Cuando quedan escasas horas para que abran los colegios electorales en Cataluña y Salvador Illa pelea en los sondeos de última hora por hacerse con la primera plaza en estos comicios del 14-F, tanto en la sede del PSOE como en la del PSC empieza a alejarse la esperanza de formar un tripartito de izquierda con En Comú Podem y con ERC, encabezado por el propio Illa o por el republicano Pere Aragonés; tanto monta para la estrategia de un Pedro Sánchez que se había hecho a la idea de acabar plácidamente la legislatura con los de Oriol Junqueras amarrados al llamado bloque de investidura, aunque Illa tenga que cederles la presidencia de la Generalitat.

Así que, aunque Illa quede primero, al PSOE, al PSC y, en buen medida, también a un Pablo Iglesias que había puesto toda la carne en el asador para la consecución de ese tripartito, solo les queda cruzar los dedos para que, finalmente, ERC supere a Junts per Cat y sea el republicano Pere Aragonés quien lidere el nuevo Govern independentista, no Laura Borrás, la candidata del huido Carles Puigdemont.

La incertidumbre va en aumento porque ningún tracking de esos que ya no se pueden publicar en medios de comunicación, pero siguen llegando a La Moncloa y a las sedes de los partidos, vaticina que la participación vaya a alcanzar siquiera al 60%, y eso son la friolera de veinte puntos menos que en las elecciones de diciembre de 2017. Las dudas suben también por lo que denominan fuentes del PSC a Vozpópuli “los errores de Iglesias”: haber hecho el caldo gordo al victimismo independentista con sus declaraciones reiteradas sobre la “anormalidad democrática” en España.

Si se confirmara ese escenario, que no corroboran otros encuestadores, las que han venido constituyéndose como las dos fuerzas centrales durante toda la precampaña y campaña, el PSC de Illa y la ERC del actual vicepresidente de la Generalitat y candidato en estos comicios, Pere Aragonés, habrán fracasado: de nada le habría servido al socialista dejar el Ministerio de Sanidad para acabar de líder de la oposición en el Parlament, y Aragonés, actual presidente de la Generalitat en funciones, vería cómo ésta se le escapa de las manos y vuelve a Junts per Cat.

En unas elecciones con veinte puntos más de abstención, mucha de ella de votante constitucionalista, lo normal es que se beneficien los extremos, la CUP y Vox, y Borrás, que defiende otra declaración de independencia”, vaticina Ferrándiz

“En unas elecciones con veinte puntos más de abstención, mucha de ella de votante constitucionalista que ya no ve peligrar la unidad de España como hace tres años, y con la polarización tan alta que se da en Cataluña... lo normal es que se beneficien los polos; esto es, la CUP y Vox, en los extremos, y entre las fuerzas centrales del tablero, Junts Per Cat, cuya candidata, Laura Borrás, defiende otra Declaración Unilateral de Independencia (DUI) frente a las tesis más moderadas de ERC”, reflexiona para este periódico el presidente de Metroscopia, José Pablo Ferrándiz.

A diferencia de esos otros encuestadores, a Ferrándiz no le sale en sus trabajos de campo la victoria indubitable de ERC y sí una reacción en las últimas semanas del voto de Junts per Cat hasta el sorpasso de los republicanos, el peor de los escenarios que se maneja en La Moncloa porque dejaría a Junqueras sin margen de maniobra y obligado a a investir junto con la CUP al candidato que designe el huido Carles Puigdemont desde Bruselas; veremos si la candidata Borrás, sobre la que pende una amenaza judicial de inhabilitación de grueso calibre, o el número tres, el aún más duro que Borrás en su independentismo Joan Canadell.

La clave de lo que ocurra intramuros del bloque independentista la va a dar también la abstención. Dicho de otro modo, “no es lo mismo que vote el 55-60% del electorado a que lo haga menos del 50”. Y ello, según uno de esos otros encuestadores consultados, porque las opciones de Borrás/Puigdemont crecen cuanta menos gente participe: “Su intención de voto directo, en respuesta espontánea, es bastante mayor que la de ERC” y disminuye a la inversa, si la participación supera el 55%.

La debacle de Cs y el PP

Caso aparte va ser el de los partidos más pequeños: desde En Comú Podem a PP, pasando por Ciudadanos, el ganador en 2017 con 36 diputados, que va a sufrir una debacle en estas elecciones en las cuales Carles Carrizosa “se está disputando la cuarta plaza con Vox” y su candidato Ignacio Garriga, coinciden todos los expertos consultados.

Claro que el gran perjudicado por la espectacular irrupción del partido de Santiago Abascal en la política catalana que auguran todas las casas de sondeos son Pablo Casado y su candidato en estos comicios, Alejandro Fernández, a los cuales les daban los trabajos de campo “tres o cuatro diputados” al final de la semana pasada -en la actualidad el PP tiene cuatro diputados en el Parlament-, pero parece que los tracking de última hora arrojan una pequeña remontada para los de la calle Génova.

Capítulo aparte será el resultado de En Comú Podem. La estrategia de Pablo Iglesias en esta campaña, criticada hasta por la líder de la formación en Cataluña y alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, merecerá lectura aparte este domingo por la noche si, como vaticinan los sondeos, ni sube en escaños ni sus números son decisivos para que gobierne ERC o Illa en la presidencia de la Generalitat; hasta destacados dirigentes morados han decidido pedir el voto directamente a Illa tras las últimas declaraciones del líder del partido.