España

Las ‘amistades peligrosas’ del ministro desencadenaron el ‘Delcygate’

Ábalos se vio inmerso en este escándalo político por ir a recoger a Barajas al titular de Turismo de Venezuela, al que conocía desde los noventa por su trabajo como consultor en proyectos de cooperación en América Latina

José Luis Ábalos, ministro de Transportes, Movilidad y Agenda Urbana, y Félix Plasencia, ministro de Turismo de Venezuela
José Luis Ábalos, ministro de Transportes, Movilidad y Agenda Urbana, y Félix Plasencia, ministro de Turismo de Venezuela EP/Gobierno de Venezuela

"Ya que vas, procura que no baje del avión". Estas fueron las palabras que Fernando Grande-Marlaska le dijo a José Luis Ábalos en la fría noche del 19 de enero. El ministro de Transportes se había subido a un vehículo particular de un asesor suyo para ir a recoger de madrugada a su amigo Félix Plasencia, a la sazón ministro venezolano de Turismo, en la terminal ejecutiva de Barajas.

Pero la llamada telefónica del titular de Interior a Ábalos aquel domingo no era para impedir la entrada de Plasencia en territorio español la víspera de la inauguración de la Feria Internacional de Turismo (Fitur) en Madrid, sino la de la vicepresidenta Delcy Rodríguez, quien tenía prohibido pisar territorio Schengen en virtud de las sanciones europeas contra varios dignatarios del régimen de Nicolás Maduro, tal y como desveló Vozpópuli en exclusiva.

El ministro de Transportes conocía a Plasencia desde los años noventa. Mucho antes de que los dirigentes de Podemos se acercasen a los círculos de poder bolivarianos, Ábalos se pateó Latinoamérica como consultor en misiones de cooperación internacional. 

Los ministros de Fomento, José Luis Ábalos e Interior, Fernando Grande-Marlaska.
Los ministros de Fomento, José Luis Ábalos e Interior, Fernando Grande-Marlaska. EFE

De aquellos años colaborando con ONG y agencias de cooperación se labró una importante red de contactos de la que sigue echando mano para ayudar a amigos y familiares directos, como desvela este lunes Vozpópuli con el caso del nuevo embajador español en Cuba, Ángel Martín Peccis. Una de las amistades que mantiene de aquella época es con el citado ministro de Turismo venezolano.

"El ministro tiene una larga relación con América Latinacon más de 25 años trabajando allí en cooperación internacional", destaca una persona cercana a Ábalos, quien conoció a Plasencia en uno de los proyectos que lideró hace años. "Se conocieron en uno de los eventos en los que participó allí el ministro y esto les ha permitido tener una relación bastante cordial", afirman en su Ministerio.

La reunión Ábalos-Plasencia

La víspera de que estallase el 'Delcygate', este periódico ya adelantó que Ábalos había mantenido una reunión en secreto con Plasencia en su despacho. Fue horas después de que la número dos de Maduro hubiese tomado un vuelo hacia Doha en la T-4 de Barajas.

Aquel lunes 20 de enero Madrid había sido un hervidero diplomático en torno a Venezuela. Mientras las puertas de La Moncloa se cerraban para Juan Guaidó, quien tenía previsto llegar a España en unos días y solo sería recibido por la ministra de Exteriores en Casa América, Ábalos citó de urgencia en su despacho a Plasencia a pesar de que su homóloga española era Reyes Maroto, ministra de Industria, Comercio y Turismo.

El encuentro de Ábalos con el ministro de Maduro no tuvo ninguna publicidad. Ni apareció en las previsiones de la agenda de aquel día del Gobierno, ni hubo comunicado o imagen del mismo a su término. Tampoco la embajada venezolana en España, dirigida por Mario Isea, informó de la reunión bilateral.

El pacto del silencio

Desde el Ministerio de Transportes declinaron aquel día ofrecer detalles sobre el contenido de la cita y se puso como excusa el hecho de que parte de las competencias del departamento de Ábalos, las de Movilidad, cubrían el evento de Fitur. En realidad, cuando Vozpópuli destapó el 'Delcygate', se supo que el encuentro había sido precisamente para hablar de la incómoda llegada de la vicepresidenta venezolana.

Ábalos convocó a su amigo para advertirle de que Caracas había jugado sucio con este vuelo al no comunicar la presencia de la vicepresidenta hasta que se encontraba en mitad del Atlántico. Entre los dos pactaron guardar silencio sobre la estancia de Delcy Rodríguez en el aeropuerto y todo lo que allí había acontecido. Pero el plan se les frustró unos días después.

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