Billie Holiday (Filadelfia, 1915 - Nueva York, 1959) murió a los 44 años de edad esposada a una cama del hospital Metropolitano de Nueva York. Arruinada, enferma y bajo arresto domiciliario por decisión del Departamento Federal de Narcóticos. Cuenta la película Los Estados Unidos contra Billie Holiday (estrenada el pasado 31 de marzo), inspirada en el libro Chasing the Scream: The First and Last Days of the War on Drugs, que la policía, con el jefe de la unidad de estupefacientes al mando, Harry J. Anslinger, la situó de forma obsesiva en su punto de mira. Tenían mucho que reprocharle: primero, que fuera negra. Segundo, que partiendo de las más bajas cotas de miseria –hija de una pareja de adolescentes, abandonada por su padre, con su madre obligada a ejercer la prostitución para salir adelante, violada por un vecino cuando solo tenía diez años, internada en un reformatorio por su supuesta ‘culpabilidad’ en la agresión (al autor le cayeron tres meses)–, fuera aclamada en todo el mundo como una de las más grandes cantantes de jazz. Y tercero, y sobre todo, que se permitiera incluir periódicamente en su repertorio la canción Strange fruit, un doloroso grito contra los linchamientos de negros, a los que no era extraño descubrir colgados de los árboles, como inesperados y sangrantes frutos, especialmente en los reaccionarios estados sureños.

La película cuenta su imparable carrera hacia la fama en un país en constantes revueltas por la lucha de la igualdad de derechos de las personas negras.

Así que, dispuestos a callarla, los guardianes del orden encontraron en su adicción a las drogas –también lo era al tabaco, al alcohol y a las relaciones tóxicas con hombres maltratadores y explotadores– la excusa perfecta para hacerle la visa imposible. Pasó varios meses en la cárcel, pero a su regreso volvió a llenar el Carnegie Hall; a grabar discos en los que desplegar su voz inconfundible, de timbre muy personal y técnica, dicen, algo pobre; y, como refleja la película, también a reír, de todo y de todos, quizás incluso de su propio final.

Andra Day y Trevante Rhodes en un fotograma de la película.

La película, dirigida por Lee Daniels y protagonizada por Andra Day, aborda la historia de fama, adicción y desamor con la que la cantante convivió toda su vida. Mientras Estados Unidos popularizaba este género alrededor del mundo durante la primera mitad del siglo pasado, los fans de la intérprete convirtieron su figura en todo un emblema de la música. Al tiempo, una operación encubierta del Departamento Federal de Narcóticos del país la fijó como objetivo, dando lugar a una turbulenta historia de amor entre Holiday y el agente al mando, Jimmy Fletcher (Trevante Rhodes). La defensa de los derechos civiles se convierte en el epicentro de una película que le valió a Andra Day (su nombre artístico se inspira en el apodo de la cantante por la influencia artística que ejerció en su carrera) la nominación a los Oscar como mejor actriz protagonista. Nominado al Premio de la Academia como mejor director, Lee Daniels es también el coescritor del guión junto a Suzan-Lori Parks, primera mujer afroamericana en recibir el Premio Pulitzer por su obra Top Dog/Underdog en 2002.