momento adecuado para vomitar su mediocridad a costa del dolor ajeno. Un atentado, una pesadilla, una injusticia. Cualquier escaparate sangriento es un buen momento para.

 

El indeseable no es delincuente es solo indeseable. Es de frente estrecha, carece de empatía y aprovecha la sangre para vender su mezquindad. No respeta el duelo, la reflexión, no respeta la inteligencia, no se respeta a sí mismo ni a los demás.

El indeseable es además, estúpido y necesita una ola informativa para surfear en el desconcierto. Su escaso juicio le impide destacar cuando no hay violencia, indignación o desgracia. Sus frases no vuelan con la brisa floja por eso elige un huracán. El indeseable es racista, xenófobo y oportunista.

El indeseable no existe en la rutina. No tiene ningún ingenio para destacar en la normalidad. Sale como las cucarachas al olor de la basura nocturna para remover la de los demás. Pero la cucaracha huye cuando enciendes la luz, cuando señalas su vulgaridad. El indeseable se esconde entonces o vuelve con mamá...

El indeseable también está mal informado. Es un ignorante peligroso para sí mismo que se alimenta del noticiero amarillo para construir sus soflamas. Es maniqueísta, incapaz de leer los grises de una noticia o pararse a reflexionar. El indeseable solo quiere destacar. Yo, yo, yo... y solamente yo.

Los indeseables también se excusan en el humor (y sus experimentos) para vender perfiles de odio. Para buscar la visibilidad que le falta a su talento. La legitimidad de la libertad de expresión vale también para los chillidos de un cerdo. No dejas de ser un puerco por mucho que tengas derecho a gritar.

 

El indeseable es, a veces, un personaje de poder… un hombre diseñado para manejar nuestro futuro con sus decisiones. Un hombre que con sus palabras puede generar más odio que mil chistes de humor negro.

 

Los indeseables no saben manejar la información y pueden causar verdaderos estropicios a verdaderos inocentes (otra vez)... los grandes perjudicados de todo este odio.

 

Dicen que no hay que hablar de los indeseables, que no hay que darles importancia, que es lo que buscan, que le haces el juego que quieren…

...pero el indeseable debe ser censado, escrutado y señalado (que no identificado y linchado).  Solo así comprenderemos quiénes somos y cuánto necesitamos para mejorar.