Gastronomía

¿Deberíamos prohibir determinados platos y comidas para prevenir más coronavirus?

Fuese el pangolín o una sopa de murciélago lo que estuviese en el origen del Covid-19, lo cierto es que muchas de estas comidas entroncan con la cultura y tradiciones de los países. Y por eso va a ser muy difícil parar estas prácticas culinarias de cara al futuro (y por extensión, prevenir futuras pandemias sanitarias)

Mercado chino
Mercado chino Pixabay

Dicen que el origen de esta tragedia se sitúa en un mercado de animales vivos en Wuhan, mercados en los que las condiciones higiénicas brillan por su ausencia. Dicen que si un pangolín, que si una sopa de murciélago… fuese lo que fuese, la conclusión es que, como diría aquella, “se ha liado parda”.

Si el origen de la pandemia del coronavirus Covid-19 estuvo en ese mercado, lo tenemos complicado para prevenir futuras pandemias similares a esta porque muchas de las comidas que nosotros denominamos como “exóticas” entroncan con la cultura y las tradiciones de muchas personas.  Según la RAE, exótico significa “extranjero o procedente de un país o lugar lejanos y percibidos como muy distintos del propio". Otra acepción es “extraño, chocante, extravagante”.

En definitiva, puede resultarnos chocante que alguien coma sopa de murciélago, tortuga, ballena, delfín o tiburón, pero a buen seguro que a ellos también les resultará extravagante que nosotros comamos gambas de Huelva, rabo de toro, caracoles, lengua de vaca o gallinejas, ¿no les parece?

En ocasiones rechazamos una comida y mucho de ese rechazo es cultural tiene que ver con tabúes, sucede por ejemplo, con los insectos, que aunque ya pueden encontrarse en muchos mercados de España y están considerados como una gran fuente de proteínas, no acaban de convencer a muchos como ingrediente habitual de sus platos…

Plato mexicano con hormigas culonas
Plato mexicano con hormigas culonas Pixabay

Lo de intentar frenar el consumo de determinados animales, aunque más que justificado, puede resultar como ponerle puertas al campo. El escritor Gabi Martínez cuenta en su libro Animales Invisibles (Nórdica) que en Corea del Sur, país al que viajó buscando tigres (símbolo de este territorio), que el gobierno casi proscribió los restaurantes en los que se servía comida de perro tras la celebración de los Juegos en 1988 en un intento de “No proyectar la imagen de pueblo primitivo a los turistas”.

Sin embargo, como reconoce en su obra, él mismo pudo degustar esta carne en la capital del país y es que el perro, “como los vegetales, había sido una comida de subsistencia para miles o millones de coreanos en los tiempos del hambre”. Más o menos como el gato aquí en algunas regiones durante la Guerra Civil, porque si hay guerra y hambre, cualquier cosa viene bien en el plato. Es comer o morir: “Hay dietas de la desesperación, como las que se están dando en países como Venezuela, donde un animal emblemático del país, la danta (el tapir) está siendo cazado y comido a causa de la desesperación extrema. Y hay pueblos donde se han comido a jaguares”, dice Martínez.

Los chinos apenas comen queso, pero ingieren habitualmente insectos

En Corea del Sur se sigue afirmando que la carne de can tiene múltiples propiedades: es buena para los pulmones y la piel, por ejemplo. Entre los clientes de uno de los restaurantes donde se sigue sirviendo acuden “varios deportistas de alta competición, jugadores de fútbol, de bádminton, béisbol”. Así que vayan ustedes a explicarles que no hay que comer perro…

En Corea del Sur se sigue afirmando que la carne de can tiene múltiples propiedades: es buena para los pulmones y la piel, por ejemplo

Si volvemos a China, “los chinos casi no comen queso, porque al parecer lo digieren mal. Pero es habitual ver numerosos tenderetes y mercados ambulantes donde es común pedir cucuruchos o pinchos de insectos fritos, incluidos los escorpiones”, afirma Martínez. Si nos vamos a África, “en Uganda me llamó la atención como la tilapia, una especie invasora que se había zampado a buena parte de los peces del lago Victoria, en el nacimiento del Nilo, formaba parte habitual de los platos ugandeses”, añade el escritor.

Sigamos viajando, al menos mentalmente, y veamos qué se come en otros países y continentes: “En México fui a un restaurante donde se servían hormigas vivas, tanto que se te escurrían por la boca, y en Australia había restaurantes que servían carne de cocodrilo, canguro o tiburón. A fin de cuentas son los animales que forman parte de su entorno”, afirma Martínez. Y continúa: “Corazón de foca, tortilla de pingüino o filete de ballena forman parte del menú esquimal, si bien la particularidad de este pueblo es que ritualiza la caza de los animales, dándoles las gracias por brindarles su carne. Y solo matan para comer”.

Mercado chino
Mercado chino Pixabay

Japón es líder en el consumo de carne de ballena, también por tradición. Los nipones también comen delfín. “En Tailandia, el elefante se ha convertido en un plato estrella, no solo por su carne "previsible" sino también por la trompa y los genitales. Comer genitales forma parte de numerosas tradiciones culturales, y ahí está la tradición de comer los de algunos como el yak, burro, caballo, tigre, llama, toro... al atribuirles propiedades casi siempre vigorizantes”, finaliza Martínez.

Un apunte final sobre los atributos vigorizantes de algunas viandas: Viagra deriva de vyaaghra, que en sánscrito significa tigre. Un ejemplo más de cómo tradición, creencias, cultura, comida y animales conforman un cóctel que a veces, resulta explosivo.

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