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Rubén Arranz

Opinión

Cuatro: Vasile vuelve a anteponer la silicona a la información

Programa 'Mujeres, hombres y viceversa'
Programa 'Mujeres, hombres y viceversa' Mediaset

A Mediaset le multaron hace unos meses por exhibir en pantalla un símil de portentoso ingenio. La CNMC lo explica con una corrección clínica en una resolución: "Sobre las 18:34:00, según la hora sobreimpresa en las grabaciones del programa, se emite un montaje de una colaborada en la pantalla gigante que se sitúa en el plató. El montaje consiste en reproducir varias imágenes de ella (la periodista Chelo García Cortés) comiendo un plátano, lo que hace el efecto de parecer que se lo está metiendo y sacando de la boca. Las imágenes se acompañan de sonidos que imitan una succión y gemidos de mujer".

La vulgaridad no es excepcional en estos canales de televisión. Al revés, tiene un papel protagonista en muchas franjas de la parrilla. Antes del verano, en sus más altos despachos se tomó la decisión de crear un nuevo programa de debate en Telecinco (Ya es mediodía) y sustituir Las Mañanas de Cuatro por esa oda a la silicona, los anabolizantes y el producto cárnico llamada Mujeres y hombres y viceversa.

Ya es mediodía comenzó con espíritu de tertulia política, pero no tardó en dar acogida a algunas truculentas historias policíacas, sanguinolentas y de famoseo. Al estilo de Ana Rosa Quintana. Con el ecosistema de Telecinco ocurre como con la cesta y la manzana podrida: parece que cualquier programa de actualidad que se estrene en su parrilla acaba contaminado por esa particular esencia del canal, que mantiene a un nutrido número de espectadores -es líder de audiencia- enganchado durante horas y horas a los movimientos de bragueta del hijo de 'la Pantoja', los desvelos de 'la Esteban' y las desventuras de los concursantes de sus realities

Líder de audiencia

En un momento en el que España necesita de un debate mesurado, ante su cada vez más preocupante neurosis obsesiva, parece que el señor Paolo Vasile no va a mirar más allá -una vez más- de la cuenta de resultados de la empresa que dirige; y va a continuar con su particular esfuerzo por mantener al 15% de la audiencia dentro de esa caverna platónica en la que, desde su interior, el mundo parece configurado por sucesos, conflictos emocionales, movimientos pélvicos y conversaciones a gritos.

Este lunes, trascendía que la filial de los Berlusconipretende eliminar prácticamente por completo los noticiarios de Cuatro, que habían caído ostensiblemente en audiencia durante los últimos tiempos. Entre otras cosas, por cierto, por la amarga ruptura de Los Manolos y por la decisión de suspender Las Mañanas de Cuatro (que dejaba en herencia una buena audiencia), presentado en su última etapa por Javier Ruiz. El caso es que, entre las ideas que baraja el grupo se encuentra la de poner en marcha un magacín vespertino que a buen seguro incluirá otra buena ración de noticias de sucesos. La pantalla se volverá un poco más amarilla.

En un momento en el que España necesita de un debate mesurado, ante su cada vez más preocupante neurosis obsesiva, parece que el señor Paolo Vasile no va a mirar más allá -una vez más- de la cuenta de resultados de la empresa que dirige.

Cuatro es el perfecto ejemplo de cómo los gobiernos españoles han utilizado la política audiovisual para granjearse amistades, aunque eso haya supuesto una intolerable prevaricación. La cadena es la heredera de Canal Plus, es decir, el regalo que le concedió Felipe González a Jesús de Polanco -el del gran poder- por los servicios prestados. Prisa la convirtió en 2005 en un canal en abierto tras otro arreglo consentido por el Ejecutivo de José Luis Rodríguez Zapatero, que decidió conceder un favor a este antiguo compañero de batalla para que resultara menos cantoso su idilio con Jaume Roures y sus socios.

Como fue costumbre de la casa durante varios años, Prisa lo transformó en una máquina de generar pérdidas y, cuando estaba al borde de la ruina, Mediaset salió a su rescate y lo compró. Entonces, se constituyó un gigante audiovisual que dejó en una situación muy compleja a Antena 3 y La Sexta, las otras dos grandes televisiones privadas. Eso impulsó la subsiguiente fusión de estas empresas, autorizada por obra y gracia de Soraya Sáenz de Santamaría -a la búsqueda entonces de aliados mediáticos-, pese a que obligó a pasar por encima de la CNMC, quien había advertido previamente de los riesgos para la competencia en ese mercado que implicaba la operación.

Se constituyó entonces un duopolio conformado por Atresmedia y Mediaset. Es decir, el medio de comunicación más influyente en la sociedad española, como es la televisión, quedó en manos de dos grandes grupos y de los intereses de sus accionistas. Uno de ellos, los Berlusconi, radicado en Italia. Eso daba pie a dos posibilidades: por un lado, que el sector resultaría más fácil de controlar para los gobiernos -ninguno ha renunciado a influir en la TDT-. Por otro, que estas empresas podrían llegar a hacer lobby para imponer sus argumentos, aunque eso jugara en contra del interés general. Y, evidentemente, de los propios competidores. Sobra decir que en los últimos años se han sucedido ambos escenarios, en diferentes momentos históricos.

La Asociación de la Prensa de Madrid lamentaba este martes, en un comunicado, la decisión adoptada por Cuatro, que supone restar peso a la información para incrementar el del entretenimiento.

Actualmente, uno de los grupos, Atresmedia, es líder de informativos con Antena 3 y basa una gran parte de su influencia en La Sexta, que ha decidido dedicar su parrilla a los noticiarios y los programas de actualidad. En el extremo contrario se encuentra Mediaset, cuyo esfuerzo por convertirse en una referencia informativa se ha reducido paulatinamente con el paso del tiempo. Mientras tanto, TVE se encuentra en tierra de nadie, desacreditada tras años de manipulación y crisis presupuestaria. Por su parte, los pequeños canales, ni están ni se espera que lleguen, condicionados por su escasa audiencia, su todavía menor presupuesto y los apaños que tienen con las Disney y las Discovery de turno para que les surtan de contenidos.

Malas noticias para el periodismo

La Asociación de la Prensa de Madrid lamentaba este martes, en un comunicado, la decisión adoptada por Cuatro, que supone restar peso a la información para incrementar el del entretenimiento. "Con ello, se degrada la imprescindible pluralidad informativa que necesitan los ciudadanos para ser más libres”, añadía. Lo peor es que ese concepto de "entretenimiento" implicará más tiempo para 'las manadas', los crímenes mediáticos y los programas como En el punto de mira, cuyos productores son expertos en generar alarmismo y tienen el listón de la ética demasiado bajo. Tanto, como para viajar a la República Dominicana para indagar en el pasado y en las circunstancias familiares de la asesina de un niño en España.

Son tiempos complejos para España en los que al populismo de izquierdas que afloró tras la llegada de la crisis económica, y al serio problema que supone el desafío independentista, se ha sumado otro populismo de derechas, el de Vox, cuyas medidas políticas -irrealizables, en parte- están exclusivamente concebidas para regalar los oídos de los ciudadanos cabreados; y cuyas propuestas sociales beben de las más rancias sectas ideológicas del catolicismo. Las que hablan, entre otras cosas, de 'PIN parental'. 

En estas circunstancias, sería necesario que los medios actuaran con cierta responsabilidad y antepusieran el análisis a lo viral, que suele venir acompañado de fluidos corporales y tensión. Pero han renunciado a ello. Y Vasile, mientras tanto, ha asestado otro golpe al periodismo para potenciar los realities, los sucesos, las citas a ciegas y los putiferios de media mañana.

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