Internacional

Exteriores en EEUU: un cuerpo diplomático de escasa pegada ante Trump

En la nueva era Trump, las relaciones entre España y Estados Unidos se encuentran en punto de tensión evidenciado con la ausencia de Sánchez en su investidura

  • Pedro Sánchez y Donald Trump en la reunión del G-20 de 2019 -

La toma de posesión de Donald Trump dejó claro con quién le interesa entablar conexiones y alianzas al mandatario estadounidense, marcando una nueva etapa en la Casa Blanca y en las relaciones internacionales. La ausencia del presidente del Gobierno de España, Pedro Sánchez, y, en contraposición, la invitación al líder de Vox, Santiago Abascal, demostró el rumbo que puede tomar el lazo entre España y Estados Unidos.

A pesar de todo, el politólogo consultado por Vozpópuli considera que la no invitación a Pedro Sánchez no debe entenderse “como un desprecio particular a España” o al presidente. La toma de posesión de Donald Trump pretendía representar las “nuevas alianzas” formalizadas de su segundo mandato, “y ahí entra Santiago Abascal y no entra Sánchez”, defiende Merchán.

No obstante, es importante tener en cuenta también que el socialista, quien se ha ido distanciando cada vez más del estadounidense, quiere convertirse en “el antítesis internacional de Trump y de alguna manera abandonar la ola progresista contra el ejército organizacional y ultraderecha comunitaria”, apunta el profesor de Ciencias Políticas. Aún así, “España va a seguir haciendo lo que lleva haciendo estos años”, comenta, “va a seguir tratando de tejer o de profundizar en algunos elementos que ya no van muy de la mano con la administración Trump”.

“Hasta que la administración Trump verdaderamente no se desmarque del orden liberal, multilateral y multi-institucional que ella misma creó, todos los países que van por ese orden van a tratar de profundizar ese tipo de lazos en la ONU, en Washington y demás”, explica Javier Martín Merchán a Vozpópuli. “España ya no va a estar ni en acuerdos comerciales, ni en alianzas estratégicas políticas, ni en foros de rule of law and democracy, human rights…”, dice.

Trump busca impulsar a la derecha en Europa y Latinoamérica

Durante el primer mandato del republicano, “ya se dibujaban estas connivencias con la derecha radical europea y los ‘outsiders’ de Latinoamérica”, señala a Vozpópuli Javier Martín Merchán, politólogo y profesor de Ciencias Políticas en la Universidad Pontificia de Comillas. En esta nueva era, Trump hace “un esfuerzo por tejer alianzas orgánicas y consolidadas”. Ejemplifica con el fortalecimiento de su relación con Vox a lo largo de los años.

“Es una relación mucho más institucionalizada, de ida y vuelta”, comenta Merchán. La formación de Abascal tiene acuerdos tácticos no solo con el Partido Republicano estadounidense sino también con otras fuerzas latinoamericanas. Este tipo de partidos “beben mucho de la política económica de Milei y se interesan bastante por la política social de Vox”, indica.

Uno de los objetivos de Donald Trump es aumentar su poder y de estos partidos en Europa. El territorio “no va a ser un rival nunca de Estados Unidos, pero ya ha dejado de ser el gran aliado que era en las últimas dos décadas”, apunta el politólogo. El magnate se ha juntado “con quienes pueden desestabilizar más al continente desde dentro”.

El republicano quiere impulsar esos movimientos “de derecha radical o más escépticos con mantener el coste financiero de la guerra” que están en contra del camino que está tomando la Unión Europea en muchos ámbitos. “El caso más claro, que ahora va a ser un poco la clave, Alemania”, señala Martín Merchán.

¿La decadencia de la diplomacia de España?

El 'amiguismo' de Sánchez ha llegado también a la Embajada de Representación Permanente de España ante las Naciones Unidas. Héctor Gómez forma parte de ese grupo de exministros que a finales de 2023 salieron del Ejecutivo y el presidente les ha colocado en algún otro organismo internacional, como ha pasado con el canario en la ONU o con Miquel Iceta, antiguo ministro de Cultura, en la UNESCO.

El representante español de la ONU depende orgánicamente del Ministerio de Asuntos Exteriores de José Luis Albares. En diciembre designó a Héctor Gómez, exministro de Industria y Turismo, como embajador representante permanente para España y a Ana Jiménez de la Hoz como adjunta, quien se rumorea que también ha sido colocada a dedo.

Imagen de archivo de Albares saludando a Héctor Gómez

No obstante, Jiménez de la Hoz tiene una larga carrera diplomática vinculada a Naciones Unidas. Antes de convertirse en embajadora adjunta, era la principal asesora del exministro Miguel Ángel Monteros en la Alianza de las Civilizaciones. En el pasado, cuando trabajaba en Exteriores, ha estado en diferentes puestos ligados al trabajo de la organización internacional o en otras agencias de la ONU, como el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD). Por el contrario, Gómez, aunque con un currículum extenso, no tiene carrera diplomática, siendo el único del directorio en esta situación.

Cabe aclarar que no es necesario pertenecer a la carrera diplomática para ocupar un puesto diplomático, aunque sí es lo normal. "Existen circunstancias y excepciones, siempre y cuando estén justificadas", dice Javier Martín Merchán. "Hay perfiles idóneos para desempeñar el cargo de embajador y de diplomático en muchos países", explica, por ejemplo, "porque no tenemos un diplomático con ese nivel de conocimiento tan exhaustivo de la región ni con esas capacidades, a lo mejor, de negociación". Esto no quita que "estemos asistiendo a una especie de colocación in extremis de cargos como premio por la lealtad mostrada", comenta el politólogo.

A pesar de las colocaciones, la carrera diplomática en España es una de las más difíciles de acceder del mundo y tiene gran prestigio, a la altura de notarías, jueces fiscales y registradores de la propiedad. Este tipo de valoración no es común en otros sitios del globo.  Aquí, el proceso para conseguir entrar en la carrera diplomática es bastante complejo, una convocatoria de cuatro exámenes que puede alargarse hasta los seis meses. Sin embargo, en otros países realizan unos simples tests o alguna prueba con preguntas sencillas y con menor temario que la oposición española. Por lo que, "todas estas estrategias, un poco nepotistas, de colocación de familiares y amigos en puestos para los que la carrera diplomática sería un asunto importante o darían un mejor currículum, ensucian la imagen" de la diplomacia de España.

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