Conversaciones irreverentes

José Manuel García-Margallo: “¿Qué quieren de Juan Carlos I? ¿Que acabe como Rita Barberá?”

El exministro de Asuntos Exteriores habla en esta entrevista de la salida de España del Emérito. También de Gibraltar y de la situación del Partido Popular, en particular, y la política española, en general

José Manuel García-Margallo
José Manuel García-Margallo EFE

Los versos sueltos en política no suelen rehuir la controversia, lo que tiene un precio. A José Manuel García-Margallo (Madrid, 1944) hubo quien le acusó de 'alta traición'. Él niega que conspirara contra Mariano Rajoy, pero lo cierto es que en esas fechas salió del Gobierno.

En esta entrevista, habla de aquellos días y dedica unas cuantas respuestas a la marcha de España de don Juan Carlos y las consecuencias que podría tener para la democracia. También se refiere a uno de sus temas de cabecera, Gibraltar, sobre el que publicará un libro en las próximas semanas.

Pregunta: ¿Compra usted la teoría de que la marcha de don Juan Carlos se debe a una operación de la izquierda?

Respuesta: Vamos a ver, yo creo que aquí hay tres operaciones que hay que distinguir, pues parece que, 'entre tanta polvareda, perdimos a don Beltrán'.

P: Veamos…

R: Aquí está, en primer lugar, el debate entre monarquía y república. Todos los partidos que apoyaron la moción de censura contra Rajoy son claramente republicanos y una parte del PSOE también lo es. Todos ellos, están aprovechando las noticias sobre las presuntas irregularidades de Juan Carlos I para poner encima de la mesa ese debate. En el caso de Podemos, es la única bandera que les va a quedar durante mucho tiempo y la única forma que tienen de sacar pecho en una coalición en la que se están difuminando.

P: Parece osado sostener esa teoría con todo lo que se ha publicado, ¿no cree?

R: Es que, en segundo lugar, está el tema de don Juan Carlos; y aquí hay que distinguir dos cosas: por un lado, el juicio que se haga de sus presuntas irregularidades; y, por otro, el balance de su reinado. En lo que respecta a las presuntas irregularidades, desde un punto de vista jurídico hay tres principios que no se están respetando. Primero, que todos estamos sometidos a la ley y hay que investigar esas irregularidades en caso de que sean ciertas y hacerlo con la ley en la mano. Segundo, la presunción de inocencia, que se aplica a todo el mundo, incluido a los ministros que tienen sociedades interpuestas y al vicepresidente del Gobierno (Pablo Iglesias), que tiene no sé cuántas causas penales. Tercera, la separación de poderes y la independencia judicial. Estos días he escuchado auténticos disparates, como que con República Dominicana no hay tratado de extradición, cuando lo hay desde 1982.

P: Si pone todos los ingredientes sobre la mesa, ¿a usted le pareció un buen Rey?

R: Yo creo que ha sido uno de los monarcas más brillantes de la Historia contemporánea de España. Fue don Juan Carlos el que decidió abrir su reinado a todas las fuerzas políticas. En 1974, mandó a un emisario a ver a Santiago Carrillo para decirle que le dejasen empezar a reinar, que el PCE tendría su sitio en la nueva democracia. El emisario se llamaba Nicolás Franco, por lo que Carrillo no se atrevió a contárselo a sus camaradas.

P: El apellido imponía, ¿no?

R: Claro, por eso fue. Pero es que también tuvo el valor de sustituir a Arias Navarro por Adolfo Suárez. Por último, no hay que olvidar que el gran momento del rey fue cuando se opuso al golpe de Estado y jugó un papel decisivo. Por otra parte, desde el punto de vista económico, España no ha tenido un momento de mayor desarrollo como con don Juan Carlos; y desde el punto de vista internacional, te aseguro que ha sido el mejor embajador que España ha tenido. Mira, me decía un notario el otro día que él no ha conocido a nadie que amase España como Juan Carlos I y yo lo creo así.

P: La argumentación oficial dice que se marcha de España para salvar la monarquía, pero no tengo claro que la figura de Felipe VI no salga tocada tras estos sucesos…

R: Aquí ha habido un linchamiento como yo no había visto nunca. Chirac fue condenado a dos años de cárcel por corrupción y el año pasado tuvo un funeral de Estado. Sarkozy se va a sentar en el banquillo el próximo octubre y está recorriendo Francia presentando un libro, sin mayor problema. Nixon, cuando dimitió, obtuvo el perdón de Ford. Yo no sé qué quieren aquí. ¿Qué quieren más de Juan Carlos I? ¿Que acabe como Rita Barberá, la pobre? No se puede proceder a un linchamiento moral en estas condiciones.

"Me parece obvio que no se pueda sentar al jefe del Estado en el banquillo. Otra cosa es si esa inviolabilidad debe estar circunscrita a los actos que realice en su cargo o a toda su vida".

P: Me gustaría saber su opinión sobre la decisión de Casa Real, de anunciar la marcha en agosto. Parece que lo han querido amortiguar…

R: Cualquier momento que hubiese elegido hubiese sido malo. Su proceso de linchamiento empezó con lo de Botsuana y no ha parado. Cualquier ocasión hubiera sido mala. Lo que sí me choca de los periódicos de estos días es el entusiasmo que demuestran ante esta salida de España sin que se haya declarado siquiera el enjuiciamiento. Esto no va a parar.

P: ¿Cómo recuerda el episodio de Botsuana? ¿Le levantaron de la cama?

R: Lo de Botsuana lo recuerdo bien porque entonces era ministro. Me levantaron de la cama y me dijeron que el rey volvía en un avión y que se había fracturado la cadera. Me preguntaron si sabía dónde estaba el rey y dije que evidentemente sí. Entonces, él pidió perdón para intentar frenar la reacción que se había desatado contra él, pero no sirvió. Aquí hay una cosa curiosa, y es que toda la teoría sobre él se ha construido a partir de las declaraciones de Villarejo y de Corinna. A mí me recuerda mucho al caso de Rita Barberá.

P: ¿Cree que todo aquello estuvo dirigido para forzar la abdicación?

R: Yo creo que el rey comprendió, inmediatamente después de Botsuana, que tenía que abdicar para salvar la Institución. Y si hay algo que le ha caracterizado, con todos los defectos que ha podido tener, es su amor por España. Por España contrarió incluso a su padre en 1969, cuando aceptó ser el príncipe. En este momento, ha entendido que su figura podría oscurecer la Corona y ha dado un paso atrás. No hay otra clave.

P: ¿Habría que plantear la supresión de la inviolabilidad del jefe de Estado?

R: Ése es un debate que está en todos los sistemas, tanto republicanos como monárquicos. A mí me parece obvio que no se pueda sentar al jefe del Estado en el banquillo. Otra cosa es si esa inviolabilidad debe estar circunscrita a los actos que realice en su cargo o a toda su vida. En cualquier caso, aquí estamos hablando de que, en este momento, hay que aplicar la ley como está y será el Tribunal Supremo el que dicte si los actos realizados antes de la abdicación, que han tenido consecuencias posteriores, han de ser juzgados o no. Y serán los legisladores quien tomen decisiones, si las toman, sobre la inviolabilidad.

P: Pero, ¿no cree que, llegados a este punto, la inviolabilidad se ha convertido en un arma de doble filo? Quiero decir, que ante el mínimo indicio de que existe una falta de ejemplaridad multiplica el efecto de las acciones que se cometen...

R: Pues valórese si hay que modificar esa ley o no. Pero eso es un juicio que tiene que hacer el legislador. No hagamos aquí cada uno una tesis doctoral sobre lo que se nos ocurre en cada tema.

P: ¿Les supuso dificultades la 'bomba' de Corinna una vez supieron desde el Gobierno que estaba instalada en El Pardo?

R: Si hubiese sido sólo un asunto de faldas, no tendría más trascendencia. Es decir, podría haber tenido en la prensa rosa unos minutos de gloria, pero no hubiera tenido trascendencia política ni trascendencia desde el punto de vista del ordenamiento penal. Pero vaya, si fuésemos ahora a pedir que abdicasen o renunciasen a sus facultades los jefes de Estado que han tenido algún lío de faldas, le tocaba a usted ser presidente de la República...(ríe).

"Si fuésemos ahora a pedir que abdicasen o renunciasen a sus facultades los jefes de Estado que han tenido algún lío de faldas, le tocaba a usted ser presidente de la República".

P: Y ni eso le diría yo...

R: (Ríe) Hay que ver a Giscard, Bill Clinton...En fin, eso no puede tener entidad política.

P: ¿Pero no cree que esas cosas rompieron con el 'enamoramiento' de los españoles para con esa Familia Real que les habían dibujado como idílica?

R: No, yo creo que el tema Corinna lo sabía todo el mundo, pero no provocó un desencanto con la figura de don Juan Carlos. La gente lo que quiere es que los responsables políticos hagan bien su trabajo. Sus comportamientos pueden ser censurables o no, según los criterios morales de cada uno, pero reitero, lo de Corinna no tiene trascendencia política.

P: Hablemos de una de las serpientes habituales de verano: Gibraltar. Un año más, ha vuelto a salir a la palestra con la reunión de hace unos días...

R: Que fue una falta de respeto enorme. Te recuerdo que, en su día, había un foro tripartito en el que Reino Unido, España y Gibraltar se sentaban en igualdad de condiciones, como si fuesen iguales. Acuérdese que Trinidad Jiménez lo congeló y yo lo derogué y dije: si quieren ustedes, los hacemos a dos banderas, la de Reino Unido y la de España. Y, si quieren ustedes, al otro lado de la mesa situamos a alguien que tenga la misma 'calidad', pero la bandera de Gibraltar no puede estar en el mismo lugar que las otras.

P: ¿Cree realmente que la reunión fue tan grave?

R: Repito: fue una falta de respeto. En cualquier caso, lo grave no ha sido esa reunión, sino el acuerdo fiscal que se está tramitando en estos momentos. Es un acuerdo internacional que crea un Comité de Coordinación en el que las autoridades españolas y las gibraltareñas están en pie de igualdad. Es un acuerdo en el que Gibraltar no entrega nada y España entrega todo. El acuerdo fija normas para decir quién es residente en España y quién en Gibraltar para evitar residencias ficticias. Pero es que ahora Gibraltar dice que va a cumplir con los acuerdos de intercambio de información fiscal de forma automática y los acuerdos para evitar la erosión de bases imponibles. Ésas son obligaciones contraídas con la OCDE y, si dejara de cumplirlas, sería puesto en la lista negra y expulsado de esa comunidad. Gibraltar tiene un régimen fiscal privilegiado que ha permitido que la izquierda caiga en una gran paradoja, y es que diga que le preocupan las Islas Caimán, pero no Gibraltar. Curioso...

"Gibraltar tiene un régimen fiscal privilegiado que ha permitido que la izquierda caiga en una gran paradoja, y es que diga que le preocupan las Islas Caimán, pero no Gibraltar. Curioso...".

P: Acotemos, ¿dónde cree que va a terminar todo eso?

R: En que van a sacar a Gibraltar de la lista de paraísos fiscales en la que está. Por otra parte, es evidente que Gibraltar quiere quedarse en la unión aduanera y en Schengen sin contar con el Reino Unido y sin la co-soberanía en España, que es el requisito que le permitiría seguir en la Unión Europea. Si España acepta que estén en Schengen, estamos reconociendo que en Gibraltar se aplica el principio de autodeterminación, que es lo que ha condenado la ONU desde 1955.

P: Si no me equivoco, usted prepara un libro sobre el tema, ¿no?

R: Sí, es un libro cojonudo y lo sacaremos en breve. Se llama La rendición de Gibraltar. Ahí explicamos toda la problemática.

P: Desde luego, hay inquinas históricas que nunca se extinguen. La Pérfida Albión...

R: Hombre, pero es que aquí queda una colonia. ¿Usted cree que el Reino Unido consentiría una colonia española en Dover?

P: Pero usted ha sido Ministro de Asuntos Exteriores. Sabrá de la Leyenda Negra y de sus manifestaciones múltiples...

R: Claro, por eso se creó la Marca España. Eso sí, sin presupuesto porque la vicepresidenta (Soraya Sáenz de Santamaría) tuvo la amabilidad de decirme que no tendría presupuesto. Ahora se la han cargado y se llama España Global y ya no sé si es para vender los textiles de Sabadell en Miami porque lo que hay es un problema reputacional. Pregúnteselo usted al sector turístico. Como la Marca España se ha desactivado, pues ha sido más fácil que nos hicieran cosas como lo de las cuarentenas de hace un par de semanas...

"A mí me pasa como a Rhett Butler en 'Lo que el viento se llevó', que me enamoro de las causas perdidas.".

P: Da la impresión de que hay que luchar siempre contra el gigante interior de la desunión y el exterior de la Leyenda Negra...

R: Siempre. Pero bueno, a mí me pasa como a Rhett Butler en Lo que el viento se llevó, que me enamoro de las causas perdidas.

P: En cualquier caso, veo que ha tenido usted cierto desencanto con la ministra de Exteriores, dado que usted valoró en su día su perfil...

R: Mira, yo soy democristiano y tiendo siempre a aplicar Corintios 13, que es la lectura sobre la caridad. Yo vi que era una persona que había estado en instituciones internacionales y que iba a representar a España; y mi obligación era valorarla y decirle que estaba para ayudarla en lo que quisiera. Pero vaya, aquí parece que ha primado su debilidad política sobre su formación. Resulta chocante que no estuviera en aquel 'consejo de guerra' que montaron para con el coronavirus. O que no se enterara del viaje de Delcy Rodríguez.

P: Usted también se vio envuelto en un desaguisado importante con Marruecos...

R: ¿Cuál?

P: El del barco y Mohamed VI.

R: Ah, claro. La zodiac...

P: ¿Cómo lo recuerda?

R: Pues con horror. Es que tuve que llamar al ministro de Exteriores de Marruecos, que estaba en el Hermitage de San Petesburgo. Me dijo que ya lo arreglaríamos y le dije que no, que esto corría prisa porque temía que me metieran 15.000 inmigrantes en las costas del sur. Con Marruecos hay que ser extremadamente cuidadoso. En el Gobierno lo han hecho mal desde el principio, cuando Sánchez eligió París como primera visita en lugar de Rabat.

P: Pero yo me refería al día en que detuvieron al rey de Marruecos en una zodiac...

R: Estaba en una zodiac y salió una patrullera de la Guardia Civil, en aguas de Ceuta, y lo detuvieron. El cabreo fue monumental. Hubo que mandar un teniente general a Rabat e incluso Felipe VI intervino.

P: ¿Cuánto duró la detención?

R: Nada, unas horas. No se dieron cuenta de quién era y, claro, se cogió un cabreo monumental.

P: Usted ha tenido fama de verso suelto dentro del Partido Popular. Me gustaría que valorara la posición ideológica del partido y los mensajes que afirman que debería volver a posiciones más moderadas.

R: Vamos a ver, yo no sé si se ha escorado o no de ahí. Pero te diré que aquí en España siempre ha ganado las elecciones el centro. En 1977, el protagonismo lo tuvo UCD y el PSOE, que tres años antes había renunciado al marxismo para convertirse en un partido socialdemócrata. El PSOE gana en 1982 en esas condiciones. Se inauguró entonces un período en el que los socialistas concurren a las elecciones con la convicción de que no tienen rival, pues Alianza Popular estaba demasiado a la derecha como para poder hacerlo. Tuvieron que estallarle al PSOE varios escándalos para que el Partido Popular ganara, previamente de haber moderado su posición. Todavía, por desgracia, hubo gente que nos siguió viendo demasiado escorados a la derecha. De hecho, en 1996 ganamos por los pelos y, en 2011, porque España estaba al borde del precipicio. Y yo no quiero que mi partido sea la Unidad Militar de Emergencia. Quiero que también le dejen cultivar el jardín de vez en cuando.

"Yo no sé si (el PP) se ha escorado o no de ahí. Pero te diré que aquí en España siempre ha ganado las elecciones el centro".

P: Sin centro, no hay paraíso. Y mire que aquí hay personas que han vivido y muerto obsesionadas con encontrarlo. O eso decían...

R: Mire, el PP con Vox no puede entenderse, por eso y porque tienen filosofías distintas. De inicio, Abascal dice que no cree en Rousseau, sino que cree en Hobbes, que el hombre es malo por naturaleza. Por tanto, leña al mono. Segundo, afirma que la Historia de España es la Reconquista, la Conquista de América y la Guerra de la Independencia. Entonces, yo digo: a ver, ¿qué hay del liberalismo o del Siglo de las Luces? ¿Para qué hicimos entonces las Guerras Carlistas? Abascal tampoco cree en la diversidad de España ni en las autonomías; y tampoco cree en el proyecto europeo: es soberanista. Entonces, nosotros es que no podemos coincidir con eso. Si nos acercásemos a Vox, perderíamos el centro y le haríamos el trabajo a Sánchez para que la izquierda se levantase al grito de 'no pasarán'.

P: ¿Cree que eso que describe es lo que está pasando?

R: Bueno, es que hemos hecho de Sánchez un centrista, lo cual ya tiene mérito...

P: El resultado en Galicia fue bueno. En Génova se atribuyeron el mérito al día siguiente de los comicios...

R: Es que yo creo que él quiere hacer eso. A ver, tú no puedes definir un partido político sin proyecto de partido. Lo que decía Ortega es verdad: no estamos juntos por estarlo, sino por hacer algo en común. Cada día es más sencillo de definir el centro porque cada vez los extremos son más nítidos y poderosos.

"Si nos acercásemos a Vox, perderíamos el centro y le haríamos el trabajo a Sánchez para que la izquierda se levantase al grito de 'no pasarán'".

P: Y yo le digo: ¿qué es un partido de centro?

R: Pues es un compromiso con derechos y libertades que cree en cosas que Vox niega, como la igualdad de género, el matrimonio homosexual, etc. Por otra parte, debe defender la separación de poderes, que es la que este señor, Sánchez, se está cargando. Mira, poner de Fiscal General del Estado a la ministra de Justicia es un síntoma de ello. Pero es que luego, tienes al vicepresidente del Gobierno diciendo que hay que controlar a los medios públicos. ¿Dónde está la libertad de expresión?

P: Ve usted muchos peligros...

R: Pero es que mira, nosotros estamos en una economía social de mercado, las dos cosas, no una economía liberal pura. Nuestra economía se basa en dos principios: un mercado que funcione, y hay que vigilar que la competencia funcione, y la atención a quienes necesitan la compensación social. El problema que vive ahora el mundo es que el orden liberal que se configuró tras la Segunda Guerra Mundial se lo está cargando el mismo país que lo impuso, que es Estados Unidos. Mire, todo eso es un partido de centro, unido en la convicción de una Europa federal. Y eso es lo que hay que defender.

P: Dirán que es usted el vivo ejemplo de la 'derechita cobarde'...

R: Pues muy bien. También los de UCD éramos traidores a España. Esas cosas las he oído desde que empecé en política y hace ya unos cuantos años...

P: A usted se le acusó de traicionar a Rajoy. De hecho, se dijo que incluso fue a Moncloa a pedir perdón al presidente...

R: Eso es rigurosamente falso. Yo entonces dije que había que hacer tres cosas, pues yo discrepaba en otras tantas. Una, dije que la Transición estaba llegando al final, y es verdad, y que en 2014 hubiese sido el momento de hacer una segunda Transición porque teníamos mayoría absoluta y en el PSOE estaba al frente Alfredo Pérez-Rubalcaba. Nadie me hizo caso en el proyecto de reformar la Constitución. Todo era para salvar la unidad de España, la monarquía y la igualdad de derechos y obligaciones, lo cual choca con los federalismos asimétricos. Yo le hablé de todo eso, pero yo no fui a pedirle perdón, pues estaba convencido de que tenía razón.

P: Pero habla usted de otras dos cosas...

R: Sí, la segunda fue Cataluña y la tercera fue Gibraltar.

"Yo todos los días leía las esquelas de ABC para cerciorarme de si aparecía mi nombre. No te digo más".

P: Entonces, ¿compramos la teoría de que eso se publicó porque alguien quiso matarle?

R: Hombre, el entusiasmo por matarme era descriptible y generalizado. Mira, eso pasó porque hubo una cena de empresarios importantes de este país que dijeron que Rajoy tenía que dar un paso atrás y poner a alguien de su confianza. Se dieron cuatro nombres: el de Ana Pastor y el mío. Él, en su libro, dice que había otros dos, que yo supongo que serían el de Luis de Guindos y el de Soraya Sáenz de Santamaría. Este último me cuadra. De hecho, algún compañero tuyo me dijo que ella pidió a un empresario muy importante que convenciera a Rajoy de que diera un paso a un lado para ponerla a ella.

P: Vamos, que le quisieron matar.

R: Yo todos los días leía las esquelas de ABC para cerciorarme de si aparecía mi nombre. No te digo más.

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