El divorcio entre Pedro J. Ramírez y Ágatha Ruiz de la Prada está yendo a un ritmo vertiginoso. Sin embargo hay muchas tensiones y no está siendo nada fácil, y mucho menos para la diseñadora que ha sido la más perjudicada, tras conocerse públicamente la infidelidad del periodista, a pesar de que no eran un matrimonio al uso y que cada uno hacía vidas un tanto separadas. A ella le sentó la noticia como un jarro de agua fría, y más porque dos días posaron para Vogue como una familia feliz.

A pesar de que trata de mantenerse callada, GRITOS ha podido saber, a través de fuentes cercanas a Ágatha, qué ésta está muy enfadada y no puede evitar criticar y maldecir al periodista por lo que ha hecho y por cómo está haciendo las cosas.

Sin embargo, de cara a la galería, trata de mantener las formas aunque en su primera aparición, hace unos días, en la que se le vio más delgada, no pudo disimular su tristeza y comparó su divorcio como una enfermedad: “Estas cosas son muy difíciles. Es como una enfermedad, todo el mundo lo sabe. Es una enfermedad de libro”.

La diseñadora explicaba que estando en Colombia por trabajo pasó “unos días complicados” y se enteró de “cosas que no me han gustado nada”, señaló. Además dejó claro que no le hizo gracia que Pedro J. presentara a su novia tan pronto.

La mala relación entre ellos es tal que hasta al abogado de su divorcio, Javier Gómez de Liaño y a su mujer, María Dolores Márquez de Prado, íntimos de la pareja, les está siendo muy complicado mediar entre ellos.  La tensión es tal que hasta la propia Ágatha ha señalado que tendrán un divorcio amistoso pero ha sido tajante “no seremos amigos”.

Ante este percal, Pedro J. está tratando de ser generoso en el acuerdo económico con la madre de sus hijos, Tristán y Cósima, y le está dejando gran parte de sus propiedades. La diseñadora se ha quedado con el dúplex de la Castellana, cerca de la calle José Abascal, en el que vive con sus hijos. A este inmueble hay que sumarle el polémico chalet que tienen en Costa de los Pinos, en Mallorca y la casa que Pedro J. le compró a Ágatha en París –regalo que vino tras el escándalo del vídeo sexual con Exuperancia Rapu-.

Por su parte, él se queda con el piso que tenían en Londres, los apartamentos anexos a las boutiques que tiene la diseñadora en París y en Milán y una finca cercana a Madrid, propiedad de su familia.

A pesar de que tiene domicilio en la capital, parece que por el momento Pedro J. ha preferido irse a vivir a la casa que tiene su novia, Cruz Sánchez de Lara, en el norte de Madrid, donde vive también su abogado y amigo, Javier Gómez de Liaño, y su mujer, según ‘El Economista’.

La diseñadora está tratando de superarlo centrándose en su trabajo como ya explicó hace unos días: “En la época de mi madre, que no trabajaba, estas cosas eran durísimas, porque el disgusto duraba 30 años. Pero el trabajo me está ayudando muchísimo”.

Además, tiene que ocuparse de algunas de sus empresas que le están dando pérdidas, en concreto las que tiene fuera de España que no está dando los frutos esperados. Su tienda en Nueva York es la que más pérdidas le está generando.