España

El fantasma de la escisión planea sobre Podemos ante un fiasco electoral el 26-J

La brecha entre 'pablistas' y 'errejonistas' se agranda en pleno debate sobre la confluencia con IU en las urnas. Desplazado por el tándem Iglesias-Echenique, el 'número dos' de Podemos encarna un perfil más conciliador que el del secretario general, protagonista esta semana de una andanada contra la prensa. 

El líder de Podemos, Pablo Iglesias, y el secretario Político, Íñigo Errejón.
El líder de Podemos, Pablo Iglesias, y el secretario Político, Íñigo Errejón. EFE

El cese fulminante de Sergio Pascual, hombre de Íñigo Errejón, como secretario de Organización de Podemos abrió una brecha entre pablistas y errejonistas que lejos de supurar, no hace sino agrandarse en las últimas fechas. Tanto que el fantasma de una escisión planea sobre la formación morada con más vuelo que nunca. La idea está ahí, presente, según ha podido saber Vozpópuli, en conversaciones privadas de los cuadros del partido, que analiza el horizonte también en caso de descalabro en las urnas el próximo 26 de junio.

El liderazgo de Pablo Iglesias atravesó su peor momento justo antes del pasado verano (luego vino la famosa remontada de Podemos hasta la cita del 20-D), cuando las encuestas vaticinaban un fiasco ante las altas expectativas generadas (el objetivo era “asaltar los cielos” y llegar a La Moncloa). Ya entonces el nombre de Errejón, número dos de la organización y secretario político, sonó con fuerza como el idóneo para tomar las riendas del partido después de un eventual batacazo en las generales de diciembre. En una entrevista con la cadena venezolana Telesur, Iglesias reconoció hace un año que no visualizaba cuál sería su rol en un Parlamento con Podemos como fuerza de oposición. "Yo no sé si tendré un papel tan relevante en ese futuro" como hasta ahora, reveló.

Ahora, a las puertas de la repetición de las elecciones, el futuro de Iglesias se cruza con el empeño y la firmeza de Errejón, que apostó por un acercamiento al PSOE en las negociaciones de formación de gobierno, en su defensa de un modelo de partido distinto, más abierto a la sociedad, que el proyectado por el secretario general.

El futuro de Iglesias se cruza con la firmeza de Errejón en la defensa de un modelo de partido más abierto

El debate sobre la confluencia con IU a los próximos comicios, previstos para el 26-J, se libra en un plano esencial para definir el camino que quiere tomar Podemos. Hay dos posturas enfrentadas y cada una está empleando sus armas para imponerse sobre la otra. Por un lado, el secretario general y su guardia de corps (Irene Montero, Rafa Mayoral y Pablo Bustinduy) se inclinan por tender la mano a Izquierda Unida con la opción de ir juntos a los comicios. Iglesias, que fue asesor de IU en el pasado y que militó en el Partido Comunista (PCE) a partir de los 14 años, ya ha encargado a Pablo Echenique, nuevo secretario de Organización y líder de Podemos Aragón, buscar esa alianza con la formación del diputado Alberto Garzón.

Por el otro lado, Errejón y su entorno sitúan la cuestión de IU en un segundo plano y recalcan que cualquier entendimiento con la coalición debe estudiarse "territorio por territorio". Para ellos, el crecimiento de Podemos no pasa por sumar los votos de IU, sino por “multiplicar fuerzas desde las enseñanzas plurales de resistencia de estos largos años”.  Así lo expresaba este jueves Germán Cano, profesor de Filosofía de la UAH y miembro del Consejo Ciudadano estatal de Podemos, en un artículo titulado El órdago da la confluencia y publicado en el diario El País que tuvo amplísima difusión a nivel interno.

La reflexión de Cano, destacado errejonista,  fue coreada por otros adeptos del número dos de Podemos como el propio Pascual, Jorge Lago, consejero de Cultura y director del Instituto 25M para la Democracia (la fundación del partido que gestiona las ‘moradas’ o espacios de pensamiento), Jorge Moruno, responsable estatal de discurso y argumentario de Podemos, David Benavides, secretario político de Podemos Andalucía, o Rodrigo Amírola, coordinador de la secretaría Política que dirige Errejón.

Los errejonistas piden no 'jugar a la chica' con IU

En su análisis, Cano señala que “tras las experiencias con otras organizaciones sabemos también que el único significado interesante de la expresión ‘confluencia’ es el de apertura”. A su juicio, “confluir no puede volver a significar un reagrupamiento de filas o resistir en los cuarteles esperando ‘el momento’, pero tampoco ‘jugar a la chica’, aceptando sin rechistar los vacuos imperativos del consenso por el consenso”. Según Cano, “el acuerdo con IU debería así estar presidido por una generosidad que, sin dejar de mirar el horizonte, no maquille las legítimas divergencias políticas. Nos lo debemos también para honrar de dónde venimos”, apostilla. Además, este asesor afirma que “es necesario que todas las fuerzas críticas de cambio encuentren su sitio a rebufo de esta brecha”, en alusión al proyecto impulsado por los herederos del 15-M.

El propio Errejón aplaudió el artículo en su cuenta oficial de Twitter, afirmando que Cano “una vez más lo escribe certero: la clave es cómo ampliar el campo, cómo multiplicar para los que faltan”.

A esta pugna ideológica se une el hecho de que Errejón esté siendo desplazado por Iglesias, que ha confiado a Echenique el grueso del rumbo del partido. Además de encargarle la negociación con IU, le ha encomendado la resolución de los conflictos en las delegaciones territoriales, tarea de la que antes se ocupaba Pascual, persona de la máxima confianza del secretario político. En el cartel de la Fiesta de la Primavera que celebra Podemos este domingo ya ni aparece Errejón, mientras que sí lo hacen los rostros del tándem Iglesias-Echenique.

Tanto dentro de Podemos, pero sobre todo fuera, tanto en los dirigentes de otras formaciones políticas como en la opinión pública, Errejón encarna un perfil más conciliador que el de Iglesias y ello es una baza que guardan los errejonistas de cara al futuro. Por si había alguna duda, la andanada protagonizada esta semana por Iglesias contra los periodistas, a los que acusó de “estar obligados profesionalmente a hablar mal” de Podemos, ha retratado al líder morado. Y le ha cerrado alguna puerta.

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